Noticias Agrícolas
Por Andrea Bustos , 16 de septiembre de 2025 | 07:30

Edición genética y valor nutricional: cómo Chile puede liderar la próxima ola del tomate

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El mapa global ya muestra tomates con más GABA en Japón, tomates morados con antocianinas en retail de EE. UU. y líneas compactas para agricultura vertical, tendencias que abren nichos premium y modelos urbanos.

La mesa chilena tiene al tomate como protagonista, pero la sequía estructural, la salinidad creciente y un consumidor más exigente obligan a mover la frontera tecnológica. El impulso regulatorio también cambia el tablero: en julio de 2025, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) resolvió—bajo su enfoque caso a caso—que nuevas líneas de trigo desarrolladas con edición genética no califican como OGM, abriendo una vía más expedita para innovaciones locales con impacto en salud pública y productividad. Ese giro, leíble como una señal país, acelera la conversación sobre aplicar CRISPR en hortalizas y frutales, donde la eficiencia hídrica, la resiliencia y la calidad poscosecha son claves para competir.

El contexto internacional refuerza la tendencia. Japón lleva cuatro temporadas comercializando el tomate “High GABA”, editado para elevar compuestos asociados al control de la presión arterial; en Estados Unidos, los tomates morados ricos en antocianinas pasaron de los ensayos a ventas minoristas con más de 100 mil clamshells en 2024; y en agricultura vertical ya se reportan líneas de tomate compactas, de ciclo corto y mayor rendimiento efectivo, obtenidas mediante edición de genes que gobiernan arquitectura y crecimiento. Todo ello valida el cruce entre sostenibilidad, nutrición y nuevos formatos productivos que esta entrevista aborda. 

Miguel Ángel Sánchez

Miguel Ángel Sánchez es director ejecutivo de ChileBio, asociación gremial que agrupa a compañías de biotecnología agrícola y promueve información basada en evidencia sobre mejoramiento genético y edición del genoma. Es biólogo (Ph.D.) con formación en comunicación política, un perfil que combina comprensión científica y lectura del debate público, y que lo ha posicionado como una de las voces más visibles del sector en medios y foros especializados.

Desde 2024-25 se registran hitos que dialogan directamente con las respuestas del entrevistado: el dictamen “no OGM” del SAG para trigo editado (alto en fibra) desarrollado por una startup nacional y socios semilleros; la expansión comercial del tomate morado con antocianinas en el mercado estadounidense; y avances científicos que muestran resistencia genética a malezas parásitas como Phelipanche mediante edición de rutas de estrigolactonas, además de genotipos ultracompactos para vertical farming con más eficiencia por metro cúbico. Estos casos confirman el potencial de combinar rasgos de resiliencia con atributos de calidad y nutrición, y anticipan vías de adopción para tomate en Chile.

 

El tomate es protagonista en la mesa chilena, pero también enfrenta desafíos crecientes como la sequía, la salinidad de los suelos y consumidores más exigentes. ¿Cómo está respondiendo la biotecnología para asegurar que este producto siga ocupando un lugar central en la producción nacional?

A nivel global, a través del uso de herramientas biotecnológicas, como la edición genética con CRISPR, y el desarrollo de organismos genéticamente modificados se está intentando avanzar en la obtención de variedades con mejoras en: (i) tolerancia hídrica y a salinidad; (ii) resistencia a enfermedades para bajar aplicaciones de fungicidas; (iii) resistencia a plantas parásitas como el orobanche; (iv) calidad nutricional y vida postcosecha; y (v) arquitecturas de planta más compactas y precoces, que rinden bien en invernadero, malla o agricultura vertical, optimizando agua, energía y mano de obra. Ya existen casos validados en distintas partes del mundo que podrían marcar la ruta tecnológica que Chile deba adoptar.

 

Se habla de tomates morados ricos en antioxidantes, variedades resistentes a la sequía e incluso compactas para agricultura vertical. ¿Qué avances le parecen más relevantes para el caso chileno y cuáles podrían ser un buen mercado para los productores locales?

La sostenibilidad de la producción de tomate en Chile se ve amenazada por plantas parásitas de muy difícil control. La aplicación de la biotecnología y la edición genética representan una oportunidad única para desarrollar una variedad de tomate resistente en Chile, alineada con la vanguardia científica internacional y con un alto potencial para mejorar la productividad y reducir el uso de agroquímicos.

Para Chile podrían haber oportunidades al implementar avances relacionados con  variedades que produzcan con 30–40% menos agua y rindan en suelos salinos del Norte Chico. Esto abriría oportunidades para fortalecer la producción nacional y abastecer nuevos mercados que exigen trazabilidad hídrica.  

