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11 de febrero de 2026 | 07:00

Control más inteligente del cáncer bacterial: proponen un giro en detección, monitoreo y manejo

Imagen : INIA
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Los resultados apuntan a mejorar sistemas de alerta temprana y apoyar la selección de material más tolerante, en un escenario donde el patógeno se adapta y obliga a estrategias más diversas en los huertos.

El cáncer bacterial del cerezo no solo es persistente: también está cambiando. Esa es una de las lecturas más relevantes que deja el nuevo estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias en la revista Plants, al evidenciar que ciertas poblaciones del patógeno asociado a la enfermedad han desarrollado una mayor resistencia a productos basados en cobre, una de las herramientas más usadas históricamente en frutales para reducir presión de enfermedades.

El resultado tiene implicancias inmediatas para el manejo. Cuando una estrategia se apoya con fuerza en un mismo tipo de herramienta, el sistema se vuelve más vulnerable: el control se hace menos eficiente, aumentan las aplicaciones, suben los costos y se tensiona la sostenibilidad del programa fitosanitario. 

El estudio analizó muestras de la bacteria Pseudomonas syringae pv syringae (Pss), causante de la enfermedad, proveniente de huertos de las principales zonas productoras del país y permitió demostrar que este patógeno no es solo una introducción externa, sino que ha ido adaptándose a las condiciones agroclimáticas y de manejo propias de la fruticultura chilena. Esta capacidad de adaptación ayuda a explicar por qué la enfermedad sigue siendo compleja de controlar en los huertos.

“Publicar este trabajo en una revista científica de alto nivel es muy relevante, pero lo más importante es que nos permite entender mejor cómo son las poblaciones de la bacteria en Chile y avanzar hacia estrategias de manejo más efectivas y acordes a nuestra realidad productiva”, señala el Dr. Boris Sagredo, investigador de INIA Rayentué y autor principal del artículo.

El estudio refuerza una idea que el sector ya viene discutiendo, pero que ahora suma respaldo científico desde la evidencia local: el camino debe ser el fortalecimiento del manejo integrado, combinando prácticas culturales, estrategias de monitoreo y un uso más racional de los productos disponibles, evitando depender de una sola “columna vertebral” para enfrentar la enfermedad.

En la práctica, esto significa pasar de “aplicar por calendario” a “aplicar por información”, con programas que se apoyen en detección y seguimiento oportuno, lectura de condiciones predisponentes, medidas preventivas en el huerto y decisiones técnicas ajustadas al contexto productivo. La investigación apunta justamente a habilitar ese cambio de enfoque: mejorar los sistemas de detección y monitoreo del cáncer bacterial, apoyar la selección de material vegetal con mayor tolerancia y optimizar estrategias de control en terreno.

El mensaje de fondo para productores y asesores es que la persistencia del cáncer bacterial en Chile no se explica solo por la agresividad del patógeno, sino por su capacidad de adaptación a las condiciones locales de clima y manejo. 

Si el patógeno se ajusta, la estrategia también debe ajustarse, integrando herramientas y haciendo más eficiente la toma de decisiones. En un cultivo donde la sanidad es parte esencial de la rentabilidad, el aporte de este trabajo es abrir una ruta concreta para construir huertos más resilientes y un manejo más sostenible en el tiempo.

 

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