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11 de febrero de 2026 | 06:50Semillas en Biobío: “post control” que respalda la etiqueta y sostiene la reputación exportadora de Chile
El SAG busca asegurar que lo declarado en el envase se cumpla en campo, en un trabajo que sostiene a Chile como proveedor contraestación y exige estándares equivalentes a los mercados internacionales.
En la agricultura, pocas cosas pesan tanto como la confianza. Y en el negocio de las semillas, esa confianza se construye con evidencia: que la variedad sea la que dice ser, que la pureza varietal no se desvíe, que el material esté sanitariamente apto y que el rendimiento esperado no sea una promesa vacía.
Bajo esa lógica, el Servicio Agrícola y Ganadero proyecta desarrollar esta temporada cerca de mil ensayos de post control de variedades de semillas en la Estación de Pruebas de Variedades Agrícolas Humán, en Los Ángeles, Región del Biobío, tanto para certificación nacional como para exportación.
La estación, una de las unidades más relevantes del sistema de certificación, funciona como un “laboratorio a cielo abierto” donde la semilla se pone a prueba en parcela y se contrasta con la normativa.
El director regional del SAG Biobío, Roberto Ferrada, remarcó el carácter estratégico de este recinto por la diversidad de especies que evalúa y por su rol dual: cumplir la Ley de Semillas y, al mismo tiempo, auditar semilleros orientados a mercados externos. En simple, la Estación Humán opera como un filtro técnico que evita que el sistema se contamine con mezclas, desviaciones o materiales fuera de estándar.
El corazón del proceso es el post control, una etapa que se vuelve decisiva cuando se trata de exportación y de asegurar consistencia en el comercio. Desde la estación, su encargada Marilin Flores explicó que allí se establecen parcelas de evaluación para detectar la presencia de plantas “fuera de tipo” u otros factores que afecten la pureza varietal, generando información para comprender cómo se está desarrollando la certificación a nivel de campo. En el caso de semilleros exportadores, mencionó cultivos como la maravilla entre los relevantes en inspecciones y seguimiento.
La etiqueta importa porque está respaldada por un sistema. Ferrada lo sintetizó señalando que cuando alguien compra una semilla certificada por el SAG, los rendimientos y características debieran corresponder a lo declarado, siempre que el manejo agronómico sea el correcto, y que ese es el valor que entrega el Servicio: material genético confiable, de calidad y sanitariamente apto. En tiempos donde los márgenes se aprietan y los eventos climáticos aumentan variabilidad, contar con una base genética consistente deja de ser un detalle y pasa a ser un seguro productivo.
Detrás de esta temporada de ensayos también hay marco regulatorio. La nota detalla que el trabajo está regido por el Decreto N°188 asociado a la Ley de Semillas N°1.764, que exige comprobar el valor agronómico para inscribir una variedad en el Registro de Variedades Aptas para la Certificación, y que el SAG solicita una muestra de 1,5 kilos de semilla para evaluación en su red de estaciones de prueba.
En paralelo, documentación pública del propio SAG refuerza la ruta formal para certificar semillas destinadas al mercado nacional, incluyendo requisitos de registro y condiciones técnicas para asegurar que solo se certifiquen variedades aptas y con valor agronómico comprobado.
Para una mirada agrofrutícola más amplia, el impacto no se limita al rubro semillero. La calidad de la semilla es el primer eslabón de rendimiento y sanidad en cadenas completas que abastecen forraje, hortalizas, granos y materias primas para agroindustria, y en un país que se ha posicionado como productor de semillas contraestación, el estándar no es negociable.
El propio SAG Biobío subraya que Chile ha consolidado una reputación internacional apoyada en capacidades del sector privado, competencia técnica y condición fitosanitaria, una tríada que se sostiene, precisamente, en controles como los que se ejecutan en la Estación Humán.


