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27 de febrero de 2026 | 07:00Alpina 10: productividad de la frutilla chilena y el modelo internacional de viveros colgantes
La variedad alcanza 70 toneladas por hectárea en promedio en Chile . El salto no se explica solo por genética: detrás hay un sistema de multiplicación en altura, automatización de riego y clima.
La introducción de Alpina 10 en Chile está redefiniendo la conversación productiva en frutilla. En un rubro históricamente asociado a la industria y al congelado de exportación, la nueva variedad irrumpe con un dato que reordena el tablero: rendimientos promedio de 70 mil kilos por hectárea, por encima de los 50 mil kilos por hectárea que se citan como referencia en fichas técnicas de plantaciones tipo mulch/templadas para variedades como Monterrey y Albión. Este diferencial no solo eleva expectativas, también presiona a la cadena completa a actualizar estándares, desde la planta hasta el manejo agronómico.
El cambio de paradigma se sostiene en un sistema que combina material genético, metodología de viverización y control sanitario. Agromillora Sur desarrolló una estrategia de multiplicación y tratamiento en viveros colgantes, que mantiene gran parte del material fuera del suelo, trabajando con sustratos, riego controlado y un enfoque de alta sanidad. El proyecto se ancla en un esfuerzo internacional que reúne al CREA de Italia, la Universidad Santa Catarina de Brasil y el vivero chileno, en una lógica de cooperación aplicada que apunta a productividad, calidad y sanidad como un paquete inseparable.
Desde la investigación, el académico Leo Rufato, de la Universidad do Estado de Santa Catarina, plantea la trayectoria del proyecto: 12 años de trabajo, un convenio con el CREA, y la evaluación de más de 60 variedades en Brasil para identificar materiales adaptables a climas con menos horas de frío. Con esa base, hace unos cuatro años el foco se desplazó hacia cómo mejorar la multiplicación en viveros. Tras observar en una feria brasileña las ventajas del vivero colgante, se probaron variedades en Chile en conjunto con la universidad, hasta optar por Alpina 10 como la mejor adaptada a las condiciones climáticas locales.
El sistema vertical, diseñado en Brasil e inspirado en un modelo usado en Italia denominado Mini Drive Plant, produce estolones en un entorno de alta sanidad. La lógica es técnica, pero el impacto es económico: plantas listas para producir inmediatamente, menor estrés, y una entrada en producción a los 60 días. A eso se suma un riego en sustrato con nutrición balanceada que incluye aportes de potasio, fósforo y boro, buscando sostener altos volúmenes sin castigar la calidad.
En Agromillora Sur, el gerente de Producción, Leonel Gutiérrez, explica el objetivo de fondo: diferenciarse con un modelo que garantice sanidad, calidad y eficiencia. El corazón del sistema es un plantel madre colgante en invernadero, desarrollado con canaletas y riego por goteo autocompensado. Los estolones quedan suspendidos en un esquema similar a agricultura vertical, con macetas rectangulares y piquetas dirigidas a cada planta madre, lo que mejora uniformidad y drenaje. Este diseño se potencia con automatización de clima y riego mediante sensores y unidades de control, orientado a una gestión más precisa y decisiones respaldadas por datos.
En productividad, Rufato precisa el potencial de la variedad en distintos sistemas: en suelo, dos kilos por planta; en hidropónico, como se usa en Brasil y parte de Italia, alrededor de 1,2 kilos por planta. En Chile, sostiene que la adaptación ha sido especialmente positiva, alcanzando unos 2,2 kilos por planta, con condiciones de manejo que favorecen el resultado, como baja lluvia y buen abonado. La planta puede producir todo el año si la temperatura acompaña, aunque su productividad cae con extremos, sobre 32°C y bajo 10°C.
La variable comercial también empieza a delinearse. Bernardo Saavedra, Encargado Zonal Centro en Agromillora Sur, indica que desde diciembre de 2025 comenzaron las entregas a clientes, con plantas disponibles para abastecer distintos mercados. En una primera etapa, el foco está en congelado para exportación, por lo que el consumidor chileno aún no la ve en fresco. La expectativa es que la próxima temporada llegue al mercado local, destacando por dulzor entre 10 y 12 grados Brix, buen color y un tamaño atractivo. En el cierre, Rufato subraya el valor de la confianza y la inversión detrás del proyecto, describiéndolo como un trabajo público-privado cuyos resultados figuran entre los más importantes logrados por su equipo universitario.
