Noticias Agrícolas
Por Andrea Bustos , 5 de marzo de 2026 | 10:11

Andrea García: datos, competitividad y futuro para la agrofruticultura chilena

Andrea García, directora de ODEPA-Chile.
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Con más de 18 años de trayectoria en política pública y modernización institucional, la directora de ODEPA, explica cómo se fortaleció la calidad y oportunidad de la información, qué aprendizajes deja la articulación público–privada, etc.

La protagonista de esta entrevista es Andrea García Lizama, hoy directora nacional de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias de Chile, Odepa, directiva pública con más 18 años de experiencia en liderazgo estratégico, modernización institucional y diseño de políticas públicas en contextos de alta complejidad. 

Su llegada a la dirección, en octubre de 2022, tras el concurso de Alta Dirección Pública, la encontró al mando de un servicio con alto capital técnico y prestigio por su rigurosidad, pero con desafíos relevantes para agro: modernización tecnológica, articulación estratégica y un mejor posicionamiento dentro del Ministerio de Agricultura.

Hoy, en su propia evaluación, esa institución aparece fortalecida, con sistemas de información más robustos, mejor coordinación sectorial y un rol más nítido como órgano estratégico del Ministerio de Agricultura.

Además, un componente que vale la pena subrayar para una audiencia históricamente marcada por liderazgos masculinos: el lugar que ocupa una mujer conduciendo un servicio técnico es clave para ser el país agroalimentario que se quiere construir. 

No se trata solo de un hito simbólico, sino de una conducción que combina gestión, método y capacidad de articulación. A continuación, García Lizama describe un trabajo de fortalecimiento institucional apoyado en un equipo de 130 profesionales, junto con mejoras en calidad metodológica, integración de registros administrativos y analítica de datos, precisamente para que la información sea más oportuna y útil tanto para el mundo público como para el privado.

 

Cuando asumió la dirección de Odepa en octubre de 2022, después del concurso de Alta Dirección Pública, ¿Cómo recuerda al servicio y cómo lo ve actualmente?

Cuando asumí, en octubre de 2022, encontré un servicio con un alto capital técnico, reconocido por su rigurosidad, con desafíos en modernización tecnológica, articulación estratégica, posicionamiento dentro del Ministerio y en fortalecer su rol como plataforma de información estratégica para el sector.

Hoy veo una Odepa fortalecida institucionalmente, con sistemas de información más robustos, mejor coordinación sectorial y un rol claro como órgano estratégico del Ministerio de Agricultura. 

 

¿Cómo ha sido su evaluación de las capacidades técnicas, la calidad de la información y la articulación con otros organismos del Ministerio de Agricultura?

Las capacidades técnicas siempre han sido uno de los principales activos de Odepa y lo siguen siendo. La institución cuenta un equipo de 130 personas comprometidas con la función pública.

Respecto de la información, durante estos años se reforzó la calidad metodológica de las estadísticas, se avanzó en integración de registros administrativos y se incorporaron herramientas de analítica de datos.

En paralelo, profundizamos la articulación con otros servicios del Estado, no solo al interior del Ministerio de Agricultura, consolidando a Odepa como un espacio de coordinación estratégica y soporte técnico para la toma de decisiones sectoriales. 

Este trabajo se ha desarrollado con múltiples instituciones públicas, reflejando el carácter transversal de los desafíos del sector agroalimentario y del desarrollo rural.

 

… si tuviera algún ejemplo?

Claro a modo de ejemplo, fortalecimos la colaboración con el Ministerio de Desarrollo Social y Familia en materias de seguridad alimentaria; con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo y la Subsecretaría de Telecomunicaciones en iniciativas vinculadas al desarrollo rural y la conectividad de los territorios; con el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo en el fortalecimiento de los canales tradicionales de comercialización; y con el Ministerio del Medio Ambiente en el apoyo técnico al Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático. 

Estos son solo algunos ejemplos de un trabajo más amplio de articulación interministerial que ha permitido abordar los desafíos del agro y los territorios rurales desde una mirada integral de política pública.

 

Coordinaciones que cruzan fronteras y la articulación con los privados

 

Esa mirada de Andrea García, directora de Odepa, además se complementa con una vocación de coordinación que cruza fronteras institucionales, porque los desafíos del agro y del desarrollo rural ya no caben dentro de una sola oficina.

