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2 de septiembre de 2025 | 07:30Luis Fernández, gerente general de ANA: "Con la Ley I+D potenciamos la fruticultura chilena al desarrollar soluciones con la genética más avanzada"
El mayor proveedor de genética frutícola de Chile ha transformado un proceso de hasta 10 años por variedad en una operación más eficiente y de mayor alcance.
Por Pablo Albarracín, Corfo Conecta.-
En el corazón de la industria frutícola chilena, donde cada temporada se juega la competitividad internacional del país, existe una empresa que ha logrado transformar radicalmente su capacidad de innovación gracias a la Ley de Incentivo Tributario a la I+D. ANA Chile (Andes New Varieties Administration) es el mayor proveedor de genética de la fruticultura nacional -excluyendo berries, nueces y frutos secos- y su historia con esta ley ilustra perfectamente cómo este incentivo tributario potencia la investigación y desarrollo (I+D) empresarial.
La empresa se dedica a encontrar nuevas variedades genéticas que renueven la fruticultura. Para esto, ANA Chile cuenta con una estructura organizacional y técnica que incluye servicios especializados como la importación y cuarentena de material genético; la evaluación agronómica de variedades en centros distribuidos a lo largo de Chile, con apoyo de universidades y especialistas; y la protección de la propiedad intelectual de obtentores (personas, grupos o instituciones que crean, descubren y desarrollan una nueva variedad vegetal mediante procesos de mejoramiento genético o natural), a través de asesoría legal especializada.
La empresa representa programas genéticos de España, Sudáfrica y Chile, facilitando el desarrollo y la evaluación de estos materiales en diversos países de Sudamérica. Un trabajo lento, que puede tomar entre 7 y 10 años por cada variedad, pero que ha mejorado de manera significativa con los beneficios tributarios obtenidos con la Ley I+D.
Luis Fernández, su gerente general de © ANA Chile, conversa acerca de superspectiva sobre el impacto de esta política pública en la I+D empresarial.

Mayor intensidad para el negocio
¿Qué papel tiene la I+D dentro de la empresa?
ANA es una empresa dedicada a buscar genética, nuevas oportunidades, evaluarlas y ver qué impacto tienen en toda la cadena productiva de la fruticultura. Nos definimos como una empresa con orientación neta en I+D. No producimos nada de forma repetitiva. Lo ejemplifico con lo que hacen los pirquineros: ellos andan buscando por los cerros dónde puede haber una nueva veta, una nueva oportunidad. A veces la encuentran y muchas veces no. Después de mucho trabajo se llega a nada, pero hasta encontrar una buena veta, se premia todo ese esfuerzo que se hace por buscar oportunidades.
Lo nuestro es similar. Nos dedicamos a buscar por el mundo qué cosas tienen potencial para la industria frutícola chilena y ser un aporte para productores y exportadores chilenos. Identificamos oportunidades y generamos relaciones permanentes con una serie de instituciones que son las generadoras de las variedades en el mundo.
Cuando estas instituciones tienen algo importante, tratamos de ser los primeros a quienes golpeen la puerta. Nos preocupamos de traer aquella innovación varietal que tiene detrás muchísimos años de esfuerzo. Y luego estudiamos si ese genotipo se adapta a nuestras condiciones agroclimáticas, y si es así, ubicarlo donde mejor se adapte.
¿Cómo la Ley I+D los ayuda en el hallazgo de estos genotipos?
Primero ubicamos genotipos de valor en el extranjero, y cuando hay interés de nuevas variedades experimentales, generamos acuerdos con quienes son sus dueños. Posteriormente, pasados los períodos de cuarentena que van de uno a dos años, generamos plantas y las distribuimos por nuestros propios centros de evaluación, o recurrimos a gente que está en zonas que no tenemos cubiertas para poder ensayarlas.
Ese trabajo de investigación que tenemos que hacer para cada uno de estos genotipos es tremendamente costoso y demandante de tiempo. Por ejemplo, una variedad que identificamos en el extranjero y que pueda traducirse en algo comercial puede tardar varios años. Hay todo un estudio y seguimiento de esa variedad, porque a nadie le sirve ver cómo se comporta en un año. Por lo tanto, ese tremendo esfuerzo se ve facilitado enormemente a través del beneficio tributario que entrega la Ley I+D.
Pero la ley no solo nos ha permitido ahorrar, sino también aumentar nuestra cantidad de acciones, la magnitud de la tarea de la I+D; el beneficio no es que nos haya abaratado simplemente nuestro costo de gestión de investigación, sino expandirlo y hacerlo mejor, más profesional, con mayor intensidad. Por lo tanto, con la Ley I+D hemos elevado el estándar de la fruticultura y nos hemos atrevido a agregar valor de un nivel superior.
Visión práctica para I+D
¿Cómo se organizaron para certificar sus proyectos de investigación y desarrollo a través de la Ley I+D?
