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8 de enero de 2026 | 06:30Productores prueban conservación biológica en frutilla: levaduras nativas extienden vida útil y abren opción exportadora
Ensayos en San Pedro de Melipilla muestran que la frutilla tratada se mantuvo más firme, con menos hongos y retardo de maduración; productores reportan hasta tres días extra de vida útil, en un fruto no climatérico donde la ventana comercial es corta.
En un cultivo donde la rentabilidad suele perderse en horas, la frutilla chilena sumó una señal alentadora desde la Región Metropolitana. Productores de San Pedro de Melipilla participaron en la validación en campo de un sistema de conservación biológica que apunta a extender la vida útil del fruto —un berry no climatérico altamente sensible a la postcosecha— mediante el uso de levaduras nativas mejoradas capaces de producir y liberar un gasotransmisor natural que influye en la maduración.
El proyecto, desarrollado por INIA La Cruz junto a la Universidad de Santiago (USACH), la Universidad de Talca y la empresa AgroQ-Tral, cerró su primera etapa con resultados que apuntan directo al dolor de la cadena: la fruta tratada “se mantuvo más firme por más días”, presentó un “retraso en la aparición de hongos”, conservó color y características organolépticas y evidenció un retardo en la maduración y senescencia tanto en planta como en postcosecha.
Desde el mundo productor, el dato que más pesa es simple y concreto. Clara Núñez, vinculada a la asociación local Agrofrutillas San Pedro, señaló que lograron “extender la vida útil de la frutilla en tres días, manteniendo firmeza y sin hongos”, un margen que —según planteó— no solo mejora la comercialización en fresco, sino que incluso “abre posibilidades para pensar en exportación a futuro”.
La tecnología se probó en dos momentos clave: en precosecha, con aplicación de levaduras mejoradas sobre frutos en desarrollo, y en postcosecha, manteniendo fruta recién cosechada en contacto con levaduras encapsuladas.
La encapsulación es parte del “cómo” industrial: el equipo describe las cápsulas como microdifusores que mantienen viva la levadura y permiten una liberación controlada del compuesto dentro del almacenamiento.
En términos científicos, la base del sistema es una levadura chilena mejorada genéticamente (no transgénica). Desde la USACH, el académico Claudio Martínez explicó que partieron con una colección de levaduras aisladas en distintos lugares del país y, mediante mejoramiento, aumentaron “en casi 90%” la capacidad de producir el compuesto de interés.
Diario Frutícola en diversas notas ha reportado además que se ha trabajado con levaduras nativas de Saccharomyces cerevisiae y que, en comunicaciones previas del equipo, se ha mencionado como gasotransmisor en evaluación el ácido sulfhídrico (H₂S), aunque la validación final de composición y dosis forma parte de la etapa de laboratorio.
El siguiente paso del proyecto es transformar el ensayo en una solución “instalable” en la industria: un prototipo tipo “Absorb Pad” que pueda ir dentro de clamshell o envases de comercialización, con foco en estabilidad, tasas de liberación y compatibilidad con cadenas productivas reales.