En el corazón del diálogo aparece algo que a productores y exportadores les interesa de forma directa, por ejemplo lo que se hizo, qué se dejó instalado y qué viene. 

La directora identifica tres hitos que ordenan su gestión: la Estrategia Nacional de Soberanía para la Seguridad Alimentaria, construida como un ejercicio de coordinación concreta con más de 80 medidas; la modernización del sistema de información sectorial, actualizando el marco muestral junto al Instituto Nacional de Estadísticas e incorporando con más fuerza registros y herramientas analíticas; y una agenda de competitividad agroexportadora sustentable que reforzó coordinaciones clave —incluyendo el trabajo sanitario y de acceso a mercados— con el Servicio Agrícola y Ganadero y otras instancias del Estado.

 

Mirando en perspectiva estos años encabezando Odepa, ¿cuáles diría que son los tres hitos más relevantes de su gestión y de los equipos de la institución?

En primer lugar, la Estrategia Nacional de Soberanía para la Seguridad Alimentaria. Más que un documento, fue un ejercicio de coordinación concreta que permitió ordenar prioridades y articular más de 80 medidas interinstitucionales para fortalecer la producción local, el acceso y la resiliencia del sistema alimentario en un contexto internacional muy desafiante.  Mirado con la perspectiva del tiempo, la Estrategia adelantó una discusión muy relevante para el país y su futuro. Estar preparados para tiempos complejos – pandemias, conflictos geopolíticos, cambio climático, entre otros - nos obliga a sostener una base productiva que sea capaz de proveer alimentos.

En segundo lugar, la modernización del sistema de información sectorial. Actualizamos el marco muestral de las estadísticas intercensales junto al INE, integramos con mayor fuerza registros administrativos y avanzamos en herramientas analíticas, mejorando la calidad y oportunidad de la información que utilizan tanto el sector público como el privado para tomar decisiones.

Y, finalmente, la Agenda de Competitividad Agroexportadora Sustentable. En este ámbito logramos una coordinación más estrecha con el Servicio Agrícola y Ganadero, la Subsecretaría de Relaciones Internacionales y la Red de Agregadurías Agrícolas, concretando aperturas sanitarias, ampliación de protocolos y avances en certificación electrónica. 

Al mismo tiempo, impulsamos en acuerdo con el sector privado la incorporación del concepto de sustentabilidad como un elemento diferenciador de los productos agroalimentarios chilenos, entendiendo que ello no solo responde a exigencias crecientes de los mercados internacionales, sino que también fortalece la competitividad del sector y orienta el trabajo público-privado hacia sistemas productivos cada vez más sostenibles y como un estándar creciente para el acceso a mercados internacionales. Todo ello contribuyó a consolidar cifras históricas de exportación y a reforzar el posicionamiento internacional del sector. 

 

En particular, ¿qué avances destacaría en materia de información para el sector frutícola, seguridad y soberanía alimentaria, y desarrollo silvoagropecuario sostenible?

En materia de información, se avanzó significativamente mediante la publicación de la serie completa del Catastro Frutícola (1999–2025) en el portal de datos abiertos de Odepa —catastro ejecutado por CIREN en convenio con Odepa y que incorporó además un módulo ambiental sobre prácticas sustentables en la fruticultura— junto con la incorporación de las series completas de comercio exterior silvoagropecuario (1998–2025), fortaleciendo así el acceso público a información estratégica para el análisis sectorial y la toma de decisiones.

En materia de seguridad alimentaria, y como mencioné anteriormente, se avanzó decididamente a través de la Estrategia Nacional de Soberanía para la Seguridad Alimentaria (ENSSA), que permitió ordenar y coordinar una respuesta interinstitucional frente a los desafíos derivados del contexto internacional y climático. La estrategia articuló más de 80 medidas orientadas a fortalecer la producción nacional, mejorar el acceso a alimentos y aumentar la resiliencia del sistema alimentario, integrando instrumentos de fomento productivo, apoyo a la agricultura familiar, compras públicas y fortalecimiento de cadenas estratégicas. Con ello, se consolidó una mirada sistémica que entiende la seguridad alimentaria no solo como disponibilidad, sino también como estabilidad, acceso y sostenibilidad en el tiempo.

