Agronegocios
Por Andrea Bustos , 23 de agosto de 2025 | 08:00Importancia del mapa técnico-económico a la hora de producir cerezas y kiwis
Del terroir al flujo de caja: zonificar, regar con precisión, controlar heladas, cosecha y postcosecha, y el foco en la calidad para producir frutas de alto sabor, con eficiencia en labores y márgenes que resisten la volatilidad.
Dentro de las muchas exposiciones que se realizaron en la segunda versión del Cherry & Kiwi Conference 2025, realizada en el Criadero La Esperanza, Curicó, Chile, que reunió actores de la cadena hubo una pregunta directa para ellos: cómo producir fruta “rica de comer”, con rendimientos estables y márgenes defendibles, en un entorno de clima más extremo, costos volátiles y consumidores más exigentes.
La jornada de este 19 de agosto 2025 combinó miradas gremiales , de mercado y también las técnico-financieras en la voz de Christian Abud, Raimundo Cuevas e Isabel Widmer, quienes tuvieron un hilo conductor como equipo de Abud & Cía. : sustentabilidad como estrategia competitiva, eficiencia en labores y lectura fina de ventanas comerciales.
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Para Christian Abud, director ejecutivo de Abud & Cía.: la sustentabilidad no se “compra”, se construye y paga retorno, él planteó una definición de la sustentabilidad como equilibrio entre gobernanza, social y medio ambiente, no como check-list externo. “No es algo que se compra… es un traje a la medida de debe construir cada empresa”. Su exposición parte en la convicción - más allá de exigencias -, acompañada de un enfoque estratégico, materialidad (GRI/SASB), lectura de exigencias externas y forma de implementación con indicadores propios.
¿En terreno? el foco estaría en la gestión de agua con sensores y telemetría, electrostática para mejorar cobertura y reducir volúmenes de aplicación hasta en torno a 30%, y manejo de suelo/rizosfera (ácidos carboxílicos, materia orgánica) para ganar eficiencia de absorción y resiliencia del huerto. Ese paquete, dijo, se traduce en menor impacto y mejores kilos exportables.
La importancia de dónde plantar y la inversión
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Raimundo Cuevas, Gerente Técnico en Abud & Cia., bajó la teoría al layout del predio. Dijo que el primer objetivo de un proyecto nuevo es la velocidad: “Estar en plena producción al año 5–6”, con diseños que permitan 50 t/ha promedio si el terroir acompaña. Propuso conocer y zonificar Chile en franjas roja/naranja/verde según riesgo de frío/heladas, déficit de horas frío y calor estival, y calibrar la inversión en tecnologías (control de heladas, mallas) según esa zonificación.
Técnicamente, resaltó la importancia del suelo efectivo ≥80 cm, textura franca a franco-arenosa, CE del agua <0,8 dS/m, drenaje y riego de alta eficiencia (con foco en lixiviación programada para salinidad).
En polinización, abogó por machos iluminados y reducidos, distribución 16,6%, polinización asistida (líquida/polvo/electrostática) y colmenas planificadas para asegurar cuaja y homogeneidad.
Kiwi verde: de la ecozona al flujo de caja
Isabel Widmer , gerenta general, Abud & Cía., señaló que un la estructura de un proyecto de kiwi tiene cuatro etapas — tesis de inversión, construcción del activo, construcción de la planta y construcción de la fruta — con hitos medibles y presupuestos asociados.
La pregunta que ronda a productores e inversionistas en 2025 es directa: ¿tiene sentido iniciar o reconvertir un proyecto de kiwi verde? La respuesta es sí, si el diseño técnico y la tesis de inversión convergen en fruta “rica de comer”, productividades metas realistas y costo por kilo controlado desde el día uno.
Esa es la columna vertebral de la presentación “Inversión y rentabilidad esperada en nuevos proyectos de kiwi verde”, que ordena el proyecto desde la ecozona hasta el flujo de caja, con números finos de CAPEX, OPEX, riesgos y retorno.
Widmer plantea un modelo de gestión integral (SIGIF) con cuatro etapas: tesis de inversión, construcción del activo, construcción de la planta y construcción de la fruta, cada una con hitos, carta Gantt y presupuesto. Parte por suelo, clima y agua (profundidad, textura, heladas, radiación, disponibilidad y calidad del recurso hídrico), sigue con la infraestructura (estructura, riego, control de heladas y, cuando corresponde, malla), continúa con la elección del material vegetal (injertada tradicional vs “planta terminada” autoenraizada) y culmina en la temporada a temporada que construye la fruta y activa el OPEX. El indicador que ordena todo es el costo por kilo exportado sobre un escenario base de 50.000 kg/ha.
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Durante el encuentro también se entregaron algunos escenarios para que los productores puedan tener en cuenta en la toma de decisiones 2025–2028:
Para cerezos. El salto de volumen en 2024/25 obliga a subir estándar y diversificar destinos: hubo más fruta, pero ingresos en valor cayeron por presión de precios, lo cual se han empujado los esfuerzos por fomentar la calidad de cosecha, autorregulación de oferta, cuidar postcosecha, tener una logística sin quiebres, y poder de marca en retail y mercados.
Para kiwis. La oportunidad es ganar espacio por sabor (PAM más exigente, MS y °Brix), mientras el amarillo tira precios al alza. Los proyectos nuevos deben partir por ser rigurosos en análisis de suelo/agua/heladas y diseño, considerar la polinización profesional y costeo por kilo desde el día uno.
Para ambos cultivos los expositores mencionados enfatizaron en que para sostener márgenes en un país con eventos climáticos, marejadas, heladas y energía cara, hay que trabajar en conjunto con el Estado para asegurar abastecimiento de agua, mejoras en puertos, seguridad logística, considerar el paquete técnio completo (riego/heladas/poscosecha/polinización) y contar con una gobernanza ESG medible —no cosmética — que oriente inversiones y habilite financiamiento.
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