Noticias Agrícolas
Por Andrea Bustos , 6 de marzo de 2026 | 06:05

Con manos de mujer: el agro que alimenta, innova y resiste... testimonios

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Con el Día Internacional de la Mujer aproximándose y a las puertas del Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026, voces públicas, de la ciencia, de gremios e industria retratan avances, brechas y el liderazgo silencioso que mantiene en pie la cadena agroalimentaria.

Cada 8 de marzo no solo se conmemora una fecha, en el Día Internacional de la Mujer,  sino que se vuelve a poner luz sobre trabajos que históricamente han sostenido la vida sin hacer ruido. En el agro, esa verdad se toca con las manos. Porque antes de que un fruto llegue a la mesa o cruce fronteras en un contenedor, hubo una cadena de decisiones, cuidados, registros, turnos, madrugadas y aprendizajes que muchas veces tuvieron nombre de mujer.

Y este año, además, la conversación se abre con un horizonte simbólico y político que viene en camino, la FAO y la ONU impulsan el Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026, una invitación mundial a reconocer el rol de las agricultoras y a cerrar brechas reales de acceso a recursos, tecnología, capacitación, mercados y espacios de decisión.

En Chile, esa urgencia se traduce en rostros y trayectorias concretas. Desde el Estado, Andrea García, directora nacional de ODEPA, advierte que las mujeres han estado siempre en el corazón de la producción de alimentos, pero aún chocan con brechas estructurales. En la empresa hortícola, Marcela Reyes, de Horticrece, observa una evolución: más mujeres visibles y liderando, aunque todavía con una deuda grande en cargos técnicos y en toma de decisiones. 

En el mundo de los negocios globales, Karina Rojas, agrónoma y empresaria con vínculos en Estados Unidos, empuja una idea incómoda y potente: el lugar no se pide, se construye con preparación y resultados. En el ámbito gremial, María Inés Figari, presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte, pone el foco donde duele: agua, seguridad, competitividad, futuro territorial… y la convicción de que sin mujeres, la historia exportadora simplemente no se cuenta igual.

El mapa se completa con otras miradas igual de necesarias: Patricia Villarreal, directora ejecutiva de AFIPA, recuerda que aumentar presencia no basta si no se traduce en influencia real; Francisca Gebauer, directora ejecutiva de CampoLimpio, subraya el liderazgo femenino en sostenibilidad y cumplimiento; Fernanda Álvarez Viveros, regional manager Sudamérica de PSB Producción Vegetal, advierte que el desafío es cultural, de redes y conciliación, y que el agro necesita diversidad por eficiencia y sostenibilidad.

Desde el sector privado, Isabel Widmer, gerenta general de Abud &Cía., habla del “pilar silencioso” que hoy toma liderazgo; Myriam Valenzuela, ex presidenta de SOCHIFIT, pone sobre la mesa el sesgo persistente en directorios y paneles; Diana Vásquez, productora de aguacate colombiano y miembro de Corporhass,  recuerda algo esencial: las mujeres fuimos las primeras agricultoras y hoy el reto es romper la informalidad.

También Marta Opazo, jefe técnico del Programa PRODESAL, Nogales, V Región, Valparaíso, Chile, aterriza la brecha en lo cotidiano, desde alfabetización digital hasta redes sociales para vender; y Paula Santibáñez, investigadora del Centro Agrimed de la Universidad de Chile, es tajante: sin mujeres en gobernanza y toma de decisiones, la adaptación al cambio climático queda coja.

Finalmente desde la juventud misma, una ingeniera agrónoma que se incorpora recién al mundo laboral, Constanza Carmach, dice que el Día de la Mujer es necesario conmemorarlo siempre, ya que jóvenes agrónomas llegan preparadas y con ganas, pero aún enfrentan sesgos y deben “demostrar el doble” para ganar credibilidad en terreno.

 

A continuación, las voces íntegras sin edición de lo que dijeron las entrevistadas, no dejes de leerlo, es parte de la reflexión que no solo se debe dar este día sino siempre.

