Agronegocios
14 de noviembre de 2025 | 06:42Brasil: País donde la manzana argentina jugó y tuvo ganancias en 2025
Entre enero y octubre, Brasil absorbió el 43% de las exportaciones argentinas; el precio FOB promedió US$0,96/kg y el país fue el único proveedor que creció frente a 2024.
De acuerdo con las estadísticas oficiales publicadas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), el país exportó 81.600 toneladas de manzanas entre enero y octubre, lo que representa un crecimiento interanual del 21% y un salto del 8% en comparación con el promedio de los últimos cinco años.
Los gráficos que a continuación se entregan en este reporte permiten leer algo más que un buen momento coyuntural: muestran un cambio de escala en la relación entre la manzana argentina y el mercado brasileño.
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La primera lámina —la de participación por destino— confirma que Brasil es, hoy, el ancla del negocio: 43% del total exportado entre enero y octubre, sobre 81.600 toneladas, con un salto interanual de 21%. Esa foto no solo resume volumen; explica, además, la estabilización de flujos y precios que describen los exportadores del Alto Valle.
La serie histórica que acompaña el texto pone datos duros a esa percepción. Allí se ve el despegue de los embarques hacia Brasil desde el piso de 9.800 toneladas en 2017 hasta “algo más de 35.000” en 2025, su punto más alto en una década.
El trazo ascendente no es lineal, pero el vector de fondo es claro: el vecino país absorbió la recomposición argentina mejor que cualquier otro destino. Esa línea, además, dialoga con otro gráfico del paquete: el de importaciones totales de Brasil por proveedor.
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Entre enero y octubre, Brasil compró casi 170.000 toneladas; Chile lideró con 90.600, seguido por Argentina con 34.600 e Italia con 24.500. El detalle fino importa: en ese tablero, Argentina fue el único origen que creció contra 2024, mientras chilenos e italianos retrocedieron.
El capítulo precios también deja pistas. El gráfico de valor FOB a Brasil marca un promedio de US$0,96/kg para los diez primeros meses, 31% arriba de 2020 y el tercer mejor registro de la década.
No es el techo histórico —que sigue siendo 2017—, pero sí una meseta atractiva para planificar ventas y caja. La lectura combinada de volumen y precio sugiere que, más que un rally, 2025 ofreció una relación precio–calidad–demanda que se volvió predecible, algo que los testimonios del sector confirman cuando hablan de “regularidad en plazos de pago” y “absorción sostenida” del mercado brasileño.
La lámina de contexto cambiario ayuda a entender por qué. El gráfico anota un real que hoy ronda 5,36 por dólar, con picos previos en 6,73 (diciembre de 2024) y 6,23 (junio de 2025). Para una fruta que compite centavo a centavo, esa cuenta empuja competitividad argentina frente a otros orígenes del hemisferio sur. Sumado a mejoras en empaque, conservación y trazabilidad que el propio artículo menciona, el diferencial cambiario se transformó en venta efectiva.
Hay, además, una lectura estratégica que dejan los gráficos combinados. Si Brasil explica casi la mitad del negocio, el riesgo de concentración salta a la vista. Pero la misma placa de importaciones por proveedor muestra espacio para ganar share sin violentar precios, en tanto el consumo brasileño se mantenga firme y la producción local no tape la ventana importadora.
El cierre proyectado por encima de 90.000 toneladas exportadas en 2025 —que el propio informe da por plausible— encaja con esa hipótesis. El desafío para 2026 será sostener precio FOB cercano al dólar por kilo y, en paralelo, acelerar la apertura de destinos secundarios que alivien la dependencia del principal comprador.
El cierre vuelve a la cancha operativa: los gráficos cuentan un ciclo de recuperación, pero también señalan los deberes. La competitividad que se vio en 2025 no se explica solo por el tipo de cambio; necesita seguir apoyándose en infraestructura —Puerto San Antonio
Este a la cabeza—, financiamiento para poscosecha y disciplina de calidad. Dicho simple: el dato de récord en Brasil es la consecuencia visible; el trabajo invisible detrás debe sostenerse si la Argentina quiere transformar un buen año en una tendencia.