Pelluhue como laboratorio productivo: Alpina 10 acelera la reconversión de la frutilla destinada al congelado de exportación
En la comuna de Pelluhue, Región del Maule, la frutilla no es solo un cultivo: es una base económica sostenida por organizaciones que agrupan a productores y ordenan la producción año tras año. En la Cooperativa Campesina Tres Piedras, integrada por seis socios y 40 productores, gran parte de la superficie se destina históricamente a este fruto, con un destino mayoritario en congelado hacia distintos mercados internacionales. Sin embargo, esa continuidad estuvo amenazada cuando el nemátodo golpeó a buena parte del país, tensionando la viabilidad productiva. Hoy, el escenario se mueve y la cooperativa percibe una nueva ventana.
La señal llega con la variedad Alpina 10, en un contexto donde la frutilla chilena vive una reconfiguración. El país mantiene una industria orientada principalmente al procesamiento y exportación de congelados, pero la aparición de nuevas variedades con saltos en rendimiento y adaptabilidad está empezando a cambiar la ecuación productiva. Para la cooperativa, el mensaje fue lo suficientemente claro como para actuar: iniciaron con 275 mil plantas de Alpina 10, incorporando la tecnología como decisión estratégica, no como ensayo marginal.

La gerente de la cooperativa, Nurys Muena, lo resume en un contraste directo de terreno, con lógica de productor. En su huerto instaló mil plantas de Alpina 10 y, en paralelo, cinco mil de Monterrey. El resultado, según relata, fue que con Alpina 10 obtuvo 40 bandejas, mientras que con Monterrey, con cinco veces más plantas, alcanzó 30 bandejas. La conclusión fue inmediata: si con menos plantas se cosecha más, la decisión no requiere demasiadas vueltas. En un rubro donde cada temporada se juega en el margen, esta comparación opera como un argumento de reconversión.
Los datos de referencia ayudan a dimensionar el cambio. Se menciona que fichas técnicas para plantaciones tipo mulch/templadas de Monterrey y Albión reportan rendimientos aproximados de 50 mil kilos por hectárea, con variaciones según tecnología y manejo comercial. Frente a eso, Alpina 10 aparece con promedios de 70 mil kilos por hectárea, un número que incluso sorprende a los más escépticos. Para una cooperativa orientada al congelado, el impacto de ese diferencial no es abstracto: significa más volumen por unidad de superficie y una potencial mejora en la rentabilidad de la cadena.
La apuesta no se limita al rendimiento. Muena destaca atributos de calidad que suelen ser determinantes para sostener productividad sin castigar el producto: ausencia de fruta deformada, dulzor, buen tamaño y la importancia de seguir las recomendaciones de quienes producen la planta. Desde su experiencia, la variedad puede rendir el doble o incluso el triple que otras, permitiendo recuperar la inversión durante el primer año. En manejo, sostiene que el riego no cambia respecto a variedades anteriores, pero sí la distancia de plantación, estableciendo plantas a 40 centímetros entre sí, un ajuste técnico que acompaña el nuevo potencial productivo.
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La narrativa se completa con la base tecnológica del material vegetal. El sistema colgante, con alta sanidad y control, funciona como soporte para que el rendimiento sea consistente y escalable. El modelo incluye plantel madre colgante en invernadero, estolones suspendidos, goteo autocompensado, drenaje mejorado y automatización de clima y riego mediante sensores, configurando un cultivo donde la toma de decisiones se apoya en datos reales. Para productores que vienen de años de dificultades sanitarias, esa promesa de control y uniformidad pesa tanto como el rendimiento.
En Pelluhue, la experiencia opera como un caso que trasciende a la cooperativa. En una industria que busca revalorizarse y sostener su rol exportador en congelados, la combinación entre una variedad altamente productiva y un sistema moderno de multiplicación en viveros plantea una salida concreta: elevar productividad, fortalecer sanidad, y reconstruir confianza productiva tras el golpe de los nemátodos. En esa convergencia, Alpina 10 deja de ser solo una frutilla “nueva” y se perfila como un símbolo de reconversión para la frutilla chilena orientada al mundo.



