Noticias Agrícolas
14 de enero de 2026 | 10:44

Cambio climático y resistencia a plaguicidas: la alarma silenciosa que complica el control de plagas

Compartir

Investigadores de Chile, Estados Unidos y México abordaron el impacto del calentamiento global en la biología de plagas agrícolas y urbanas, el aumento de la resistencia genética y los riesgos sanitarios asociados a la expansión de especies invasoras.

La aceleración del cambio climático ya no es solo una discusión sobre temperaturas récord o eventos extremos. En el campo, sus efectos comienzan a leerse en un terreno menos visible pero decisivo: el comportamiento biológico de plagas que afectan la agricultura, los entornos urbanos y también la salud pública. 

Con inviernos y veranos que se alargan, se intensifican o se desplazan en el calendario, insectos y ácaros están ajustando sus ciclos, ampliando su distribución y, en muchos casos, fortaleciendo su capacidad de sobrevivir a tratamientos que antes eran efectivos. El resultado es una presión creciente sobre el control químico tradicional y un escenario que empuja a la industria hacia una “química más inteligente y resiliente”.

Ese fue el foco del curso dictado en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad de Concepción, desarrollado entre el 7 y el 9 de enero en modalidad híbrida, y orientado a estudiantes de postgrado, profesionales del área y funcionarios del Servicio Agrícola y Ganadero, SAG. 

La instancia reunió a especialistas de Agronomía UdeC junto a investigadores de universidades internacionales, con un temario centrado en el desarrollo de resistencia a insecticidas, la influencia del cambio climático en la incidencia de plagas de importancia agrícola y urbana, el manejo de plagas bajo un contexto climático cambiante y la revisión crítica del uso de insecticidas.

 

El punto más sensible de la discusión fue la resistencia

 

Cuando el clima modifica las ventanas de reproducción, la duración de las temporadas y la supervivencia invernal, también altera la exposición de las poblaciones de plagas a los productos fitosanitarios. En la práctica, una temporada más larga puede traducirse en más generaciones por año, más aplicaciones o mayores presiones de selección. 

Allí aparece la resistencia genética como una respuesta evolutiva: los individuos que toleran un ingrediente activo sobreviven y transmiten esa ventaja, haciendo que el pesticida “pierda fuerza” campaña tras campaña.

Desde Estados Unidos, el Dr. David Mota-Sánchez, de Michigan State University, aportó una mirada respaldada por décadas de registros. El investigador, dedicado al estudio de mecanismos de resistencia en distintos cultivos, explicó que coordina la Pesticide Resistance Database, un repositorio que recopila casos de resistencia a nivel global desde 1914. 

La base, según detalló, reúne cerca de 20 mil casos correspondientes a 630 especies de insectos y ácaros, un volumen de evidencia que confirma que el fenómeno no es local ni reciente, sino una tendencia de escala planetaria. 

Su trabajo en plagas de frutales, maíz y papas le ha permitido identificar patrones que, pese a la distancia, se parecen a los observados en Chile: mismas dinámicas de adaptación, presiones de selección similares y desafíos operacionales que se repiten en distintos sistemas productivos.

En ese contexto, el mensaje central fue reducir la dependencia exclusiva de los agroquímicos. Mota-Sánchez enfatizó que la respuesta sostenible pasa por fortalecer el Manejo Integrado de Plagas, porque permite combinar herramientas y disminuir la presión que acelera la resistencia. 

En su análisis, las estrategias biológicas, genéticas y culturales se vuelven claves para sostener el control en el tiempo. Incluso mencionó que, en ciertas realidades productivas, alternativas como algunos cultivos transgénicos utilizados en maíz y soya en Estados Unidos han sido consideradas para enfrentar escenarios de resistencia, dentro de marcos de investigación y trabajo coordinado con productores. 

Más allá de las diferencias regulatorias y de mercado, la idea de fondo que se instaló fue que no habrá una única solución, sino un paquete de medidas adaptadas a cada cultivo, zona y presión de plaga.

El cambio climático, sin embargo, no solo está tensionando la eficacia de los insecticidas. También está reconfigurando el mapa de riesgo. En el curso se abordó la migración de insectos a escala planetaria y la introducción de especies invasoras en ecosistemas donde no existen enemigos naturales capaces de regularlas. Esa combinación puede desestabilizar producciones, elevar los costos de control, aumentar pérdidas y, en el caso de plagas que actúan como vectores, abrir amenazas sanitarias que antes parecían lejanas.

El Dr. Gonzalo Silva, del Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía UdeC, puso sobre la mesa un ejemplo que conecta agricultura y salud pública. Explicó que Chile no presenta enfermedades como dengue, malaria o chikunguña porque los virus no circulan de forma estable en el país, pero advirtió que existe un alto nivel de movilidad humana y que podrían ingresar personas portadoras asintomáticas. 

Si a eso se suma la eventual llegada y establecimiento del mosquito vector favorecido por nuevas condiciones climáticas, el riesgo deja de ser teórico. Para Silva, este escenario demanda una reconfiguración urgente de las estrategias de vigilancia y control, porque la expansión del rango de insectos puede provocar brotes inesperados de especies tropicales, obligando a actuar con rapidez, coordinación institucional y herramientas de control actualizadas.

 

La discusión apunta a un cambio de paradigma

 

La agricultura ya no puede planificar el manejo de plagas suponiendo que las condiciones ambientales serán relativamente estables, ni puede descansar en programas de control químico repetitivos sin consecuencias. 

La variabilidad climática está convirtiendo la resistencia en un problema más frecuente y la migración de especies en una amenaza más probable. En ese nuevo tablero, la capacitación y la colaboración internacional aparecen como piezas estratégicas para anticiparse, ajustar protocolos y proteger tanto la productividad como la sanidad.

El curso contó además con la participación de especialistas de México vinculados a instituciones con convenios de colaboración en investigación y docencia con la Universidad de Concepción. Entre ellos estuvieron el Dr. J. Concepción Rodríguez-Maciel, del Colegio de Postgraduados en Ciencias Agrícolas; la Dra. Beatriz López-Monroy, de la Universidad Autónoma de Nuevo León; el Dr. Carlos Granados Echegoyen, del Instituto Politécnico Nacional; y el Dr. Carlos Bautista-Garfias, de INIFAP. La presencia de este grupo reforzó la idea de que los desafíos de plagas, resistencia y clima se están abordando como un problema regional y global, donde el intercambio de evidencia y experiencias resulta tan importante como la innovación tecnológica.

La jornada dejó una conclusión clara para el mundo agrofrutícola: el control de plagas entró en una etapa más compleja, donde entender el vínculo entre clima y biología será tan decisivo como elegir un ingrediente activo. 

La resiliencia, en adelante, no dependerá solo de nuevas moléculas, sino de sistemas de manejo más diversos, monitoreo más fino y decisiones agronómicas capaces de adaptarse al ritmo acelerado del cambio climático.

Si te interesa recibir noticias publicadas en Diario Frutícola, inscribe tu correo aquí
Si vas a utilizar contenido de nuestro diario (textos o simplemente datos) en algún medio de comunicación, blog o Redes Sociales, indica la fuente, de lo contrario estarás incurriendo en un delito sancionado la Ley Nº 17.336, sobre Propiedad Intelectual. Lo anterior no rige para las fotografías y videos, pues queda totalmente PROHIBIDA su reproducción para fines informativos.
Diario Frutícola

Powered by Global Channel
242823