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11 de agosto de 2025 | 07:15

El olfato de los insectos: la ciencia chilena que está rediseñando el manejo de plagas

Imagen: INIA Quilamapu
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El investigador de INIA Quilamapu, Ricardo Ceballos, explica por qué “hablar el idioma químico de los insectos” puede cambiar la fruticultura: control dirigido, protección de polinizadores y menor dependencia de insecticidas.

Detectar moléculas en trazas y decidir con precisión. El sistema olfativo de los insectos —uno de los más finos de la naturaleza— guía búsqueda de alimento, reproducción y refugio. Comprender esa “conversación química” permite pasar de un control masivo a manejo específico, reduciendo residuos y protegiendo benéficos. 

Así lo plantea Ricardo Ceballos, investigador de INIA Quilamapu y uno de los impulsores en Chile de la Ecología Química de Insectos. Ceballos es doctor en Ciencias de Recursos Naturales y lidera el Laboratorio de Ecología Química de INIA Quilamapu, donde un equipo multidisciplinario trabaja hace más de una década en compuestos que atraen o repelen insectos plaga para cultivos agrícolas y forestales, con la mira puesta en productos de campo (trampas, emisores y formulaciones) y transferencia a productores. El centro, ubicado en Chillán (Región de Ñuble), concentra laboratorios especializados y el Centro Tecnológico de Control Biológico (CTCB), integrando control microbiano, insectos benéficos y semioquímicos.

Como impulsor de estas temáticas, dice que  “la ecología química tiene la posibilidad de crear métodos ambientalmente aceptados, inocuos y específicos para el manejo de plagas”, señala en línea con el trabajo que lidera su equipo en Chillán.

Es la disciplina que estudia cómo los organismos usan semioquímicos —feromonas, kairomonas y otros volátiles de plantas— para comunicarse e interactuar. Con ese conocimiento se diseñan estrategias de monitoreo y control: trampas con atrayentes, confusión sexual que desorienta machos, o mezclas volátiles que “dirigen” polinizadores hacia cultivos. 

INIA Quilamapu desarrolló un laboratorio dedicado a identificar y formular estos compuestos, con ensayos en huertos comerciales y foco en plagas difíciles (las que viven en tallos o raíces). 

Entre los blancos actuales del equipo figuran burrito de la vid (Naupactus xanthographus), chinche pardo de los frutales (Leptoglossus chilensis) y sierra del manzano (Callisphyris apicicornis), que ha afectado a arándanos por galerías en tallos y raíces. 

El objetivo es obtener feromonas y otros atrayentes/repelentes que permitan monitorear y reducir poblaciones con mínima interferencia en el agroecosistema.

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Imagen: INIA Quilamapu

Del laboratorio al huerto: casos concretos

 

Lobesia botrana (polilla del racimo). Chile aplica masivamente confusión sexual en áreas urbanas y rurales, cubriendo superficies por al menos 150 días por temporada y con metas regionales de instalación temprana. En Biobío, por ejemplo, el SAG ejecutó campañas con centenares de miles de emisores en zonas urbanas para cortar la reproducción y la dispersión. 

Nuevos semioquímicos. INIA reporta avances en identificación de feromonas y evaluación de atrayentes vegetales y aceites esenciales para etapas larvales, ampliando el arsenal del Manejo Integrado de Plagas (MIP) con herramientas altamente específicas y sin residuos. 

 

Qué cambia para la fruticultura

 

  • Eficacia dirigida: los semioquímicos actúan por especie objetivo, minimizando impactos en enemigos naturales y polinizadores.
  • Menos residuos: se reduce la dependencia de insecticidas de amplio espectro, alineando exportaciones con exigencias de mercados.
  • Adaptación climática: ante climas más cálidos y plagas con más generaciones, el monitoreo olfativo (trampas y observación) se vuelve crítico para ajustar decisiones de campo a tiempo.

 

Feromonas, kairomonas y monitore

 

Feromonas: señales entre individuos de la misma especie (p. ej., sexuales). Base de la confusión sexual y trampas específicas.

Kairomonas: señales emitidas por otra especie que benefician al receptor (p. ej., volátiles de plantas que ayudan al insecto a ubicar hospedantes). 

Con climas más cálidos, varias plagas aumentan su número de generaciones y adelantan vuelos. Por eso el monitoreo olfativo (trampas y observación) se vuelve crítico para ajustar decisiones de campo en tiempo real: cuándo instalar emisores, cuándo reforzar con controles biológicos y cómo proteger los polinizadores en floración. Las guías técnicas del SAG especifican densidades de trampas y diferencias entre áreas prediales y urbanas. 

Ceballos señala que hay que hacer un giro a  menos dependencia de insecticidas de amplio espectro, más herramientas específicas que modulan el comportamiento de insectos, y coordinación público–privada para escalar soluciones. “La ecología química nos permite diseñar una agricultura que conversa con la naturaleza, más sustentable y con menor impacto ambiental”.

 

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