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13 de febrero de 2026 | 06:45

¿Qué es el Año Nuevo Chino y por qué es clave para la cereza? Tradición, simbolismo y fortuna

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A días del Año Nuevo Chino según el calendario lunisolar se activan semanas de tradiciones familiares y buenos augurios, donde la cereza, fruta asociada a la suerte y a la buenaventura, es uno de los regalos premium.

El Año Nuevo Chino, también conocido como Festival de Primavera, es la celebración más importante del calendario tradicional chino y marca el inicio de un nuevo año según un sistema lunisolar. No tiene una fecha fija en el calendario gregoriano: comienza con la luna nueva que cae entre el 21 de enero y el 20 de febrero, y sus festejos se extienden hasta el Festival de los Faroles, en el día 15 del primer mes lunar.

En 2026, por ejemplo, el Año Nuevo Chino comienza el 17 de febrero y concluye el 3 de marzo 2026. Más allá de la fecha específica de cada temporada, lo central es que se trata de un período profundamente familiar y simbólico: la víspera se vive con la “cena de reunión”, cuando distintas generaciones se juntan para compartir alimentos asociados a prosperidad, salud y larga vida.

En los días siguientes, se repiten rituales de buenos augurios como decorar con color rojo, visitar a la familia, honrar a los ancestros y entregar sobres rojos con dinero (hongbao) como gesto de bendición, especialmente a niños y jóvenes.

 

También es un tiempo de renovación

 

Muchas familias realizan limpieza del hogar antes del inicio del festival para “dejar atrás” lo viejo y dar paso a la buena fortuna, y se evitan ciertas acciones consideradas de mal presagio durante los primeros días. En paralelo, los fuegos artificiales y las danzas tradicionales, como la danza del león, forman parte del imaginario del período, con la idea de espantar la mala suerte y atraer prosperidad.

En ese escenario cultural, la cereza se convirtió en una fruta protagonista, especialmente en el mercado chino. Su rol está muy ligado a su valor simbólico: el color rojo se asocia a suerte, alegría y prosperidad, y por eso las cerezas se posicionan como un regalo premium durante estas semanas, cuando aumenta el intercambio de obsequios y la búsqueda de productos “de buen augurio”.

Esta combinación de simbolismo, estacionalidad y consumo festivo explica por qué, para la industria frutícola —y en particular para países exportadores del hemisferio sur— el Año Nuevo Chino es un hito comercial ya que concentra demanda, eleva la intención de compra y pone el foco en presentación, condición y calidad, porque gran parte del consumo ocurre en formato regalo.

Así, el Año Nuevo Chino no solo abre un nuevo ciclo cultural; también define una ventana estratégica donde la cereza, por su imagen y su estatus, pasa de ser una fruta de consumo a un símbolo de celebración.

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