Noticias Agrícolas
25 de marzo de 2026 | 06:35

Brasil alcanza 5 millones de hectáreas de caña protegidas con control biológico

Imagen: Koppert Brasil
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Avance de Trichogramma galloi contra la broca de la caña marca un nuevo hito para la agricultura brasileña y consolida una tecnología desarrollada a partir de décadas de investigación entre ESALQ/USP, Koppert Brasil y, más recientemente, SPARCBio y FAPESP.

Brasil acaba de marcar un nuevo punto de inflexión en el control biológico aplicado a cultivos extensivos. De acuerdo con la información contenida en el documento base proporcionado por Koppert Brasil señala que el país alcanzó los cinco millones de hectáreas de caña de azúcar protegidas contra la broca mediante el uso de Trichogramma galloi, una microavispa parasitoide desarrollada y perfeccionada en una larga trayectoria de investigación nacional. 

El hito no solo confirma la escala alcanzada por esta herramienta en uno de los cultivos más estratégicos del agro brasileño, sino que además vuelve a poner a Brasil en el centro del mapa mundial del biocontrol, en un momento en que el uso de agentes biológicos gana terreno frente a los esquemas convencionales de manejo de plagas. Como contexto, investigadores vinculados a ESALQ/USP y FAPESP ya señalaban que Brasil posee el mayor programa de control biológico del mundo y que el país se ha convertido en una referencia internacional en adopción de estas soluciones.

La importancia del avance se entiende mejor al observar el problema que busca resolver. La broca de la caña, Diatraea saccharalis, es una de las plagas más dañinas para este cultivo en Brasil. El producto comercial basado en T. galloi, hoy conocido como Galloibug, actúa en forma preventiva sobre los huevos de la plaga, interrumpiendo el ciclo antes de que la larva penetre el tallo y provoque pérdidas de rendimiento y calidad. 

En la propia descripción técnica de Koppert Brasil se explica que este agente biológico puede ser usado desde el inicio de la infestación, que trabaja sobre la fase huevo y que incluso puede combinarse con Cotesia flavipes para una estrategia complementaria, ya que una actúa sobre huevos y la otra sobre larvas.

Ese detalle técnico es relevante para entender por qué esta tecnología logró escalar. En caña de azúcar, llegar antes que el daño es decisivo. La acción de Trichogramma galloi en la etapa más temprana del ciclo de la plaga ofrece una ventaja agronómica evidente: evita que el problema se exprese a nivel del tallo, donde el perjuicio económico y productivo ya está instalado. 

Justamente esa capacidad de cortar el ciclo desde el huevo explica que esta solución haya superado limitaciones de estrategias anteriores y haya contribuido, además, a una mejora en la calidad de la caña. El producto es presentado por Koppert como una herramienta compatible con manejo integrado de plagas y con estrategias de reducción de resistencia a insecticidas químicos, reforzando su valor en una agricultura cada vez más presionada por la sostenibilidad y la eficiencia.

La historia detrás de este resultado es larga y revela cómo la innovación agrícola de alto impacto rara vez nace de un salto repentino. El documento analizado sitúa los primeros esfuerzos en la década de 1960, cuando el profesor Domingos Gallo, entonces al frente del Departamento de Entomología y Acarología de ESALQ/USP, impulsó la búsqueda de enemigos naturales para la principal plaga de la caña. Más tarde se ensayaron distintas especies nativas y se avanzó también con Cotesia flavipes, que llegó a proteger millones de hectáreas y se convirtió en el primer gran caso de éxito del control biológico en commodities en Brasil. 

Sin embargo, las limitaciones posteriores en superficie tratada abrieron el camino para nuevas soluciones. La literatura científica disponible sobre T. galloi muestra que José Roberto Postali Parra estudia esta avispa desde 1984 y que fueron necesarios 16 años, entre 1984 y 2000, para desarrollar las técnicas que hicieron viable su uso a escala productiva.

Esa trayectoria explica también el carácter estratégico de la alianza institucional detrás del proyecto. ESALQ/USP, una de las unidades académicas más reconocidas de la Universidad de São Paulo en ciencias agrarias, aportó la base científica y experimental; Koppert Brasil cumplió el rol de escalamiento y llegada al mercado; y FAPESP, una de las principales agencias de financiamiento científico y tecnológico de Brasil, se integró a esta dinámica mediante SPARCBio, el Centro de Investigación Avanzada de São Paulo para Control Biológico, instalado en Piracicaba y dirigido por el propio Parra. 

La creación de SPARCBio fue anunciada por FAPESP y Koppert en 2020 precisamente en ESALQ/USP, con el objetivo de acelerar nuevas tecnologías de control biológico y ampliar la cartera de soluciones disponibles para la agricultura brasileña.

En ese marco, el hito de los cinco millones de hectáreas no puede leerse solo como un dato comercial. Es, sobre todo, la expresión de un modelo de innovación donde universidad, financiamiento público y empresa privada logran empujar juntos una solución hasta hacerla masiva. En el documento compartido, Parra subraya que alcanzar esa superficie con una tecnología desarrollada en Brasil demuestra la calidad de la investigación local y su potencial para hacer la agricultura más sostenible y competitiva. 

Esto se relaciona con la estrategia que FAPESP y SPARCBio vienen promoviendo desde hace años: transformar el conocimiento científico en aplicaciones concretas para el agro tropical, con capacidad de transferencia al mercado y, eventualmente, de exportación tecnológica.

Plantaciones más productivas : Revista Pesquisa Fapesp

El contexto sectorial también acompaña esa expansión. Datos presentados por investigadores de ESALQ/USP en 2024 indican que cerca del 90% del área destinada al cultivo de caña de azúcar en Brasil ya utiliza enemigos naturales para el combate de plagas agrícolas, mientras el número de productos biológicos registrados en el país sigue creciendo de manera sostenida. 

Esa masificación ayuda a explicar por qué Brasil aparece hoy como uno de los líderes globales en biocontrol y por qué la caña se ha convertido en una de las vitrinas más sólidas para demostrar que estas herramientas pueden funcionar no solo en sistemas intensivos o bajo invernadero, sino también en grandes superficies a campo abierto.

Además, la evolución operativa de esta tecnología revela otro cambio silencioso en la agricultura brasileña: la profesionalización de la aplicación biológica a gran escala. Ya en 2020, Parra señalaba que T. galloi sería liberado en dos millones de hectáreas y que 91% de esas liberaciones se realizaría con drones, una señal temprana de que la combinación entre biocontrol y agricultura de precisión empezaba a redefinir el manejo fitosanitario en caña. Hoy, con cinco millones de hectáreas alcanzadas según el material entregado, la escala es otra, pero la lógica sigue siendo la misma: integrar conocimiento entomológico, capacidad industrial, logística de campo y tecnologías de aplicación para que el control biológico deje de ser una promesa y opere como una herramienta robusta del negocio agrícola.

En conclusión se confirma la consolidación de Trichogramma galloi como una de las herramientas más relevantes en el manejo de la broca de la caña en Brasil. Por otro, muestra cómo el país está construyendo una plataforma propia de soluciones biológicas con sello tropical, apoyada en ciencia local y con proyección internacional. 

En tiempos en que la agricultura exige reducir residuos, ganar eficiencia y sostener competitividad sin perder productividad, el caso de la caña brasileña deja una señal potente: el control biológico ya no es un complemento marginal, sino una pieza central de la nueva agronomía.

 

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