 

Marcela Reyes: Gerente O'Higgins HortiCrece

"Si pienso en la mujer y el agro, y sus desafíos a enfrentar. Puedo decir que he visto una evolución de la mujer, definida como un actor clave también y decisivo, dado los desafíos que hoy en día se están presentando, tanto por cambio climático, como por conflictos sociales, esto hace que la mujer cumpla un rol clave y decisivo. 

Esto se da principalmente por ciertos atributos que tiene la mujer en términos de su capacidad de autogestión, en general las mujeres tienen un alto valor de la confiabilidad, atributos de la resiliencia, desde la adaptabilidad y con un fuerte enfoque que es natural y orgánico que se hace a la equidad. 

Estos atributos son decisivos y claves para las organizaciones, para la toma de decisión, agregan valor directo, sostenible y estratégico a toda la empresa hortícola y a la cadena agro productiva. Vemos que puestos de liderazgo son ocupados por mujeres, por eso actualmente las empresas  tienen un compromiso que está vinculado con ocupar estos puestos de liderazgo femenino.

Si bien se ha ido incrementando estas plazas, todavía estamos al debe en los cargos de toma de decisión. También en los cargos técnicos continúa un gran posicionamiento de los hombres, esto también es una oportunidad y desafío para las mujeres a enfrentar.

Justamente cómo nos posicionamos en estos cargos más técnicos, en estos cargos que nos orientan de manera más integrada respecto a estos cambios que se vienen dando en el agro. Yo ahí considero que la participación femenina está al debe. Si bien ha crecido en algunos puntos de liderazgo, falta espacio en  los cargos más bien técnicos.

La mujer siempre ha ocupado roles más bien vinculados a la gestión: de huertos, unidades productivas, pero vinculada a la toma de decisión. En este sentido, creo que los principales desafíos a enfrentar, son las brechas culturales y de reconocimiento, hay obviamente un exceso desigual a la formación y al acceso a la tecnología. Sobre todo pensando en las mujeres que están en las zonas más rurales y la conciliación del trabajo y la vida personal.

Y otra brecha que considero es la poca visibilidad en los cargos directivos. Si bien ahí hay, necesariamente estos cargos directivos obligan un alto compromiso operativo y por lo tanto sabemos que la presencia femenina ahí es baja, sobre todo liderando asociaciones, cooperativas o empresas del sector. 

 

Constanza Carmach: Joven ingeniera agrónoma, que se incorpora hace pocos años al mundo laboral en el sector de la uva de mesa y la cereza

"Para mí, conmemorar el Día Internacional de la Mujer no es solo mirar hacia atrás y reconocer lo que otras abrieron antes; es también mirar el presente con honestidad y preguntarnos qué estamos haciendo hoy para que las mujeres podamos desarrollarnos de verdad en el agro. Yo recién me incorporo al mundo laboral como agrónoma, y esta fecha me toca desde un lugar concreto: el de una generación joven que llega con ganas, con formación y con una mirada distinta, pero que todavía se encuentra con barreras.

Los jóvenes profesionales del agro estamos entrando a un sector apasionante, exigente y profundamente humano. Es un mundo donde el conocimiento técnico se pone a prueba todos los días, donde hay que aprender rápido, escuchar mucho y adaptarse a una realidad cambiante: clima, mercados, tecnología, costos, personas. Pero también es un rubro donde las redes pesan, donde el cómo se ha hecho siempre a veces se impone, y donde no siempre es fácil hacerse un espacio cuando una está empezando.

Y ahí es donde ser mujer marca diferencias. No porque no podamos, sino porque todavía existen prejuicios y sesgos —a veces explícitos, a veces muy sutiles— sobre nuestra capacidad para liderar en terreno, tomar decisiones técnicas o manejar equipos. Muchas veces la dificultad no es el trabajo en sí, sino tener que demostrar el doble para que te den la misma credibilidad. En terreno, por ejemplo, una aprende a pararse firme, a hablar con claridad, a respaldar lo que dice con datos y con resultados, pero también a insistir cuando te intentan correr a roles “más blandos” o de apoyo. 

Por eso creo que este Día de la Mujer sigue siendo necesario: porque nos recuerda que el talento no basta si el sistema no abre oportunidades reales. Y porque también nos invita a construir un agro donde las mujeres jóvenes podamos proyectarnos sin tener que elegir entre crecer profesionalmente o cuidar nuestra vida personal. 

