Agronegocios
5 de enero de 2026 | 06:15

Aguacate del Estado de México apunta al “efecto Super Bowl” y presiona por apertura sanitaria en EEUU

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Un punto de acuerdo en el Senado plantea acelerar mesas de trabajo y destrabar barreras administrativas para que el aguacate del Edomex avance hacia la acreditación sanitaria exigida por Estados Unidos.

Con la temporada alta de consumo en Norteamérica como telón de fondo y el Super Bowl LX programado para el 8 de febrero de 2026 en Levi’s Stadium, en Santa Clara (Bahía de San Francisco), el aguacate del Estado de México busca subir un peldaño clave: pasar de potencia productiva doméstica a jugador con presencia real en la exportación hacia Estados Unidos. 

Ese es el corazón del movimiento político que empuja la senadora Mariela Gutiérrez Escalante, quien promueve un punto de acuerdo para que autoridades mexicanas aceleren la eliminación de barreras administrativas y acompañen el proceso sanitario necesario para acreditar que la entidad está libre de plagas, condición crítica para abrir puertas en el mercado estadounidense. 

Primer informe de gobierno de Mariela Gutiérrez Escalante
Mariela Gutiérrez Escalante

En su planteamiento, el Estado de México es hoy el tercer productor nacional —detrás de Michoacán y Jalisco—, pero ese volumen no se ha traducido en oportunidades equivalentes de comercialización y expansión internacional. 

La legisladora sostiene que, según registros de la Secretaría de Agricultura (Sader), en la región sur mexiquense se cultivan 12.941 hectáreas de aguacate, y que el objetivo es integrar especialmente a pequeños productores en los acuerdos comerciales y programas de fomento vigentes, con foco en exportación a Estados Unidos. 

En esa misma zona aparecen como referentes productivos municipios como Amanalco, Villa de Allende, Donato Guerra, Temascaltepec, Coatepec Harinas, Valle de Bravo, Tenancingo, Almoloya de Alquisiras, Ixtapan del Oro, San Simón de Guerrero, Villa Guerrero, Malinalco, Luvianos, Tejupilco y Amatepec, entre otros, en un mapa que refleja diversidad territorial, pero también una cadena que aún debe alinearse a exigencias internacionales. 

El punto más sensible, sin embargo, no es de marketing ni de coyuntura deportiva: es fitosanitario y regulatorio. De acuerdo con el “Avocado Annual” del USDA (Foreign Agricultural Service), los únicos estados actualmente elegibles para exportar aguacate a Estados Unidos son Michoacán y Jalisco, siempre que la fruta provenga de huertos aprobados y se procese en instalaciones participantes del programa binacional administrado y supervisado por SENASICA y USDA-APHIS. 

Es un esquema diseñado para mitigar riesgos de plagas antes de que los embarques crucen la frontera, con controles concentrados en puntos críticos de la operación —especialmente empacadoras— y auditorías de cumplimiento. 

Ese cerco explica por qué el “salto” del aguacate mexiquense no depende solo de voluntad política: necesita un camino técnico trazado y reconocido. Un documento de requisitos de importación asociado a lineamientos del USDA-APHIS es explícito en que no se emitirán permisos para aguacate Hass de otros estados o municipios hasta que APHIS y la Organización Nacional de Protección Vegetal de México acuerden un plan de trabajo operativo para ese territorio. En otras palabras, la discusión de fondo es habilitar el “cómo” (protocolos, monitoreo, certificación, trazabilidad y verificación), no solo el “para qué”. 

La oportunidad de negocio, eso sí, existe y es cuantificable. El mismo reporte del USDA subraya que la exportación de aguacate mexicano es anual, pero con un peak entre diciembre y febrero, periodo que concentra más de un tercio de los envíos, y reconoce al Super Bowl como el mayor detonante de demanda para México en el mercado estadounidense. 

Para 2024, el USDA estima que Estados Unidos concentró más del 80% del volumen exportado por México, y que México abasteció cerca de 88% de las importaciones estadounidenses de aguacate, un dominio que explica por qué cualquier nueva zona productiva busca entrar a esa vitrina. 

Así, el “aguacate mexiquense con miras al Super Bowl” funciona más como símbolo que como meta logística inmediata. En términos prácticos, el desafío es homologar condiciones —certificaciones, garantías comerciales, protocolos de cosecha, empaque y vigilancia sanitaria— con el estándar que hoy permite a Michoacán y Jalisco operar en el circuito exportador hacia EE.UU.

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