Noticias Agrícolas
22 de diciembre de 2025 | 06:55

Francia vuelve a encender la alarma agrícola y empuja a enero la firma UE–Mercosur

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Bloqueos en el suroeste francés y protestas en Bruselas reactivan el rechazo al pacto por temor a una “competencia desleal” en carne y otros alimentos; la Comisión Europea defiende que habrá cuotas acotadas y que no se relajarán los estándares sanitarios.

Las protestas de agricultores y ganaderos en Francia continuaron este domingo 21 de diciembre, aunque más puntuales y concentradas en el suroeste del país, donde el brote de dermatosis nodular contagiosa reabrió la crisis del campo y volvió a mezclar dos reclamos en un mismo frente: el rechazo a las medidas sanitarias de sacrificio de rebaños y la oposición al acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. En la práctica, la autovía A64 —eje entre Toulouse y Bayona— se mantuvo como el punto crítico, con tramos cerrados y afectación al tránsito en el último fin de semana previo a las fiestas. 

El telón de fondo excede la coyuntura sanitaria. Para el agro francés, el pacto UE–Mercosur reabre el temor a una entrada mayor de proteína animal y materias primas a precios más bajos, en un contexto de costos europeos crecientes y estándares ambientales y laborales más exigentes. Esa presión interna contribuyó a que Bruselas postergara la firma, originalmente prevista para diciembre, y la corriera para enero. Reuters reportó que la demora se explicó por falta de apoyos suficientes entre los Estados miembro, tras la solicitud de más tiempo por parte de Italia y la resistencia persistente de Francia. 

Desde la óptica del Mercosur, el impacto es directo: cada semana de incertidumbre retrasa decisiones comerciales y de inversión en cadenas exportadoras que ya operan con planificación estacional, logística marítima y compromisos de abastecimiento. La Comisión Europea intenta desactivar el argumento del “aluvión” de importaciones afirmando que el acceso será administrado con cupos: 99.000 toneladas de carne bovina con arancel intracuota de 7,5% y un contingente de 180.000 toneladas de carne aviar con preferencia arancelaria, entre otros instrumentos de control para productos sensibles.

En paralelo, la protesta se “europeizó”. En Bruselas, agricultores belgas y de otros países se movilizaron contra el acuerdo y la jornada terminó con incidentes y enfrentamientos con la policía en el corazón institucional de la UE, en una señal de que el conflicto ya no es solo francés. 

Para el complejo agroalimentario del Mercosur, la discusión es una advertencia y una oportunidad a la vez. Advertencia, porque el debate europeo pondrá el foco —con lupa— en trazabilidad, equivalencias sanitarias y controles de frontera. Oportunidad, porque el mismo expediente abre un canal de acceso preferencial que no solo mira commodities: también revaloriza la estrategia de diferenciar calidad, origen y certificaciones en productos agroindustriales, incluida la canasta frutihortícola, que puede ganar espacio cuando el consumo europeo busca continuidad de oferta fuera de su temporada.

 

Qué dicen las autoridades y los gremios

 

Hay declaraciones bien nítidas tanto de autoridades como de gremios agropecuarios (e incluso medidas “de salvaguardia” que tocan directo a cadenas frutihortícolas) que ayudan a contextualizar por qué el acuerdo UE–Mercosur vuelve a tensionar el frente agrícola europeo.

En el plano de autoridades europeas, el Gobierno francés pidió una “tregua de Navidad” frente a las protestas y abrió una ronda de conversaciones con sindicatos agrícolas mientras el rechazo al acuerdo con el Mercosur se mezcla con el malestar por la gestión sanitaria de la dermatosis nodular bovina.

En ese mismo movimiento, sindicatos como FNSEA reclamaron que esperan respuestas “por escrito” con propuestas concretas, reflejando que el conflicto no está cerrado, solo administrado. 

Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió que el acuerdo sigue vivo, pero admitió que se requiere “unas semanas más” para resolver objeciones con Estados miembro y conseguir una mayoría política para avanzar. Esa frase, repetida en medios europeos del agro, cristaliza el punto: la negociación ya no es solo técnica, es de gobernabilidad interna. 

Del lado Mercosur, la señal más fuerte en esta coyuntura vino de Brasil. El ministro de Hacienda Fernando Haddad calificó el acuerdo como una prioridad “geopolítica” y relató gestiones directas con Emmanuel Macron para que Francia lo mire más allá del capítulo agrícola. En paralelo, Lula insistió públicamente en que espera que se firme en enero, con el Mercosur presionando por certezas.

Ahora, en la cancha de los gremios agropecuarios europeos, las frases son todavía más explícitas. El presidente de la FNSEA, Arnaud Rousseau, advirtió que si el acuerdo se firma “habrá protestas mucho más grandes”, subrayando el temor a competencia con reglas no equivalentes, especialmente en proteína animal y producciones sensibles. 

La Confédération paysanne, por su parte, endureció el tono: anunció que seguirá con movilizaciones hasta el “abandono total” del acuerdo, argumentando que pone a competir a productores y presiona ingresos, calidad alimentaria y soberanía. Esa línea también marcó distancia con el enfoque de Copa-Cogeca, mencionando tensiones sindicales dentro de Europa sobre la estrategia para frenar el pacto. 

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