¿Qué necesitamos? Necesitamos mentorías y redes, para no entrar solas a un mundo que muchas veces funciona por contactos. Necesitamos espacios de formación práctica y de especialización técnica que se traduzcan en oportunidades concretas, no solo en cursos. Necesitamos empresas y organizaciones que evalúen por desempeño y no por estereotipos, y que abran rutas claras para crecer: desde jefaturas de campo hasta cargos estratégicos. Y también necesitamos condiciones que hagan posible la vida: seguridad en los traslados y en el trabajo en terreno, protocolos de respeto, y flexibilidad real cuando la vida familiar lo requiere, sin castigos ni etiquetas.

Yo quiero ser parte de un agro moderno, competitivo y sostenible, pero también más justo. Un agro donde ser joven no sea sinónimo de “no sabes”, sino de “puedes aportar”. Y donde ser mujer no sea una excepción, sino una presencia natural en los equipos técnicos, en la gestión, en la innovación y en la toma de decisiones. Conmemorar este día es recordar que no llegamos solas, y que el futuro del campo —si quiere ser futuro— tiene que construirse con más mujeres dentro, con voz, con respaldo y con oportunidades reales".

 

Karina Rojas: Agrónoma y empresaria chilena. Socia de una empresa de inspección de fruta y otra empresa de tecnología agrícola en Estados Unidos.

"Hoy no vengo a hablar de sacrificios, sino de decisiones. De la decisión de estar en un rubro históricamente masculino sin pedir permiso, pero también sin pedir privilegios.

En la agricultura, ser mujer no es un favor ni una cuota: es una ventaja competitiva cuando trabajamos con disciplina, preparación y resultados, sin esperar que “nos den” un lugar, sino ganándolo con tiempo y dedicación.

No queremos un espacio “por género”, sino porque aportamos valor real al negocio y a las personas.
Nuestras fortalezas naturales (visión de largo plazo, resiliencia, capacidad de cuidar la cadena completa: campo, personas, clientes) son exactamente lo que el agro necesita hoy. El desafío para las nuevas generaciones no es exigir reconocimiento, sino aprender a construir reputación, resultados y carácter.

La mirada que tengo de la mujer en el agro : Siempre he sentido que ser mujer es una ventaja frente al mundo. La naturaleza nos dio un instinto de supervivencia y de cuidado que ha permitido preservar la vida. Cuando llevamos eso al campo, al packing, a la exportadora, se traduce en algo muy concreto: pensamos en toda la cadena. No solo en la fruta que sale hoy, sino en el suelo que la produce, en las personas que la cosechan, en las familias que dependen de esta industria.

Nuestra perseverancia, nuestra fortaleza, nuestra honestidad y nuestra claridad en los objetivos son herramientas de negocio, no solo cualidades personales.

Mi recomendación hacia las futuras generaciones y a las mujeres jóvenes que miran el agro desde afuera y piensan que esto no es para ellas, quiero decirles algo: no necesitan ser perfectas para empezar, pero sí necesitan ser serias con el trabajo. 

El campo y la agroindustria perdonan los errores, pero no perdonan la falta de compromiso. Cada visita a un huerto, cada turno en un packing, cada decisión en una oficina es una oportunidad para demostrar de qué estamos hechas.

No se trata de levantar la mano y decir ‘soy mujer, inclúyanme’, sino de llegar tan preparadas que la pregunta sea: ‘¿cómo no te vamos a incluir?’.” No estamos aquí por ser mujeres; estamos aquí por lo que somos capaces de construir. El agro necesita de nosotras, pero nos necesita preparadas, conscientes y unidas. Necesita mujeres que se atrevan a liderar equipos, a tomar decisiones difíciles, a innovar en tecnología, a exigir buenas prácticas laborales y a cuidar la tierra como si fuera parte de su familia, porque lo es. Feliz dia de la Mujer”

 

María Inés Figari: Presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN) y directora nacional de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA)

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“Este 8 de marzo, cuando hablamos de la mujer en el agro, no hablo desde la teoría: hablo desde una vida entera caminando el campo, viendo cómo las mujeres han sostenido —con trabajo, temple y cariño— la producción y también la familia. He visto su aporte en la uva de mesa, en los packing, en la administración silenciosa del hogar rural, y en esa capacidad de seguir adelante incluso cuando el escenario se pone cuesta arriba. 