A su vez, el desarrollo y adopción de variedades con arquitecturas compactas serían ideales para invernaderos tecnificados y vertical farming en zonas periurbanas; hay datos de aumentos sustantivos de eficiencia y ciclos más cortos en sistemas comerciales bajo este modelo.

También, el uso de variedades con mayor valor nutricional como el “tomate gaba” en Japón que permite prevenir enfermedades relacionadas a la hipertensión arterial, y los “tomates morados” ricos en antocianinas (antioxidantes) en EEUU, demostraron aceptación regulatoria y llegada a consumidores, creando nichos premium de alto valor que productores chilenos podrían aprovechar a nivel local.

 

En Chile se ha desarrollado el llamado “tomate burdeos”, que incorpora betalaínas y tolerancia a condiciones adversas. ¿Qué significa este tipo de innovación con sello local en el posicionamiento de Chile como referente en biotecnología agrícola?

Es una prueba de capacidad local para pasar de la investigación a prototipos con sello chileno en rasgos que importan (agua, salinidad, antioxidantes), usando marcadores visuales de betalaínas para acelerar ciclos de I+D y reducir costos de selección. Más allá del color, el proyecto reporta menor requerimiento hídrico en condiciones controladas, y construye capital humano, propiedad intelectual y relato país (“Chile innova para producir más con menos”), potenciando a centros de investigación, universidades, startups y proveedores locales, y reforzando nuestro histórico rol como hub de semillas.

 

Si miramos hacia el sector frutícola, ¿qué cultivos están hoy en la primera línea de transformación biotecnológica en Chile y qué impacto podrían tener en la competitividad del país en mercados internacionales?

Algunas iniciativas locales en desarrollo en frutas que podrían impactar incluyen:

Manzana: líneas editadas con CRISPR para menor pardeamiento/oxidación y mejor postcosecha; esto reduciría mermas y extendería ventanas de exportación. 

Vid de mesa y vinífera: investigación biotecnológica para obtener racimos menos compactos (menos pudrición, mejor ventilación) y resistencia a oídio/mildiu, lo que permitiría reducir el uso de fungicidas.

Cerezo: programas de mejoramiento genético que apuntan a la adaptación climática (quiebre de dormancia, partido de fruta), lo que permitiría menos pérdidas por lluvias/calor y mejor consistencia de calibre/calidad. 

 

Cada vez más consumidores buscan alimentos saludables, con menor huella ambiental y alto valor nutricional. ¿Cómo puede la biotecnología equilibrar las demandas de sustentabilidad y calidad en frutas y hortalizas?

Con rasgos de resiliencia (menos agua/insumos) y rasgos de calidad (nutrición y postcosecha) en la misma variedad. Por ejemplo, resistencia genética a enfermedades implicaría menor uso de productos fitosanitarios como fungicidas. La arquitectura de la planta y eficiencia hídrica podrían significar optimizar el uso de agua y energía. Mejor vida postcosecha reduciría el desperdicio de alimentos. Mejor calidad significaría mayor valor nutricional para los consumidores. Cuando se suman estas características a manejo integrado y agricultura de precisión, la producción se vuelve más sostenible. El caso del tomate morado (rico en antocianinas), el tomate gaba (contribuye a prevenir la hipertensión) y de tomates compactos para sistemas controlados son buenos ejemplos de sustentabilidad con valor agregado al consumidor.

 

6.-Desde ChileBIO ustedes agrupan a las principales compañías de biotecnología agrícola. ¿Cuál es su visión sobre el rol que jugará la biotecnología en la agricultura chilena durante la próxima década, especialmente frente al cambio climático y la seguridad alimentaria, qué necesidades o problemáticas está enfrentando la biotecnología nacional?

 

La biotecnología, en el contexto del mejoramiento genético vegetal, será un pilar para la adaptación climática y la seguridad alimentaria, con impacto directo en productividad, estabilidad de oferta y trazabilidad ambiental. 

Uno de los desafíos nacionales es avanzar hacia un marco regulatorio moderno y predecible, fortaleciendo el enfoque caso a caso y agilizando ensayos confinados con altos estándares de bioseguridad. El hito del primer trigo editado con dictamen de “no OGM” del SAG muestra el camino para innovaciones locales de alto impacto en salud pública (más fibra) y competitividad.

Es necesario potenciar las iniciáticas locales que apunten a la adaptación climática (agua, calor, salinidad) en cultivos clave: tomate, cereales, vid y frutales; escalar pilotos a hectáreas comerciales.

También, la aceptación social es clave. Para esto, una comunicación y sociabilización  de la tecnología efectiva, basada en evidencia, es fundamental para conectar los beneficios con el consumidor final.

De esta manera, Chile podría pasar de “laboratorio natural de validación” a productor y exportador de alimentos diferenciados por biotecnología, manteniendo su liderazgo semillero y abriendo nuevas cadenas de valor.

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