Inicialmente contratamos los servicios de una empresa española con la cual tuvimos un par de años muy buenos. Era costoso, pero creíamos que valía la pena. La suma y resta era positiva. Posteriormente, esos servicios fueron decayendo en calidad, incluso en algún momento bajamos la intensidad de lo que estábamos haciendo. Por eso nos decidimos a gestionar la certificación directamente. Así creamos un departamento en el cual participan profesionales que tienen variados roles, pero que sabemos que podrán hacer la gestión, de lo que nos aseguramos al momento de seleccionarlos para el cargo.
Asimismo, sumamos un ingeniero agrónomo y una ingeniera agrónoma que trabajaba con proyectos Corfo, entonces, entendía la dinámica y forma en que la Corporación establece su relación documental. Por lo tanto, hoy día tenemos un equipo realmente muy capacitado, de primer nivel para enfrentar estos desafíos en I+D, y para sacar adelante la relación con Corfo. Cuando uno desconoce la ley y no has vivido el proceso, te asustas, abruma por la cantidad de trabajo que implica, pero si la carga se va distribuyendo, la tarea se va haciendo menos pesada y empieza a fluir.
¿Cómo lograron alinear el área técnica con la administrativa-financiera para hacer uso de la Ley I+D?
Antes de usar esta ley ya teníamos proyectos con la Universidad de Chile, el INIA, Biofrutales, entre otros. Entonces, tenemos una cultura de realización de proyectos de I+D y al equipo administrativo no le es para nada ajeno. No es algo que cae del cielo como una carga. Siempre nuestra actividad ha estado muy relacionada con la I+D con un enfoque práctico, porque nosotros no hacemos investigación básica. Lo nuestro es práctico.
Si bien a veces usamos la investigación básica que hace una universidad, posteriormente hacemos un proyecto en conjunto, donde ellos, que son los verdaderos científicos, usan su información básica, y nosotros agregamos la visión práctica, que significa llevar ese conocimiento novedoso y aterrizarlo en un proyecto explotable, beneficioso para la industria.

Genética relevante
¿El beneficio ha tenido un impacto en la generación de nuevos productos, más ventas, nuevas exportaciones?
Todo lo que estamos haciendo busca identificar una mayor cantidad de genotipos que aporten. Así que obviamente, en los años que llevamos obteniendo este beneficio tributario, no son una, ni dos, ni tres las variedades que se han visto beneficiadas con estos proyectos. Son muchas las variedades, muchas las genéticas que han llegado a manos de productores y posteriormente como fruta a manos de exportadores, generándose un beneficio para toda la cadena de valor de la fruticultura.
Hay otra cosa muy importante: gracias a la Ley I+D traemos quizás la tecnología más relevante para la fruticultura, la genética. Tú puedes ser un tremendo productor y un extraordinario exportador, pero si no tienes el producto que el mercado demanda, tu producto ya parte con cojera. Esta era una de las principales críticas que se le hacía a la industria frutícola chilena cuando yo estaba en la universidad, estar totalmente desactualizada respecto a las variedades. Chile era productor de uva, manzana, pera, variedades que no se pagaban a un precio óptimo. Sin embargo, los países con los cuales competíamos -Nueva Zelandia, Australia, Sudáfrica- tenían acceso a las variedades que el mercado demandaba. Y obviamente les pagaban mejor precio por aquellas.
Entonces, con la Ley I+D potenciamos la fruticultura chilena al desarrollar soluciones con la genética más avanzada. Hay variedades que producen 10 y hay variedades que producen 14. Ese resultado no se ve en el mercado, porque lo van a vender al mismo precio. Pero para el productor que estaba produciendo 10, y que ahora empieza a producir 14, es un tremendo beneficio. La generación de valor ya no está en el mercado, sino que la generación de valor está a nivel del productor, del que produce la fruta. Es quien ve que esas nuevas variedades son más productivas o resistentes a enfermedades. Por lo tanto, tiene menos mermas y menos costos de producción porque aplica menos pesticidas, por ejemplo. Así hay una infinidad de formas en que estamos nosotros aportando a la industria.
¿Qué consejo o recomendación podrías darle a una empresa para que se atreva a dar el paso y usar la Ley I+D?
Primero, la ley hay que usarla en la medida que efectivamente se esté haciendo I+D. Si no están haciendo investigación y desarrollo, usar la ley e inventar algo para tratar de tener el beneficio tributario no tiene sentido. Pero el que ya realiza I+D debiera usar esta herramienta, crear un equipo especializado; desarrollar, gestionar y afinar un protocolo interno, de manera que todo se te haga más fácil. Inicialmente va a costar, pero una vez que ya está el equipo y este ha entendido la forma en que Corfo opera, el proceso se hace absolutamente digerible, trabajable y obviamente que ya el beneficio será algo concreto y funcional para la empresa.