Por eso, para mí, reconocer a cada una de las mujeres y las del sector agrofrutícola no es una consigna: es un acto de justicia y gratitud.


Hoy, además, quiero poner en valor lo que somos como agricultura chilena: no solo una actividad económica, sino una base estratégica para la vida y donde las mujeres son protagonistas. Yo lo he dicho antes: tenemos que mirar el futuro con una convicción simple y poderosa, que la alimentación —junto con el agua— debe entenderse como un derecho esencial. En tiempos de incertidumbre global, producir alimentos no es un detalle: es soberanía, es seguridad y es dignidad para los territorios.

Aun así, yo no me quedo en el diagnóstico. Me quedo con la esperanza —con la ilusión, incluso— de que podemos construir tiempos mejores si actuamos unidos y dando espacios a las mujeres que poseen el conocimiento.

Y aquí vuelvo al corazón de este mensaje: las mujeres. No solo han estado siempre; hoy también están llamadas a liderar más, a participar más, a atreverse más. Yo misma he dicho que “los espacios los tenemos que ir ganando nosotras”. Mi compromiso es seguir empujando las condiciones para que el campo tenga futuro, para que la fruticultura siga siendo orgullo de Chile, y para que las mujeres —en cada eslabón de esta cadena agroexportadora— sean reconocidas, respetadas y respaldadas como lo que son: un pilar imprescindible del desarrollo del país.”

 

Fernanda Álvarez: Agrónomo y Magíster en Ciencias, Regional Manager Sudamérica - PSB Producción Vegetal Ing. 

 

"La inserción de la mujer en el agro ha avanzado mucho en la última década, pero aún falta su consolidación. Cada vez vemos más mujeres en cargos técnicos, de gestión, de investigación y de dirección. No como una tendencia pasajera; si no que como respuesta a un cambio más estructural, donde la agricultura necesita un perfil más profesional, con mayor capacidad de gestión y de análisis de datos, y una visión más estratégica. En todas estas dimensiones, las mujeres podemos aportar enormemente.

Pero, quedan desafíos importantes. El primero es cultural. El agro históricamente ha sido un espacio masculino, donde todavía existen sesgos, muchos de ellos inconscientes sobre la capacidad técnica o de liderazgo femenino. Para superarlo se necesita algo más que sólo buenas intenciones: implica visibilizar referentes, abrir espacios reales de toma de decisiones y medir resultados en base a desempeño, no a estereotipos.

Otro desafío es la conciliación entre vida laboral y personal. El trabajo agrícola tiene estacionalidad, mucho terreno y horarios extensos. Para muchas mujeres, especialmente durante la maternidad, puede transformarse en una gran complicación. Aquí necesitamos políticas de mayor flexibilidad y condiciones laborales que no castiguen la maternidad ni la vida familiar.

También, es clave el acceso a redes. En el agro, las decisiones muchas veces se toman en espacios informales. Las mujeres necesitan integrarse a esas redes y, al mismo tiempo, fortalecer redes propias de colaboración. La asociatividad y el acompañamiento entre profesionales mujeres son un gran aporte. 

Respecto a las ayudas que serían necesarias, creo que hay tres pilares fundamentales:
La formación y especialización continua, especialmente en áreas técnicas, comerciales y de gestión. La excelencia profesional es la mejor herramienta para derribar prejuicios.
Políticas públicas y privadas que incentiven la participación femenina en cargos de decisión, no como cuota simbólica, sino como estrategia para la competitividad del rubro.

La visibilización de referentes femeninos, esto permite a las nuevas generaciones proyectarse en el sector con más confianza.

Personalmente, creo que el agro necesita más mujeres no por una razón de equidad únicamente, sino por eficiencia y sostenibilidad. La diversidad mejora la toma de decisiones, amplía la mirada estratégica y fortalece la resiliencia de las empresas.

