Noticias Agrícolas
2 de marzo de 2026 | 06:43

Cancro bacteriano del tomate: detectan genes ligados a resistencia al cobre en cepas de Chile

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Investigación liderada por la Dra. Miryam Valenzuela del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF) analizó cepas de Clavibacter michiganensis y halló determinantes genéticos asociados a tolerancia al cobre, insumo clave en el control preventivo del cancro.

El tomate, cultivo clave para la agricultura en la zona central, enfrenta un desafío fitosanitario que ya venía comentándose en campo y que ahora suma evidencia científica. Un estudio difundido por Ciencia en Chile, basado en un paper publicado recientemente, documentó que cepas chilenas de Clavibacter michiganensis, bacteria causante del cancro bacteriano del tomate, están mostrando distintos niveles de tolerancia al cobre, una de las herramientas más utilizadas para el control preventivo de enfermedades en el cultivo.

La investigación analizó cinco cepas recolectadas en campos de Chile, incluyendo muestras de las regiones de Valparaíso, O’Higgins y Maule. Los resultados describen una división preocupante: algunas cepas presentan resistencia moderada, mientras otras logran resistir concentraciones más altas de cobre, lo que en la práctica puede traducirse en menor desempeño de los productos comerciales cuando el manejo depende casi exclusivamente de aplicaciones cúpricas.

El análisis también pone contexto agronómico sobre una limitación crucial: la bacteria coloniza internamente la planta, en el sistema vascular, y el cobre no actúa con eficacia cuando el patógeno ya ingresó. En palabras de la investigadora, su efecto es principalmente preventivo, lo que vuelve determinante la oportunidad de aplicación y, al mismo tiempo, deja expuesta una estrategia que se vuelve frágil si la tolerancia bacteriana continúa aumentando.

 

La “presión de selección”: cuando el cobre empieza a perder terreno

 

Se señala que el uso intensivo de compuestos de cobre ha generado una “presión de selección”. Traducido a terreno, significa que al aplicar reiteradamente el mismo tipo de control, sobreviven y se multiplican los individuos que mejor se adaptan. En este escenario, la consecuencia más directa para el productor suele ser doble: sube el costo por mayor frecuencia o dosis de aplicación y, al mismo tiempo, aumenta el riesgo ambiental y agronómico por acumulación de cobre en suelo y potencial impacto en agua.

La propia Dra. Valenzuela advierte que la transferencia de material genético entre bacterias en el campo no se puede controlar y que, frente a esa dinámica, es necesario bajar la presión del ambiente utilizando medidas de control diversas y no apoyarse en un solo producto.

El elemento central del trabajo es la identificación de determinantes genéticos que ayudan a la bacteria a defenderse frente a altas concentraciones de cobre. Todas las cepas estudiadas tendrían un sistema básico de homeostasis, pero las más resistentes incorporan un “arma adicional”: el gen copB

Según se describe, este gen codificaría una proteína asociada a la membrana que funciona como una bomba de expulsión, permitiendo a la bacteria sacar el exceso de cobre y protegerse. El artículo explica que muchas cepas cuentan con una bomba CopA, pero las más tolerantes suman CopB, aumentando su eficiencia para resistir el estrés provocado por las aplicaciones.

El punto que enciende luces de alerta para zonas productoras es que las bacterias pueden transferir genes entre sí, lo que acelera la expansión de la tolerancia en un predio o sector. La investigadora señala además que este gen adicional ya estaba presente en cepas desde 2005, y plantea la necesidad de ampliar el muestreo para determinar cuán extendido está en distintas localidades.

 

Impacto productivo: más costos y menos eficacia preventiva

 

En regiones con alta superficie de tomate industrial y de consumo fresco, la diseminación de cepas con copB implica que la eficacia de los productos comerciales puede disminuir y el cobre perder capacidad de control preventivo. Esto empuja a muchos productores a intensificar aplicaciones, encareciendo el programa y sumando presión sobre el suelo, justo cuando el cancro bacteriano es considerado una enfermedad de alto impacto capaz de comprometer grandes superficies si se queda sin herramientas eficaces.

La conclusión es que el manejo ya no puede depender de un solo químico. Se plantea un llamado a diversificar estrategias incorporando medidas complementarias como controladores biológicos, desinfección estricta de herramientas y vigilancia genética para saber con precisión qué cepas están presentes y con qué capacidades. Para el productor, la señal práctica es que la estrategia de temporada debe migrar desde la repetición de una misma herramienta hacia un enfoque integrado que reduzca presión de selección y proteja la eficacia de los controles disponibles.

Si me dices si tu audiencia principal es tomate industrial o fresco, puedo ajustar la nota con un cierre más “de campo”, orientado a decisiones operacionales de temporada (sin viñetas, como pides) y con un enfoque de impacto en costos, condición del cultivo y riesgo de diseminación.

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