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16 de marzo de 2026 | 05:40Tecnología que destruye hasta el 99% de las semillas de malezas en cosecha gana espacio
Según explicó Juan Martín Giustetti, director de Redekop, el objetivo no es reemplazar a los herbicidas, sino complementar su acción con una herramienta mecánica que permita reducir la presión de malezas cada campaña.
La resistencia de las malezas a los herbicidas sigue sumando presión sobre los sistemas productivos y abrió espacio a nuevas soluciones de control. En ese escenario, la firma Redekop presentó en Expoagro un sistema de destrucción mecánica de semillas de malezas que se instala en la cosechadora y que, de acuerdo con la compañía, permite eliminar hasta el 99% de las semillas presentes en la granza, evitando que regresen al lote y sigan alimentando el banco de semillas en el suelo.
La propuesta tecnológica apunta a intervenir en uno de los momentos más sensibles del ciclo de dispersión de malezas. El equipo trabaja sobre el material fino que sale de las zarandas, precisamente donde se concentra una alta proporción de semillas.
Según explicó Juan Martín Giustetti, director de Redekop, el objetivo no es reemplazar a los herbicidas, sino complementar su acción con una herramienta mecánica que permita reducir la presión de malezas cada campaña.
La necesidad de sumar alternativas no es menor. En situaciones de escapes severos, un lote puede registrar hasta 70 millones de semillas de yuyo colorado por hectárea, una de las malezas más problemáticas para la agricultura argentina por su resistencia a distintos principios activos. Cuando ese banco crece, el control exclusivamente químico se vuelve cada vez más costoso y complejo.
En términos económicos, la empresa asegura que el uso del sistema durante la cosecha puede recortar hasta 20% la cantidad de agroquímicos aplicados en el campo. Giustetti señaló que, ante escapes importantes, un productor puede llegar a desembolsar alrededor de US$200 por hectárea en herbicidas, y afirmó que con esta tecnología ya se observaron casos de manejo integrado en los que incluso se eliminaron tratamientos preemergentes, con ahorros cercanos a US$50 por hectárea.
El desarrollo tiene origen en Australia, un mercado donde esta estrategia está ampliamente difundida. Según la información reportada, siete de cada diez cosechadoras salen allí de fábrica con sistemas de este tipo incorporados. Redekop comenzó las pruebas en la Argentina en 2022 y evaluó el desempeño del equipo sobre yuyo colorado y raigrás, con resultados que, siempre según la firma, fueron similares a los obtenidos en otros países.
La expansión regional ya empezó a tomar forma. En la Argentina hay más de 15 equipos trabajando, mientras que en Chile la empresa opera junto con Bayer para enfrentar el problema del raigrás. En Brasil, en tanto, el desarrollo comercial avanza con grupos agrícolas de gran escala como Amaggi, Bon Futuro y SLC, que buscaron alternativas frente a escenarios de resistencia a glifosato y otros herbicidas. La compañía indicó además que en ese país se realizaron evaluaciones con laboratorios brasileños y con Embrapa, con resultados alineados con los reportados por Redekop.
Además del impacto sobre el control de malezas, la firma sostiene que en varios casos la herramienta también ayudó a recuperar hasta 20% del rendimiento del cultivo. Para profundizar la validación agronómica, trabaja junto con especialistas como Luis Lanfranconi, Lucas Remondino y Julián Oliva en un campo experimental con monitoreo a cinco años, enfocado en medir el efecto del sistema sobre el banco de semillas y la performance productiva.
El equipo tiene un valor de referencia de US$85.000, aunque en Expoagro se ofrecía a US$80.000, y está diseñado para adaptarse a cosechadoras de clase 7 en adelante. A nivel internacional, Redekop ya logró integración con fabricantes, de modo que en mercados como Estados Unidos, Australia y Europa estos sistemas pueden incorporarse desde fábrica en máquinas de distintas marcas.
La irrupción de esta tecnología confirma una tendencia cada vez más visible en el agro: el control de malezas ya no pasa por una sola herramienta, sino por la combinación de soluciones químicas, mecánicas y agronómicas.
En un contexto de resistencias crecientes y mayores exigencias sobre eficiencia de costos, todo avance que ayude a bajar el banco de semillas y a sostener el rendimiento empieza a ganar atención en la toma de decisiones productivas.