El desafío no es demostrar que podemos estar en el agro; eso ya está demostrado. El desafío es consolidar liderazgos, generar condiciones estructurales justas y avanzar hacia un sector donde el talento, independiente del género, sea el verdadero criterio para el desarrollo de una carrera.”

Patricia Villarreal: Directora Ejecutiva de la Asociación Nacional de Fabricantes e Importadores de Productos Fitosanitarios Agrícolas, AFIPA


"Si bien las estadísticas muestran que la agricultura sigue siendo una actividad mayoritariamente desarrollada por hombres —78% hombres versus 22% mujeres—, en el último tiempo es evidente que la presencia femenina en el sector ha crecido. 

Hoy el ingreso a las carreras enfocadas en el agro y la producción de alimentos es paritario y las mujeres están en todas las áreas de la producción agroalimentaria: en los campos, liderando equipos técnicos, emprendiendo, investigando, formando nuevas generaciones. Y eso es una muy buena señal.

Estamos en un momento desafiante. Las exigencias ambientales, regulatorias y comerciales son cada vez mayores, y por eso, el sector necesita todo el talento disponible para enfrentar los desafíos de sostenibilidad y seguridad alimentaria, tanto en el mercado interno como en el internacional. Incorporar más mujeres en espacios de decisión no es solo un tema de equidad; es una necesidad estratégica si queremos que el sector siga siendo competitivo y tenga proyección global.

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Ahora bien, también es cierto que persisten brechas importantes. La presencia femenina no siempre se traduce en participación en los niveles más altos de decisión, donde se definen inversiones, innovación o estrategias de largo plazo. Por eso, el desafío trasciende a la representación, se trata de alcanzar una influencia real en la toma de decisiones.

Para avanzar, necesitamos visibilizar su aporte y el compromiso real de las empresas, organizaciones y como país para desarrollar programas de liderazgo, mentorías, formación continua y procesos de promoción transparentes. No basta con abrir la puerta de entrada; hay que generar las condiciones para que más mujeres puedan proyectarse y asumir mayores responsabilidades.

Históricamente, el trabajo de las mujeres en el sector agroalimentario ha sido silencioso. Es imperativo reconocer su valor para transitar hacia una producción de alimentos más sostenible y resiliente ante los desafíos del futuro.”

 

Isabel Widmer: Gerenta general de Abud &Cía.

“La mujer siempre ha estado presente en el agro chileno. Desde generaciones ha sido el pilar silencioso del campo: trabajando la tierra, administrando el hogar, apoyando los procesos productivos y sosteniendo a la familia rural.

Hoy, esa presencia ya no es solo silenciosa. Las mujeres estamos asumiendo posiciones de liderazgo en el agro chileno, tomando decisiones estratégicas, dirigiendo predios, innovando y aportando una mirada distinta y complementaria.

En un país agrícola como Chile, donde históricamente el liderazgo ha estado centrado en hombres, la inserción femenina no solo es un acto de justicia, sino también una oportunidad de crecimiento para el sector. 

La mujer aporta equilibrio: por esencia somos más adversas al riesgo, más estructuradas, más planificadas. Esa capacidad de organización y visión de largo plazo fortalece la gestión agrícola y complementa los liderazgos tradicionales.

Sin embargo, aún existen desafíos importantes: mayor acceso a financiamiento, capacitación técnica, redes de contacto y espacios reales de toma de decisión. También es fundamental avanzar en corresponsabilidad familiar, porque el apoyo del entorno —pareja, hijos y familia— es indispensable para que una mujer pueda liderar sin tener que elegir entre su desarrollo profesional y su rol familiar.

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Para seguir avanzando se necesitan políticas públicas, programas de formación en liderazgo y gestión, y visibilizar más casos de éxito femenino en el agro.

La mujer no llega a reemplazar a nadie, llega a complementar, a fortalecer y a aportar equilibrio. El agro chileno crece cuando hombres y mujeres lideran juntos.

Porque el campo necesita diversidad, visión y compromiso. Y en eso, la mujer siempre ha sido —y seguirá siendo— un pilar fundamental.”

 

 

Marta Opazo: Ingeniero agrónomo, jefe técnico del Programa PRODESAL, Nogales, V Región-Chile.