 

… y en materia de sostenibilidad?

En materia de sostenibilidad, se avanzó en los planes sectoriales de adaptación y mitigación al cambio climático, siendo el Ministerio de Agricultura el primero en aprobar sus instrumentos conforme a la Ley Marco. Asimismo, se fortalecieron herramientas como el Programa Chile Origen Consciente, que promueve la implementación de buenas prácticas en el sector agroalimentario e incorpora la sustentabilidad como un atributo diferenciador en la producción de alimentos elaborados en el país, mediante el reconocimiento y certificación de empresas y sectores que cumplen estándares verificables.

Actualmente contamos con más de 200 instalaciones certificadas en el sector lechero y 118 en el sector porcino. El sector lácteo es el más avanzado dentro del programa, habiendo alcanzado ya certificación en productos, lo que consolida la sostenibilidad como un atributo competitivo real en los mercados.

 

(izq a der) Ministra de Agricultura Ignacia Fernández y la directora de Odepa Andrea García.

 

Gestión, modernización, valor de la información y fruticultura

 

En esta parte de la conversación, Andrea Andrea García entra al terreno donde la gestión pública se vuelve verdaderamente útil para el agro: cómo está hoy Oficina de Estudios y Políticas Agrarias puertas adentro, qué cambios concretos se han instalado en su forma de trabajar y cuál es el siguiente salto para que la información no se quede en un informe, sino que se traduzca en mejores decisiones para productores, exportadores y territorios rurales. 

Con un enfoque directo y estratégico, aborda el desafío de incorporar inteligencia artificial y ciencia de datos sin perder el pulso del campo, la urgencia de sostener la modernización estadística y la coordinación público–privada, y las lecciones personales de liderar —como mujer— el principal servicio de estudios agrarios del país en tiempos de alta incertidumbre.

 

¿Cómo se encuentra hoy Odepa?

Odepa es hoy una institución ordenada, con finanzas y gestión sólidas, equipos técnicos comprometidos y agendas estratégicas en marcha. Una Odepa preparada para seguir creciendo en capacidades analíticas y en incidencia en política pública que se traduzca en un mayor desarrollo y bienestar para los territorios rurales.

 

¿En qué áreas siente que se consolidó una “nueva forma de hacer las cosas” y dónde cree que aún falta dar un salto, por ejemplo en analítica de datos, prospectiva de mercados o vinculación con los territorios?

Hacia adelante, uno de los grandes desafíos para Odepa es incorporar de manera decidida las herramientas de inteligencia artificial y ciencia de datos en su quehacer. Para una institución cuya misión es producir información y análisis estratégico para el sector silvoagropecuario, estas tecnologías abren un enorme potencial en ámbitos como la generación de estadísticas, la analítica avanzada, la prospectiva de mercados y el monitoreo en tiempo real de tendencias productivas y comerciales.

El desafío será desarrollar estas capacidades sin perder el vínculo con los territorios, de manera que la información y el análisis se traduzcan efectivamente en mejores decisiones para el sector y en políticas públicas más oportunas y eficaces.

 

Si pensamos en el sector frutícola en particular, ¿cuáles son los principales desafíos de política pública?

El sector enfrenta desafíos en disponibilidad de mano de obra, mecanización de las labores, adaptación al cambio climático, eficiencia hídrica, diversificación de mercados y mayor agregación de valor. También es clave anticipar exigencias regulatorias internacionales y mantener competitividad frente a otros países productores.

Este conjunto de desafíos requiere de una articulación público - privada muy fuerte y eficaz. Odepa juega un rol central en esta articulación, no sólo por la Red de agregados agrícolas, sino que también como espacio para la identificación de factores que contribuyan a un sector más competitivo y con mejores capacidades de adaptación a realidades cambiantes en los mercados de destino. Conquistar mercados requiere de un sector privado activo, capaz de asumir riesgos y encontrar soluciones innovadoras, y de un sector público que sea capaz de acompañar y apoyar esta labor. El comercio es el resultado de acciones de inversionistas privados, pero también de capacidad y gestión pública para generar las confianzas necesarias para desplegar las capacidades empresariales del sector privado.

 

 ¿Hay temas que, a su juicio, requieren continuidad sí o sí –como modernización de estadísticas, cambio climático, mano de obra, competitividad externa– para no perder terreno frente a otros países productores?

