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18 de febrero de 2026 | 06:45

Las virosis están cambiando la horticultura: pérdidas invisibles y nuevas estrategias de control

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Silenciosas, persistentes y difíciles de controlar, las virosis se han convertido en uno de los mayores desafíos de la horticultura moderna. Su impacto económico crece año a año, afectando no solo a productores, sino también a la industria productora de semillas.

La combinación entre condiciones climáticas favorables, intensificación productiva y la movilidad de semillas entre países ha creado el escenario perfecto para la expansión de virus que antes era raro encontrar y hoy pueden comprometer temporadas completas.

 

Los virus vegetales son agentes infecciosos que afectan prácticamente todos los cultivos agrícolas de importancia económica. Y que, a diferencia de hongos o bacterias, no existen tratamientos químicos que permitan eliminarlos o controlarlos. Actualmente, se han identificado aproximadamente 2.000 especies de virus que infectan plantas a nivel mundial.

En los últimos años, el aumento de las temperaturas y la reducción de las lluvias no solo alteran a las plantas, sino que también aumentan la dinámica de los insectos vectores. Pulgones, trips y mosquitas blancas encuentran mejores condiciones para multiplicarse y permanecer activos durante más tiempo en la temporada. “Esto amplía las ventanas de infección y eleva el riesgo de diseminación viral, especialmente en zonas donde los inviernos ya no logran cortar los ciclos biológicos”. En regiones productoras del centro y norte de Chile, los registros muestran incrementos de hasta un 40% en la incidencia de virosis durante los últimos años”.

En los cultivos de pimentón y tomate, el virus del bronceado del tomate (Tomato spotted wilt virus,TSWV) sigue siendo una de las enfermedades más complejas de manejar en Chile. Cuando la infección ocurre en etapas tempranas, las pérdidas pueden llegar hasta un 80 % del rendimiento, dejando plantas con necrosis, hojas deformadas y frutos sin valor comercial (Figura 1).

Figura 1. Tomates con síntomas causados por el virus del bronceado del tomate.

Los estudios del INIA confirman que el virus se transmite principalmente a través de trips, pequeños insectos difíciles de controlar, lo que obliga a aplicar estrategias de Manejo Integrado de Plagas (MIP) que combinen el uso de mallas para exclusión del cultivo, control de malezas hospedantes y monitoreo constante. (Ficha Técnica INIA N° 281, 2023)

El problema no se limita sólo a las solanáceas. En lechuga y otras hortalizas de hoja, el virus necrótico del Impatiens (Impatiens necrotic spot virus, INSV) y el mismo TSWV pueden provocar pérdidas importantes de calidad, especialmente cuando las infecciones se presentan en etapas juveniles. En estudios realizados por INIA en la Región de Coquimbo, se determinó en una plantación de lechuga Milanesa variedad Victoriosa, pérdidas cercanas al 20%. 

Figura 2. Síntomas de necrosis en dos tipos comerciales de Lechuga, causados por el virus necrótico del Impatiens.

Los síntomas más comunes son clorosis, manchas necróticas y deformaciones en el follaje (Figura 2) que deterioran la apariencia del producto y reducen su vida comercial. (Ficha Técnica INIA N° 25, 2023), señalan los investigadores del INIA, la Dra. Mónica Madariaga y Adolfo Donoso.

Estas enfermedades no solo disminuyen el rendimiento, sino que reducen el número de plantas con calidad comercializable, obligando a eliminar cultivos completos. Los costos aumentan rápidamente: más aplicaciones para controlar insectos vectores, más tiempo de monitoreo y mayores pérdidas de superficie productiva. En un escenario de márgenes cada vez más estrechos y alta variabilidad climática, la prevención y el manejo integrado marcan la diferencia entre una temporada rentable y una pérdida económica considerable, agregan.

 

Ajo, una hortaliza con potencial pero relegada

 

El ajo es otro ejemplo del impacto silencioso de los virus. A diferencia de otros cultivos, se propaga de manera vegetativa: cada temporada se guardan bulbos para volver a sembrar. Esto ha favorecido la acumulación de virus en el material de propagación, afectando tanto el calibre como la productividad. En Chile existe una gran diversidad de ecotipos locales de ajo, distintos del tipo “blanco chino”, muchos de ellos con alta demanda internacional, pero con alta carga viral.

Entre los virus más comunes que afectan este cultivo están el Onion yellow dwarf virus (OYDV), Leek yellow stripe virus (LYSV), Garlic virus A (GarV-A) y el Garlic mite-borne filamentous virus (GaMbFV). Su efecto es notorio: reducen el calibre del bulbo entre un 28 % y un 60 %, propagándose fácilmente desde bulbos infectados a sanos mediante insectos vectores. (Madariaga et al., 2023) 

Para revertir este escenario, el INIA O’Higgins desarrolló el proyecto FIC “Valorización y diversificación del cultivo del ajo”, orientado a producir bulbos libres de virus como base para multiplicación comercial. Los resultados de campo fueron contundentes: los rendimientos de las categorías Flor y Extra-Flor pasaron de 2,67 ton/ha a más de 10 ton/ha, lo que representó un incremento económico superior a $ 11 millones por hectárea (Cuadro 1). Estos resultados confirman que el saneamiento viral tiene un impacto directo en la rentabilidad y en la calidad de exportación del ajo chileno, dando una nueva oportunidad a un cultivo con identidad y potencial propio.