"Quiero resumir sin rodeos: en el campo, la presencia femenina no es una novedad, sino una realidad histórica. Siempre han habido mujeres trabajando en el agro. 

Muchas de ellas sostienen parte importante de la economía familiar: aportan con ingresos propios al predio, complementan el trabajo de sus parejas y, sobre todo, empujan un objetivo que se repite generación tras generación: son ellas las que desean sacar a sus hijos adelante, en estudios y oportunidades.

Pero si antes la barrera estaba en lo básico “de saber leer y escribir” para acceder, por ejemplo, a cursos de SENCE o capacitaciones de manipulación de alimentos,  hoy las brechas se trasladaron hacia lo tecnológico.  

En el último tiempo la desigualdad se expresa en el acceso y manejo de herramientas digitales: alfabetización digital, uso del celular para vender, manejo de redes sociales, nociones de marketing y, especialmente, la capacidad de llevar registros de costos y ventas. A las mujeres le puede costar, pero salen adelante con ese ímpetu que las caracteriza,  se van “empoderando” a medida que incorporan nuevas habilidades, muchas veces con apoyo de asesorías técnicas en terreno.”

 

Francisca Gebauer: Directora Ejecutiva de CampoLimpio. Sistema de Gestión de envases agroindustriales 

"Si pienso en la inserción de la mujer en el agro, creo que ha avanzado de manera sostenida y hoy vemos a más mujeres liderando predios, equipos técnicos y procesos de innovación. 

En el ámbito de la sostenibilidad y el reciclaje agrícola, su rol ha sido especialmente relevante: muchas veces son ellas quienes impulsan buenas prácticas, ordenan procesos y promueven una cultura de cumplimiento al interior de las empresas y comunidades rurales. 

Este avance no ha sido fácil. El sector agrícola, como muchos otros, ha estado tradicionalmente marcado por estructuras culturales donde la toma de decisiones y la propiedad han estado mayoritariamente en manos masculinas. Si bien se ha progresado, aún persisten brechas en el acceso a espacios de decisión, financiamiento, participación en áreas técnicas y mayor representación en instancias gremiales y directorios.

Los desafíos son múltiples: fortalecer la presencia femenina en cargos estratégicos, promover igualdad de oportunidades en formación técnica y liderazgo, facilitar el acceso a redes de apoyo y financiamiento, y avanzar en condiciones que permitan compatibilizar desarrollo profesional y vida familiar, especialmente en contextos rurales donde la oferta de servicios es más limitada. 

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Para avanzar, necesitamos visibilizar más referentes femeninos en el agro sostenible, generar oportunidades de formación —incluyendo en economía circular y gestión ambiental— y promover condiciones que permitan compatibilizar desarrollo profesional y vida familiar.

El reciclaje y la correcta gestión de envases en el sector agrícola no son sólo una exigencia normativa, sino una oportunidad de transformación cultural. Y en ese cambio, las mujeres están llamadas a cumplir un rol clave, aportando liderazgo, mirada de largo plazo y compromiso con el desarrollo sostenible del agro chileno.

Si bien se ha avanzado, queda un largo camino por recorrer. El desafío es consolidar un agro más inclusivo, moderno y sostenible, donde el talento y liderazgo femenino no sean la excepción, sino parte estructural del desarrollo del sector.”

 

Myriam Valenzuela: Ingeniera agrónoma, Master en Biotecnología Vegetal y Doctora en Biotecnología. Ex presidenta SOCHIFIT 2023-24

 

"Creo que poquito a poco las mujeres nos hemos insertado en diferentes actividades asociadas al agro, cargos de responsabilidad, pero todavía en cargos medios. Son escasas las mujeres que están en directorios de empresas y asociaciones y también esto se ve en paneles de discusión que aún son dominados por hombres.

A las mujeres nos cuesta más ganar la confianza de los agricultores, pero si una es profesional y conoce bien su tema el agricultor al final se da cuenta. Hay que ser constante y aplicada. 

Las mujeres tenemos que visibilizar más nuestro trabajo e integrarnos en instancias donde también participen hombres (tampoco me parece bueno que sean paneles solo de mujeres). 

