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21 de octubre de 2025 | 07:00Murcia-España: nuevas uvas de mesa y manejo digital para producir con menos agua y más calidad
A la renovación genética se añaden registros en melocotón y uva de vinificación y el legado de tres décadas de control biológico, un ecosistema que busca reducir insumos y estabilizar rendimientos.
En el arco mediterráneo, la Región de Murcia se ha propuesto reescribir la uva de mesa. El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA) y la Sociedad Murciana de Investigación y Tecnología de Uva de Mesa (ITUM) vienen impulsando un portafolio de nuevas variedades que responden a un mandato claro del mercado: fruta que soporte veranos más extremos, mantenga firmeza y sabor en destino y, a la vez, permita producir con menos agua y menos insumos.
El programa ya ha entregado más de veinte selecciones que se cultivan en la región y en otros países, con énfasis en uvas sin semilla, piel resistente y alta crocancia, atributos que marcan la diferencia en cámaras, tránsito y góndola.
El director del IMIDA, Andrés Martínez Bastida, resume el enfoque como una transferencia directa de ciencia al surco: poner en manos del productor avances que mejoren el rendimiento y la calidad sin disparar los costos. La institución ha registrado además veintitrés variedades de melocotón y ha iniciado el registro de nuevas uvas de vinificación —sumadas a otras seis recientemente inscriptas—, pero es en la mesa donde la alianza con ITUM acelera de manera visible la adopción en campo, la multiplicación bajo licencia y la llegada a los mercados.
En esa lógica, cada nueva variedad viene acompañada de pautas de manejo para sostener calibre, color y firmeza bajo estrés térmico y déficits hídricos.
La innovación no se agota en la genética. IMIDA está desplegando un andamiaje de agricultura de precisión que acerca el cultivo al teléfono del productor.
Sensores de humedad y estaciones conectadas permiten seguir en tiempo real el estado hídrico del suelo y de la planta; plataformas digitales advierten sobre excesos de humedad o ventanas de riesgo para plagas; y modelos basados en inteligencia artificial procesan series de datos para anticipar enfermedades y ajustar la dosis de riego y de nutrientes. El resultado es una toma de decisiones más fina, con impacto directo en rendimiento, condición y huella ambiental.
Este 2025, además, el instituto pone en valor un ADN que lo distingue: hace tres décadas inició, desde los invernaderos de pimiento del sureste español, una revolución silenciosa en control biológico. Aquella transición —que redujo entre 80 y 90% los tratamientos químicos y elevó la rentabilidad— consolidó un modo de trabajar: explorar enemigos naturales locales, entender la ecología de cada cultivo y diseñar estrategias de manejo integradas.
Ese mismo rigor se traslada hoy a la uva de mesa, donde el desafío no es solo producir más, sino hacerlo con prácticas verificables frente a compradores que piden fruta consistente y cadenas más limpias.
Para el productor y el exportador, la promesa es concreta. Las nuevas uvas IMIDA–ITUM buscan estirar la ventana comercial con bayas firmes y sabor estable, minimizar pérdidas por rajado o “shattering” y mejorar la vida de poscosecha sin cargar la balanza de insumos. Al combinar genética adaptada al calor con riego de precisión y alertas tempranas, se abre una oportunidad de anclar programas comerciales con menos sobresaltos, incluso en campañas más cálidas.
En un escenario de costos ajustados y mercados que penalizan cualquier desvío de calidad, el diferencial ya no es una moda tecnológica: es la condición para competir.