 

Categoría de ajoFlor1a2a3aBeneficio total
tn ha-1M$tn ha-1M$tn ha-1M$tn ha-1M$M$
Sin tratamiento (ajo corriente)
Chino2,674.4649,1514.3562,553.6920,5155223.065
Rosado2,677.9339,1523.8362,555.8620,5197338.603
Chilote2,679.3459,1532.0252,556.3750,511.27549.020
Con tratamiento (ajo libre de virus) 
Chino10,0516.8046,039.4611,341.9351,341.44629.646
Rosado9,8329.1905,89515.3561,313.0041,312.49250.043
Chilote9,8334.3885,89520.6331,314.5741,314.57464.167

Cuadro 1. Impactos económico del uso de semilla de ajo libre de virus

 

Manejos agronómicos preventivos

 

Una vez se ha establecido un cultivo sano, existen manejos agronómicos para prevenir que se infecte desde predios vecinos infectados. Estudios en INIA La Platina midieron diferentes manejos agrónomicos en poroto para determinar cuáles ofrecían el mejor desempeño económico y sanitario frente a las virosis más comunes: el mosaico común, el mosaico amarillo, el mosaico de la alfalfa y el mosaico del pepino. Estas enfermedades pueden reducir los rendimientos entre un 25 % y un 50 %, dependiendo de la variedad y de la presión de vectores.

Los ensayos demostraron que dos manejos simples y de bajo costo pueden marcar una diferencia sustancial: la aplicación de aceite mineral y el uso de mantos térmicos como barreras físicas. Ambos tratamientos reducen la diseminación de virus transmitidos por pulgones, al interferir con su capacidad de alimentación y movimiento dentro del cultivo (Informativo INIA La Platina Nº54, 2024).

Esta mitigación no es menor, considerando que las semillas de las variedades tradicionales chilenas presentan infecciones por el virus del mosaico común en entre 30 % y 55 % de los casos. Esto significa que muchas plantas nacen ya infectadas, convirtiéndose en una fuente de inóculo permanente entre temporadas.

Los resultados fueron claros: la aplicación de aceite mineral al 2 % entre post-emergencia y floración aumentó el rendimiento en un 65 % respecto al control, mientras que el uso de manto térmico desde la siembra hasta la floración elevó los rendimientos en un 116 % (Informativo INIA La Platina Nº55, 2024). En términos económicos, el tratamiento con aceite mineral multiplicó por ocho la rentabilidad, pasando de apenas $48.667 a $1.202.107 por hectárea, con un retorno de la inversión de 8,3 veces. En ambos casos, los costos fueron mínimos frente al incremento de producción, demostrando que la prevención puede mejorar la rentabilidad (Cuadro 2).

Cuadro 2. Impacto económico de la prevención de virosis en poroto

 

Frente a este escenario, la prevención vuelve a posicionarse como la estrategia más efectiva. El control del material vegetal, el monitoreo temprano de síntomas y la selección de variedades tolerantes son medidas que pueden reducir de forma significativa la presión viral dentro del predio.

En los cultivos intensivos de alto valor —y especialmente en la producción de semillas hortícolas— estas acciones deben complementarse con mallas antiáfidos, barreras vegetales y un manejo cuidadoso del entorno de los invernaderos. Estas prácticas, ya probadas en distintos programas del INIA, han demostrado resultados concretos en la reducción de infecciones y en la estabilidad productiva de las hortalizas más sensibles a las virosis.

 

Una agricultura que aprende a convivir con los virus

 

Así como las plantas se adaptan al estrés hídrico o térmico, la horticultura debe aprender a convivir con un nuevo tipo de estrés: el viral. El desafío está en equilibrar productividad y sanidad, utilizando información, manejo integrado y genética mejorada. La clave será anticiparse, más que reaccionar, y diseñar sistemas productivos resilientes capaces de sostener la rentabilidad incluso en escenarios de alta presión viral.

Porque en el futuro, las virosis no desaparecerán. Pero sí pueden volverse manejables, si la tecnología, la biología y la experiencia en campo se articulan en una estrategia común: producir más y mejor, con menos vulnerabilidad frente a lo invisible. La inversión en sanidad vegetal no solo mejora la productividad, sino que también fortalece la competitividad del sector agrícola nacional frente a mercados internacionales cada vez más exigentes.

 

 

 

 

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