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3 de febrero de 2026 | 05:15

Radiación, estrés y floración: por qué la bioestimulación se vuelve clave en la nueva temporada de berries

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Aneberries convoca webinar gratuito. La charla del Dr. Carlos Castillo abordará alternativas prácticas a fitohormonas para mejorar respuesta a estrés lumínico y rendimiento en campo.

La radiación solar es indispensable para la fotosíntesis y la acumulación de carbohidratos, pero en fruticultura el exceso de energía puede transformarse en estrés: aumenta la temperatura de hojas y frutos, empuja deshidratación, desórdenes de color y pérdida de condición, con impacto directo en calidad comercial. 

En arándano, manuales técnicos advierten que un exceso de radiación puede concentrar la cosecha al acortar el período de maduración y tensionar la fisiología del cultivo, sobre todo cuando el huerto además enfrenta estrés hídrico o térmico. 

En ese contexto, la bioestimulación aparece como una estrategia de manejo que busca “preparar” a la planta para rendir mejor bajo presión ambiental y, a la vez, sostener procesos críticos como inducción y expresión floral, cuaja y llenado. 

La literatura técnica y de extensión coincide en que los bioestimulantes no se definen por aportar nutrientes como un fertilizante, sino por estimular procesos naturales que mejoran la eficiencia en el uso de nutrientes, la tolerancia a estrés abiótico y atributos de calidad. 

Esa noción, ampliamente difundida en el sector, se ha instalado como marco para evaluar tecnologías que van desde extractos de algas y aminoácidos hasta sustancias húmicas y microorganismos benéficos.

Con esa mirada, Aneberries anunció un webinar gratuito titulado “Bioestimulación para radiación solar y floración en berries (alternativas al uso de fitohormonas)”, programado para el miércoles 4 de febrero, a las 3:00 PM de México, 6:00 PM Chile, 4:00 PM Perú,   en formato online y con cupos abiertos vía registro. Inscríbete aquí  

La convocatoria apunta a equipos técnicos y productores que buscan herramientas de campo para mejorar floración y respuesta al sol sin depender de reguladores de crecimiento, un tema que gana urgencia en temporadas donde se combinan alta radiación, olas de calor y ventanas productivas cada vez más ajustadas.

El expositor central será el Dr. Carlos Castillo, asesor internacional vinculado a la industria de berries en Latinoamérica. Destacado ingeniero agrónomo de la Universidad de San Carlos de Guatemala, con Ph.D. en nutrición vegetal y dos maestrías en fisiología y nutrición vegetal, trayectoria que lo ha llevado a asesorar plantaciones de arándanos, frambuesa y fresa, paltos-aguacate, además de trabajar en nutrición y manejo en distintos cultivos de exportación en países como México, Perú y Centroamérica. 

A esa experiencia se suma su participación frecuente como conferencista en instancias técnicas del rubro: ha sido presentado en programas de capacitación y congresos del sector como ponente internacional, con foco en temas como floración, bioestimulación, riego eficiente y fisiología aplicada.

 

La relevancia del tema no es solo académica

 

En berries, la floración define el “techo” productivo: número de estructuras fértiles, sincronía, carga potencial y, en consecuencia, la posibilidad de alcanzar calibres y firmezas que pide el mercado. Si a eso se suma radiación elevada, se incrementa el riesgo de estrés fotooxidativo y daño por sol, con pérdidas que se expresan en desuniformidad, fruta de menor valor o mayor descarte. 

De ahí que la discusión técnica esté migrando desde soluciones puntuales hacia estrategias integradas de mitigación, donde el manejo del microclima, el riego, la nutrición y el uso de herramientas bioestimulantes se coordinan para sostener rendimiento y condición.

En la práctica, el foco “alternativas al uso de fitohormonas” abre un debate interesante: mientras los reguladores de crecimiento han sido usados para inducir o modular respuestas, una parte creciente de la industria busca tecnologías que apunten a rutas metabólicas asociadas a energía, antioxidantes y balance hídrico, especialmente bajo estrés ambiental. 

La promesa de la bioestimulación, bien aplicada y validada, es precisamente esa: empujar a la planta a responder mejor sin forzarla con un único gatillante hormonal, sino fortaleciendo procesos fisiológicos que sostienen floración, cuaja y llenado en condiciones exigentes.

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