Creo que hay que seguir evidenciando esos sesgos y mostrar lo que una hace. Mientras más mujeres sean visibilizadas, las brechas irán disminuyendo.”

 

Diana Vásquez: Productora de aguacate colombiano y miembro de Corpohass

“La inserción de la mujer en el agro ha sido el motor de una transformación vital: hace cientos de miles de años fuimos las primeras agricultoras y hoy estamos contribuyendo a que la producción de alimentos vaya más allá de las toneladas por hectárea y las productividades, ya que la mujer aporta una sensibilidad única que equilibra la eficiencia técnica con el bienestar humano y el cuidado del medio ambiente.

Hoy no solo transformamos realidades sociales y ambientales, sino que demostramos que una pequeña empresa agrícola puede ser tan excelente, segura y productiva como una gran corporación. 

En el caso de Colombia por ejemplo, el desafío ahora es romper la barrera de la informalidad en la que la gran mayoría de pequeñas fincas o huertos aún siguen inmersas. 

Para vencer estos retos, necesitamos herramientas que democraticen el conocimiento técnico y redes de apoyo que valoren nuestro liderazgo en la gestión y administración de la producción agrícola de manera que este sea buen negocio para todos y que el campo sea no solo en la despensa de las alimentos para la ciudad, sino también un generador de desarrollo y un lugar de trabajo digno, seguro y humano para todos.”

 

Paula Santibáñez: Ingeniera Civil, especializada en Geomática y doctora en Ciencias Silvoagropecuarias

 

“En el contexto actual, con sequías más frecuentes, olas de calor, heladas tardías y una disponibilidad de agua cada vez más incierta, es fundamental aumentar la participación femenina en el agro, no solo en el trabajo diario, sino especialmente en los espacios donde se decide el rumbo productivo y la gestión del riesgo. 

En los últimos años se ha avanzado en equidad de género, y eso se nota en que hoy hay más mujeres liderando equipos técnicos, emprendimientos rurales y procesos de innovación, y también en que el tema dejó de ser secundario en instituciones y programas. 

En investigación, por ejemplo, se exige o se valora la equidad de género en proyectos, y se han incorporado criterios que buscan equilibrar oportunidades, reconociendo que muchas mujeres enfrentan una carga mayor de cuidados y responsabilidades domésticas. Esa realidad se intenta abordar con medidas más habilitantes, como apoyos para continuidad, redes de mentoría, condiciones más flexibles y ambientes de trabajo más seguros y respetuosos.

Aun así, donde falta avanzar con más fuerza es en los espacios directivos y de toma de decisiones: directorios, asociaciones, cooperativas, juntas de vigilancia y estructuras gremiales, que siguen estando más cerradas o con baja representación femenina. Y ese punto es crítico, porque la adaptación al cambio climático requiere gobernanza, planificación, inversión y acuerdos, no solo buenas prácticas a nivel predial. 

Cuando las mujeres están en la mesa donde se decide, se amplía la mirada sobre prioridades, se fortalecen las redes comunitarias, mejora la gestión del agua y se acelera la adopción de soluciones prácticas, desde riego eficiente hasta estrategias de diversificación y manejo de suelos.

Por eso, aumentar la participación femenina no es un gesto simbólico: es una condición para que el agro sea más resiliente y competitivo. Se necesita seguir empujando cambios concretos desde distintas veredas: instrumentos de financiamiento y capacitación con enfoque de género, rutas reales hacia cargos de liderazgo, metas de representación en gremios y empresas, y corresponsabilidad efectiva para que el tiempo de cuidados no sea una barrera estructural. Si el agro quiere adaptarse de verdad al cambio climático, necesita más mujeres con voz, con voto y con capacidad de decisión.”

 

Andrea García: Directora Nacional de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa), servicio público chileno, dependiente del Ministerio de Agricultura, Chile.

“Las mujeres han estado históricamente en el corazón de la producción de alimentos en Chile. Sin embargo, siguen enfrentando brechas estructurales en acceso a recursos, tecnología y espacios de decisión. Superarlas no es solo una agenda de género, es una condición para un desarrollo rural más justo y para la seguridad alimentaria del país.”

 

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