Más que líneas aisladas, lo que requiere continuidad es una forma de trabajo: la capacidad de anticipar escenarios, sostener procesos de modernización institucional y mantener coherencia técnica en agendas de mediano plazo.

En particular, es clave no interrumpir la actualización estadística, la integración de registros administrativos y el fortalecimiento de la base de información, porque constituyen la infraestructura sobre la cual se toman decisiones públicas y privadas. También es fundamental dar continuidad a las agendas que vinculan competitividad con sostenibilidad y acceso a mercados, ya que los estándares internacionales evolucionan con rapidez y exigen consistencia en el tiempo.

En el ámbito de la seguridad alimentaria, la continuidad es igualmente estratégica. Fortalecer la producción nacional, monitorear riesgos y mantener una coordinación intersectorial activa son tareas permanentes, no coyunturales. La resiliencia del sistema alimentario se construye en el largo plazo, y cualquier discontinuidad puede debilitar avances que son estructurales para el país.

Finalmente, la gestión de factores como disponibilidad de mano de obra, adaptación productiva y respuesta frente a shocks externos requiere políticas sostenidas y coordinación estable entre instituciones.

 

Usted viene de la casa, ha estado muchos años en ODEPA, fue también dirigenta de la asociación de funcionarios ¿Qué balance hace del trabajo interno durante estos años, en términos de clima laboral, carrera funcionaria y fortalecimiento del equipo técnico?

 

Haber sido funcionaria de carrera me ha permitido entender bien las dinámicas internas de la institución y la importancia de cuidar los equipos. Durante estos años trabajamos en fortalecer el clima laboral y en abrir espacios más sistemáticos de diálogo y coordinación interna, a través de instancias como el Comité Directivo y el Comité Directivo Ampliado, incorporando también a la Asociación de Funcionarios en ciertos procesos institucionales.

Al mismo tiempo, avanzamos en profesionalizar y ordenar distintos procesos internos, tanto en gestión administrativa como en gestión de personas. Un ejemplo de ello fue la creación de la Unidad de Gestión de Convenios y Contratos, que permitió fortalecer los estándares de control y seguimiento de convenios y transferencias. También se avanzó en políticas internas como la movilidad del personal y en el fortalecimiento del equipo técnico.

Siempre hay espacio para seguir avanzando, especialmente en materias como carrera funcionaria, especialización y desarrollo de capacidades, que son claves para una institución cuyo principal capital es su equipo profesional.

 

¿Qué lecciones personales y profesionales se lleva de haber encabezado el principal servicio de estudios y políticas agrarias del país?

 

Encabezar Odepa ha sido una experiencia profundamente desafiante y al mismo tiempo muy enriquecedora. Una de las principales lecciones es que las buenas políticas públicas requieren siempre combinar rigurosidad técnica con capacidad de diálogo y articulación entre actores muy diversos. El sector agroalimentario es complejo, conviven intereses productivos, territoriales, ambientales y comerciales, y avanzar requiere construir confianzas y acuerdos.

También reafirmé la importancia de las instituciones técnicas del Estado. En contextos de alta incertidumbre, contar con información sólida y análisis independiente es clave para tomar decisiones responsables y de largo plazo.

Y, en lo personal, la convicción de que los equipos son lo más importante. Los logros institucionales nunca son individuales; son el resultado del compromiso y la capacidad de muchas personas que creen en el valor del servicio público.

 

Le gustaría entregar algún mensaje de futuro… tiene plena libertad aquí, qué diría.

Odepa es una institución estratégica para el país. Su fortaleza está en la rigurosidad técnica, en la calidad de su información y en su vocación de servicio público. En un mundo cada vez más incierto, donde las crisis internacionales —incluidos escenarios de conflicto— pueden afectar directamente los sistemas alimentarios y las cadenas de suministro, contar con una institución técnica del Estado que entregue información confiable y continuidad en el análisis y la toma de decisiones es fundamental.

El desafío hacia adelante es seguir anticipando escenarios y acompañando al sector silvoagropecuario en un contexto global cada vez más exigente, fortaleciendo la capacidad del país para tomar decisiones oportunas y resguardar la seguridad y sostenibilidad de su sistema agroalimentario.

 

 

 

 

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