Noticias Agrícolas
Por Andrea Bustos , 11 de marzo de 2026 | 06:30

Alan Espinoza cierra su paso por Agricultura con foco en seguridad alimentaria, territorio y servicio público

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El subsecretario saliente hace un balance de su gestión marcado por la modernización institucional, la gestión de riesgo, el fortalecimiento de la agricultura familiar y una reflexión más personal: recuperar tiempo con sus hijos y su familia tras años de trabajo absorbente.

El abogado de la Universidad Bolivariana, Alan Espinoza ya cierra su paso como cabeza de la Subsecretaría de Agricultura después de una carrera hecha casi por completo dentro del propio Ministerio de Agricultura de Chile, según dice más de 18 años, donde trabajó en diferentes funciones en ODEPA, también fue parte del gabinete del ex ministro Carlos Furche, y antes de llegar a la subsecretaria era seremi de Agricultura en Aysén, por mencionar algunos de sus cargos.

Hoy su salida ocurre en medio del proceso de traspaso al nuevo gobierno, del presidente José Antonio Kast. Espinoza, ya tuvo hace algunas semanas su primera reunión formal de trabajo con el subsecretario entrante, el ingeniero agrónomo y ex seremi de Agricultura en Valparaíso, Francesco Venezian, en la que revisaron gestión administrativa, presupuesto, coordinación sectorial y continuidad de prioridades. 

Ahora en esta entrevista se pretende abordar con otra mirada el relato de Alan Espinoza, éste no se ordena solo desde los cargos, sino también desde una idea muy marcada de servicio público: pone el acento en el trabajo silencioso de los equipos en emergencias sanitarias y climáticas, en la necesidad de que la política pública tenga pertinencia territorial y en una gestión que deja instalados ejes como la seguridad alimentaria, la modernización institucional, la gestión del riesgo y el fortalecimiento de la agricultura familiar. 

En el plano más humano, también aparece una señal de cierre personal, después de años de trabajo absorbente, dice que quiere recuperar tiempo con sus hijos y su familia.

En términos de gestión, Espinoza se refiere a la  seguridad alimentaria como prioridad de política públicas, al programa Chile Alimenta el Futuro, impulsado con apoyo del BID para fortalecer capacidades de INDAP y la modernización de los laboratorios e infraestructura sanitaria del SAG. 

También aborda la gestión del riesgo de desastres agrícolas, especialmente frente a heladas, lluvias intensas, inundaciones e incendios y a continuidad de una agenda que mezcla modernización del Estado, sanidad, juventud rural y agricultura familiar campesina e indígena.

 

En su cierre de gestión, ¿qué momento —difícil o inspirador— cree que mejor refleja “lo humano” de la Subsecretaría?

“Creo que los momentos más duros vinculados a emergencias sanitarias y climáticas reflejan mejor lo humano de la Subsecretaría. La influenza aviar, las emergencias agrícolas, los incendios forestales o las inundaciones no son solo cifras: detrás hay familias, personas.

En esas situaciones vi a funcionarias y funcionarios del SAG, INDAP, CONAF, de las Secretaría Regionales Ministeriales llegar a territorios aislados, trabajar fines de semana, extender jornadas sin preguntar horarios. Ese trabajo silencioso, muchas veces invisible, es lo que sostiene la política pública.

Lo humano está en ese propósito: prevenir es proteger, y proteger es cuidar a quienes trabajan la tierra y alimentan a Chile”.

 

¿Qué prácticas, sacrificios y convicciones vio que casi nunca aparecen en los comunicados?

Lo que no aparece en las cifras es el compromiso territorial. Hay equipos que recorren kilómetros por caminos rurales complejos que entienden que los territorios son diversos.

Aprendí que las políticas públicas diseñadas desde el nivel central deben tener pertinencia territorial. Fui también SEREMI en una región extrema como lo es Aysén, y no es lo mismo producir ahí que en el Maule o en el norte del país. Esa flexibilidad y capacidad de escuchar es una práctica que no siempre se comunica, pero que marca la diferencia.

 

Usted lleva casi dos décadas vinculado al Ministerio. ¿Qué cambió y qué se mantuvo intacto?

Entré muy joven, entre los 19 y 20 años, trabajando como administrativo y recepcionista telefónico en ODEPA, mientras estudiaba. He tenido distintos roles: jefe de Gestión de Personas, asesor ministerial, jefe de gabinete, Seremi en Aysén, y hoy Subsecretario de Agricultura.

He visto una evolución importante en modernización, digitalización, gestión basada en evidencia y coordinación interinstitucional. Hoy hablamos de datos, monitoreo, evaluación de impacto, sistemas de alerta temprana.

Pero hay algo que no ha cambiado: el compromiso de las y los funcionarias y funcionarios del ministerio y sus servicios con el mundo rural. Eso sigue intacto. El Ministerio de Agricultura sigue siendo un ministerio de territorio, de mucho trabajo en terreno y junto a las personas.

 

¿Cuáles son los 3 hitos más trascendentes de su gestión? ¿Y qué habría hecho distinto?

Desde el inicio de nuestra administración la seguridad alimentaria ha sido una prioridad central, traduciéndose en un compromiso concreto para fortalecer al sector agrícola e incorporar capacidades que le permitan enfrentar con solidez los desafíos climáticos, sanitarios y productivos del presente y del futuro, asegurando así alimentos de calidad para todas las familias del país.

Como parte de este compromiso, pusimos en marcha el programa Chile Alimenta el Futuro, coordinado  por la Subsecretaría de Agricultura y que financia el Banco Interamericano de Desarrollo (BID): fortalece las capacidades de INDAP en su labor de extensión con la agricultura familiar campesina e indígena, y permite al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) modernizar sus laboratorios regionales e incorporar equipamiento para resguardar el patrimonio sanitario. Fortalecer y proyectar las capacidades humanas y técnicas de los servicios públicos, que trabajan diariamente junto a los productores, es fundamental, porque el Estado cumple un rol insustituible en la protección y desarrollo del sector silvoagropecuario.

