Agronegocios
24 de agosto de 2025 | 10:13

Bolivia refuerza controles por alerta de cadmio en palta peruana y descarta hasta ahora su existencia

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Tras el rechazo de envíos de Hass en Europa, el SENASAG activó un plan de muestreo y vigilancia en fronteras y aclaró que no hay evidencia de fruta contaminada en el mercado local.

La cadena de la palta Hass vive días agitados en la región andina. El Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria de Bolivia (SENASAG) emitió un comunicado tras conocerse rechazos en la Unión Europea (UE) por presencia de cadmio por encima del límite permitido en envíos de origen peruano. 

La autoridad reforzó controles en todos los pasos fronterizos, instruyó el muestreo de cada lote importado y, al mismo tiempo, subrayó que no existen evidencias científicas de palta contaminada en el mercado boliviano, llamando a la ciudadanía y a la prensa a informarse por fuentes oficiales para evitar la desinformación. 

Para entender la dimensión del tema conviene mirar la norma europea. Desde 2021 la UE fijó máximos de cadmio en alimentos; para frutas no listadas en categorías específicas —donde se ubica el aguacate/palta — el tope es 0,050 mg/kg (peso fresco). Si una partida supera ese umbral, el procedimiento estándar es el rechazo y la notificación al sistema de alerta rápida (RASFF) que comparten los Estados miembros.

Este año RASFF ha registrado alertas por cadmio en paltas de Perú notificadas por Países Bajos, lo que explica el eco que tuvo la noticia en la región. Entre ellas figuran notificaciones con fechas de marzo y abril (IDs 2025.1707 y 2025.3002), prueba de que el monitoreo europeo sigue activo sobre la categoría. Esto no es nuevo ya que en 2024 un aviso holandés reportó 0,082 mg/kg —claramente por encima del límite—, lo que encendió señales tempranas en la industria. 

En Bolivia, la respuesta sanitaria fue inmediata con más muestreo en puestos de control, coordinación con el Viceministerio de Lucha contra el Contrabando y un mensaje nítido a consumidores y medios. “No existen evidencias científicas de que haya paltas contaminadas con cadmio en el mercado nacional”, recalcaron voceros oficiales durante la semana, en línea con la nota difundida por la Agencia Boliviana de Información. La instrucción operativa es revisar cada partida que cruce la frontera y actuar conforme al resultado analítico. 

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Qué dice el gremio peruano ProHass

 

Al mismo tiempo, el sector productor-exportador de Perú relativizó el alcance del problema. De acuerdo con el gremio ProHass, las observaciones representan un número acotado de contenedores frente a los más de 28.000–31.000 que saldrán esta campaña, y no existe evidencia de redireccionamiento de lotes rechazados a países vecinos. 

El énfasis gremial está en la prevención: análisis de residuos y metales pesados desde el campo, además de controles en agua y suelo, para cumplir con los requisitos de los mercados de destino. 

¿Por qué importa tanto el cadmio? La propia legislación europea recuerda que se trata de un metal que se acumula con el tiempo y puede afectar el riñón, razón por la cual se establecieron límites cada vez más estrictos. La lógica de “tolerancia cero” frente a excedencias —aunque sean pequeñas— busca proteger a la población en el largo plazo y armonizar un estándar para todos los orígenes. Una partida con 0,054 mg/kg, como la que se citó en reportes previos y que superó apenas el umbral, igualmente cruza la línea regulatoria y debe apartarse del circuito comercial europeo

Para la cadena frutícola, el episodio deja varias lecciones. La primera es que la trazabilidad lote a lote y los ensayos pre-embarque ya no son opcionales en mercados de alta exigencia: son el pasaporte. La segunda: las diferencias geológicas y prácticas agrícolas pueden influir en el contenido de metales pesados; por lo tanto, seleccionar cuencas y huertos con historial analítico favorable, ajustar programas de fertilización fosfatada y verificar el agua de riego son medidas que reducen el riesgo de no conformidades. La tercera: la comunicación debe ser proporcional y basada en datos —ni alarmista ni complaciente — para sostener la confianza del consumidor sin estigmatizar al producto.

Desde la perspectiva del importador y del retail boliviano, los pasos son claros: validar certificados analíticos de cadmio junto con los de residuos de plaguicidas, exigir trazabilidad verificable y acordar con proveedores planes correctivos si un lote resulta no conforme. Para el consumidor, el mensaje técnico también requiere matices: no hay forma de detectar cadmio “a ojo”, solo con análisis; por eso el control oficial y la compra a canales formales marcan la diferencia. 

 

 

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