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Por Andrea Bustos , 12 de enero de 2026 | 06:45Cámara de Diputadas y Diputados homenajea a Aurelio Montes y pone en vitrina el “sello premium” que proyectó al vino chileno en el mundo
El fundador de Viña Montes recibió un reconocimiento por más de 50 años de trayectoria, mientras el Congreso mantiene en discusión la iniciativa que busca declarar al vino y al pisco como bebidas nacionales.
En una señal de alto simbolismo para el agro chileno, la Cámara de Diputadas y Diputados rindió homenaje a Aurelio Montes Baseden, presidente y fundador de Viña Montes, reconociendo más de cinco décadas de trayectoria y su contribución a posicionar el vino nacional en los mercados internacionales.
La reciente actividad se realizó en dependencias de la Biblioteca del Congreso Nacional en Santiago y fue encabezada por el presidente de la Cámara, José Miguel Castro, junto a parlamentarias y parlamentarios de la denominada Bancada del Vino, presidida por el diputado Andrés Jouannet.
Aurelio Montes señaló orgullosamente:"viví un momento muy especial. La Honorable Cámara de Diputadas y Diputados de Chile me rindió un homenaje por mi trayectoria en el mundo del vino, mi aporte a la industria y mi contribución para que los vinos chilenos se hayan visibilizado y reconocido como vinos de alta calidad a nivel internacional".
"Doy muchas gracias a mi familia y a todos quienes me han acompañado en este camino. “A las nuevas generaciones, les hago una invitación simple y profunda: cuiden la tierra, escuchen a la naturaleza y mantengan siempre la honestidad del vino”, agregó.
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La transformación de la viticultura chilena
El reconocimiento puso el acento en la etapa de transformación que vivió la vitivinicultura chilena cuando comenzó a competir por valor y no solo por volumen. En esa lectura, Montes fue destacado como uno de los pioneros en impulsar vinos premium y en proyectar una imagen país asociada a calidad e innovación, una estrategia que terminó permeando a toda la cadena: desde el viñedo y la tecnología en bodega hasta el empleo rural, el desarrollo regional y el turismo en torno al vino.
Aurelio Montes agregó que “este es un reconocimiento que recibo con profunda gratitud y humildad. Sin embargo, esta distinción no la entiendo como algo personal, sino como una señal del camino recorrido por muchas personas a lo largo de los años: agricultores, trabajadores, técnicos, científicos, colaboradores y soñadores que han creído en el vino chileno y en su capacidad de expresar lo mejor de nuestra tierra y nuestra identidad. He tenido el privilegio de ser testigo de la transformación del vino chileno y de su reconocimiento en el mundo, siempre con la convicción de avanzar con respeto por la tierra, el tiempo y las personas”.
La ceremonia también tuvo una dimensión diplomática y sectorial. De acuerdo con la reseña institucional de la BCN, asistieron embajadores de China, Corea y Japón, además del presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, entre otros invitados, y se inauguró el libro de visitas ilustres de la Biblioteca del Congreso Nacional, firmado por el homenajeado y autoridades presentes.
En clave productiva, el hito dialoga con el relato de una viña que se construyó precisamente desde el paradigma “premium”. En su presentación corporativa, Viña Montes sitúa su origen en 1987 bajo el liderazgo de Aurelio Montes, destacando su carácter pionero y su foco exportador.
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Aurelio Montes, la apuesta que cambió el libreto
Para entender por qué el Congreso decide homenajear a un enólogo-empresario, hay que volver a la idea que Montes empujó cuando Chile todavía era leído, en muchos mercados, como origen “bueno y barato”. La propia historia oficial de Viña Montes sitúa el punto de partida en 1987, cuando Aurelio Montes y Douglas Murray cultivan la primera cosecha de lo que luego sería Montes Alpha Cabernet Sauvignon. Un año después, la viña se funda formalmente y realiza su primer embarque de Montes Alpha a Estados Unidos, cuando el eje exportador del vino chileno recién tomaba forma.
Esa temprana vocación de salir a vender con nombre y apellido se volvió marca de la casa. Un perfil publicado por Decanter resume una de las claves: Aurelio Montes fue de los primeros en Chile en viajar y comercializar personalmente sus vinos en el exterior, leyendo a tiempo que la demanda global se estaba moviendo hacia calidad y no solo precio.
En los hitos que la viña enumera como parte de su hoja de ruta aparecen decisiones que, vistas con distancia, anticiparon tendencias. En 1993, Montes introduce la cepa Syrah en Chile. En 1995 adquiere la Finca de Apalta y, en 1996, lanza “Montes Alpha M”, presentado por la propia empresa como el primer ícono del país. Luego vendrían un ícono Syrah (Montes Folly) y un ícono Carmenère (Purple Angel), vinos que ayudaron a empujar la conversación chilena hacia terroir, consistencia y categoría.