A la par de estas acciones, hemos avanzado con decisión en la profesionalización de la Gestión de Riesgo de Desastres Agrícolas, creando instrumentos que estandarizan criterios de evaluación y nos permiten activar ayudas tempranas y oportunas para todos los agricultores y agricultoras, incluyendo a quienes no son usuarios de INDAP. Lo hacemos porque entendemos que nuestros agricultores y agricultoras necesitan contar con herramientas de monitoreo, análisis y respuesta temprana frente a eventos climáticos extremos que den certidumbre a sus sistemas productivos.

Alan Espinoza, ex subsecretario de Agricultura.

¿Puede dar algunos ejemplos que refuercen la mirada integral?

Quiero destacar, además, algunos ejemplos que se han implementado bajo esta mirada integral. Uno de ellos es la Comisión Nacional de Riego, con la nueva Ley de Riego, ha promovido mayor equidad, logrando que cerca del 50% de sus beneficiarias sean mujeres y reforzando el apoyo ante emergencias. El SAG ha enfrentado crisis sanitarias complejas como la influenza aviar, y ha impulsado el plan contra la mosca de la fruta. INDAP ha fortalecido su apoyo a la agricultura familiar campesina e indígena, y también avanzamos en una Política Nacional de Juventudes Rurales y en una nueva Política de Inocuidad Alimentaria, coordinada por ACHIPIA, que pone en el centro la calidad de los alimentos.

Y debo decir que existe un cuarto hito trascendente, y es impulso al Proyecto de Ley que regula la Prevención de Incendios Forestales, ingresado a la Cámara de Diputados y Diputadas en octubre de 2023, considerando que los incendios forestales requieren de una eficaz articulación y coordinación con otros estamentos del Estado. Este proyecto constituye un hito relevante al abordar de manera específica la etapa de prevención del riesgo de incendios forestales, integrándose a una respuesta estatal más amplia frente a desastres. Asimismo, incorpora instrumentos innovadores como la definición de zonas de interfaz urbano-rural, zonas de amortiguación y otras herramientas de ordenamiento y prevención, fortaleciendo la capacidad del Estado para anticipar, mitigar y reducir los impactos de los incendios.

 

¿Qué temas quedan encaminados?

La implementación plena de Chile Alimenta el Futuro requiere continuidad política y técnica. Lo mismo ocurre con la consolidación de la gestión sectorial de riesgos y la modernización tecnológica del SAG y de INDAP.

La seguridad alimentaria requiere continuidad, coordinación y diálogo permanente. Requiere un Ministerio que converse, que integre a sus servicios y que entienda la diversidad territorial de Chile, pero, sobre todo, requiere un trabajo conjunto entre el Estado, mundo rural y sociedad civil.

 

¿Cuáles son los desafíos más apremiantes para el agro en los próximos años?

El cambio climático, la seguridad alimentaria y la protección sanitaria son los grandes desafíos.

Necesitamos fortalecer el control fronterizo, modernizar laboratorios, mejorar sistemas de alerta temprana y seguir avanzando en pertinencia territorial. También debemos diversificar mercados internacionales sin perder el foco en la alimentación interna.

La lección principal es clara: la política pública debe construirse con datos, con presencia territorial y con diálogo permanente con los actores, públicos, privados y de la sociedad civil.

 

¿Qué planes tiene luego este 11 de marzo 2026?

Probablemente voy a encontrar la manera de seguir vinculado al mundo agrícola, que ha sido una vocación que me acompaña hace más de veinte años y que, de alguna forma, también ha marcado buena parte de mi vida pública.

Me gustaría hacerlo desde un espacio que me permita aportar con la experiencia acumulada en estos años, pero también recuperar algo que el servicio público muchas veces nos obliga a postergar: más tiempo con mis hijos y con mi familia.

Estoy convencido de que el servicio público no es solo un cargo; es una vocación y convicción que permanece. Por eso, seguiré contribuyendo desde donde me toque: desde la academia, desde la reflexión sobre políticas públicas o desde espacios de colaboración que permitan fortalecer la seguridad alimentaria, la resiliencia frente al cambio climático y el desarrollo rural.

La agricultura, además, es mucho más que un sector productivo. Es parte de nuestra identidad como país y una base fundamental para el desarrollo territorial y la cohesión social. Chile tiene en el agro una enorme oportunidad de futuro, y seguiré trabajando para que así sea.

Y quiero decirlo también con mucha sinceridad: me voy profundamente agradecido de los equipos del Ministerio, de los funcionarios y funcionarias de nuestros servicios, y muy especialmente de los agricultores y agricultoras de Chile. Ellos son quienes, con su trabajo cotidiano, sostienen este sector y alimentan al país.

Mi compromiso con el agro y con el servicio al país no termina el 11 de marzo. Simplemente entra en una nueva etapa.

 

¿Qué mensaje de despedida deja a los equipos de la Subsecretaria?

Lo he dicho en cada región del país: si hay algo que nos une es la agricultura porque es identidad, territorio y futuro. Me siento profundamente agradecido de poder haber presenciado el trabajo de los/as funcionarios/as de agricultura, haber sido parte de ello, haber sido parte de tan fundamental institución. 

Del tremendo esfuerzo de cada uno y una de ellas, que están junto a las personas en diferentes momentos, llegando incluso a las latitudes más recónditas. Como he dicho: La agricultura es el corazón de Chile.

Durante el reciente lanzamiento de la primera Política Nacional de Juventudes Rurales.

 

 

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