El camino también tuvo reconocimiento internacional. En 2020, la International Wine Challenge otorgó a Aurelio Montes su “Lifetime Achievement”, un premio a la trayectoria que el propio medio chileno que lo reportó describió como el “Oscar” de la industria. Más allá del trofeo, el mensaje era evidente: el salto cualitativo del vino chileno ya no era solo un relato local, sino una percepción instalada en plazas exigentes.
Y hay un elemento que conecta pasado y presente: abrir mercados cuando el consumo tradicional se frena. En 2025, se retrató a Montes con una obsesión declarada por India, un mercado que este viticultor mira como el “nuevo China” para la industria, en una etapa donde Occidente muestra fatiga de consumo y enfatiza su rol en la premiumización del vino chileno y su apuesta por diversificar destinos.
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Los momentos que atraviesa el vino
Este homenaje tiene un valor adicional por el momento en que ocurre. El negocio del vino atraviesa una etapa de corrección global: menos consumo, más incertidumbre comercial y una presión climática que ya dejó de ser amenaza futura para convertirse en variable del día a día.
En su informe 2024, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) estimó una producción mundial de 225,8 millones de hectolitros, la más baja en más de 60 años, y un consumo global de 214,2 millones de hectolitros, 3,3% menor que 2023, con precios promedio altos y demanda debilitada en mercados relevantes.
En 2025, las primeras estimaciones de la OIV: producción global en 232 millones de hectolitros, 3% sobre 2024, pero aún 7% bajo el promedio quinquenal, con el clima como explicación dominante y con consumo debilitado en mercados maduros y en China.
En el caso de Chile, ODEPA informó que en 2024 las exportaciones totales de vino alcanzaron 777 millones de litros por USD 1.599,8 millones FOB, con alzas de 15% en volumen y 5,4% en valor versus 2023; en volumen, los principales destinos fueron Reino Unido, China, Estados Unidos y Brasil.
Pero el detalle cuenta otra historia: el precio medio del vino con denominación de origen en 2024 cayó y el país sigue lidiando con el equilibrio entre valor y volumen.
En paralelo, la producción total de vinos en Chile llegó a 903,6 millones de litros en 2024, una disminución de 15,6% respecto al año anterior, mientras los stocks al 31 de diciembre de 2023 subieron 6,2% hasta 1.501,1 millones de litros. En esto está el dilema clásico del sector: cómo sostener rentabilidad y precios al productor cuando el mercado exige más diferenciación y la cadena carga inventarios.
A esto se suma un cambio cultural interno. En Chile se toma menos vino que antes, se estima que el consumo anual cercano a 20 litros per cápita, muy por debajo de décadas pasadas, con preferencias jóvenes inclinadas hacia cerveza y cócteles por sobre el vino.
En una encuesta citada por WIP, el vino aparece como segunda bebida alcohólica más consumida tras la cerveza, con una base relevante de consumidores, pero lejos de la hegemonía histórica.
Europa está aplicando medidas de “cirugía” para alinear oferta y demanda. Francia anunció planes de arranque de viñedos para enfrentar sobreoferta: Decanter informó un programa para arrancar 27.500 hectáreas, actualmemente hay nuevos apoyos por 130 millones de euros para continuar con el proceso, en un mercado afectado por menor consumo, presión climática y volatilidad.
En paralelo, el Consejo de la Unión Europea informó un acuerdo con el Parlamento para “future-proof” el sector, incluyendo la posibilidad de apoyar el arranque de vides excedentarias como herramienta contra la sobreoferta.
La demanda, además, está cambiando de forma. Los jóvenes beben menos, suben costos, aumenta la incertidumbre geopolítica y el cambio climático adelanta vendimias y obliga a reubicar plantaciones.
En ese escenario, crece el interés por categorías como vinos de menor alcohol o sin alcohol, empujadas por motivaciones de salud y nuevos estilos de vida.
¿Qué pasa con el vino en la agenda legislativa?
El homenaje ocurrió, además, en medio de la agenda legislativa que impulsa la Bancada del Vino. En noviembre, la Sala de la Cámara aprobó por 126 votos a favor y tres abstenciones el proyecto que promueve acciones para fomentar, difundir y publicitar al vino y al pisco chilenos como bebidas nacionales, asignando al Ministerio de Agricultura el liderazgo de dichas acciones.
Sin embargo, la tramitación no está cerrada: el historial oficial del boletín 17875-01 consigna que, ya en el Senado, el proyecto fue declarado inadmisible y quedó radicado en una Comisión Mixta, donde se define su continuidad legislativa.
Ell reconocimiento a Aurelio Montes funciona como recordatorio de que la competitividad agrícola se construye con diferenciación, consistencia y marca país.
Por otro, la discusión de “bebidas nacionales” instala un debate de política pública sobre cómo el Estado promueve patrimonio productivo, encadenamientos territoriales y proyección internacional de rubros que sostienen empleo y actividad en múltiples regiones.
Ver más imágenes, gentiliza de la Biblioteca del Congreso Nacional.
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