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Por Andrea Bustos , 10 de marzo de 2026 | 06:45Cristina Alucema de la Cruz: “Si las mujeres no están donde se define el rumbo del agro, la industria decide con información incompleta”
La gerente general de HyTech Production Chile y directora de la Cámara Chileno Canadiense de Comercio plantea que el desafío ya no es demostrar la capacidad de las mujeres en el agro, sino abrirles espacio real en los niveles donde se define la estrategia del sector.
En un año especialmente simbólico para el sector rural y agroalimentario, en que Naciones Unidas y la FAO impulsan el Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026, y tras una nueva conmemoración del 8 de marzo recién pasado bajo el llamado a más derechos, justicia y acción para las mujeres y niñas, la conversación sobre liderazgo femenino en el agro adquiere una urgencia distinta.
Ya no se trata solo de reconocer el aporte de las mujeres en el campo, en la industria semillera o en la gestión exportadora, sino de visibilizar cuánto pierde el sector cuando ellas no participan en las mesas donde se define el rumbo productivo, comercial y estratégico.
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Cristina Alucema de la Cruz conoce esa realidad desde dentro. Es gerente general de HyTech Production en Chile, firma en la que ha asumido responsabilidades en administración, finanzas, recursos humanos y logística desde su incorporación en 2007.
Además, integra el directorio de la Cámara Chileno Canadiense de Comercio y participa activamente en instancias vinculadas a la industria de semillas, como Anpros y la Seed Association of the Americas. Su trayectoria combina gestión empresarial, visión sectorial y una defensa clara del liderazgo femenino con incidencia real.
Desde esa experiencia, Alucema plantea una idea central: las mujeres no necesitan ser incorporadas por cuota simbólica, sino por mérito, experiencia y capacidad de cuestionar, anticipar riesgos y enriquecer la toma de decisiones.
En esta entrevista, aborda cuánto ha avanzado la mujer en el agro, qué brechas siguen abiertas y por qué incluir liderazgo femenino en la estrategia no es un gesto de imagen, sino una condición para construir una industria más lúcida, competitiva y preparada para los desafíos actuales.
Para Cristina Alucema, gerente general de HyTech Production Chile y directora de la Cámara Chileno Canadiense de Comercio, el problema no está en la falta de preparación o experiencia, sino en que muchas mujeres aún no acceden a los espacios donde se fija el rumbo de largo plazo del sector.
¿Cristina la integración de mujeres en la estrategia del agro no es un tema de imagen, sino de calidad de decisión”?
En momentos en que el agro chileno enfrenta mayores exigencias en sostenibilidad, competitividad internacional, presión regulatoria e innovación, el liderazgo femenino aparece como un activo todavía subutilizado en los niveles donde se define la estrategia.
¿Cómo ha avanzado la mujer en el agro?
El avance se ha producido porque hoy existen mujeres altamente preparadas que han asumido responsabilidades reales dentro del negocio agrícola. Ya no se trata de presencia simbólica ni de representación decorativa. Se trata de profesionales que administran campos completos, toman decisiones sanitarias en momentos críticos de temporada, lideran programas técnicos complejos y negocian con mercados internacionales exigentes, respondiendo por resultados concretos.
Sin embargo, ese crecimiento visible en la operación diaria no siempre se traduce en presencia en los niveles de definición estratégica. Cuando llega el momento de discutir inversiones, diseñar el largo plazo o fijar posiciones sectoriales, la participación femenina disminuye notoriamente. Y ahí, sigue existiendo una brecha que impacta directamente la manera en que se construye el futuro del agro.
¿Qué aporta la mujer a la toma de decisiones en el agro?
El principal aporte femenino es una mirada más amplia y más completa al momento de decidir. En el agro, explica, una definición estratégica no afecta únicamente la productividad o los números del negocio. También repercute en los equipos humanos, la cultura organizacional, la relación con proveedores, el cumplimiento regulatorio y la reputación frente a mercados externos cada vez más exigentes.
En mi propia experiencia en discusiones de alta dirección, muchas veces el foco inicial está puesto en indicadores productivos o proyecciones de mercado, pero que al incorporar con mayor profundidad la capacidad real de ejecución interna y la sostenibilidad organizacional, los planes mejoran. Ese ajuste permite implementar con mayor estabilidad y menor desgaste.
Muchas mujeres del sector han logrado combinar formación técnica rigurosa con experiencia directa en gestión de personas. Esa integración evita un análisis fragmentado y contribuye a decisiones más completas, con menor margen de error y una mejor lectura de los riesgos.
En definitiva si las mujeres no están donde se define el rumbo del agro, la industria decide con información incompleta.
Una señal para el agro que viene
En el contexto del Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026, el planteamiento de Cristina Alucema dialoga con una discusión global: reconocer que las mujeres cumplen un rol esencial en los sistemas agroalimentarios, pero siguen enfrentando barreras en acceso, visibilidad y poder de decisión.
Su mirada instala un mensaje especialmente pertinente para el agro chileno: incorporar liderazgo femenino no es solo una cuestión de equidad, sino una necesidad estratégica para una industria que debe responder a mercados más exigentes, desafíos ambientales más complejos y una competencia internacional cada vez más intensa.
¿Qué brechas persisten?
La principal brecha es muy concreta: muchas mujeres están gestionando el negocio, pero no están presentes donde se decide su rumbo. Hoy hay profesionales que lideran operaciones, resuelven crisis sanitarias en temporada alta, coordinan equipos numerosos y asumen metas exigentes. Tienen experiencia, criterio y capacidad probada. Sin embargo, cuando se conforma un directorio o un comité estratégico, sus nombres todavía no aparecen con la frecuencia que debieran.
Creo que una de las razones está en la persistencia de círculos de confianza cerrados. A menudo se elige entre las mismas personas, con trayectorias compartidas o vínculos previos, lo que genera tranquilidad, pero empobrece la diversidad de perspectivas. Y cuando el entorno se vuelve más complejo, decidir siempre entre los mismos puede dejar puntos ciegos relevantes para la industria.
¿Qué se necesita para avanzar?
El primer paso es una decisión concreta de cambiar la forma en que se elige. Los directorios, dice, deben preguntarse con honestidad si realmente están ampliando su búsqueda o si siguen repitiendo nombres conocidos. Abrir redes no ocurre de manera espontánea; requiere intención y convicción.
El segundo paso apunta a profesionalizar los procesos de selección. Cuando el acceso a espacios estratégicos depende solo de la cercanía o de trayectorias compartidas, el universo se reduce. En cambio, cuando se evalúan resultados, experiencia real y capacidad de gestión, aparecen liderazgos que hoy todavía no están en el radar.
Un tercer aspecto clave es que la participación femenina tenga incidencia real. No basta con invitar a una mujer a la mesa si su opinión no pesa en la decisión final. La integración debe ser efectiva, no solo visible.
Es imprescindible visibilizar a quienes ya están liderando, especialmente si el agro quiere atraer a nuevas generaciones y demostrar que el liderazgo femenino existe, aporta y tiene espacio de crecimiento.
Finalmente, está la incorporación a instancias estratégicas debe ocurrir antes. No se puede esperar a que una mujer acumule veinte años de experiencia para recién considerarla en conversaciones de alto nivel. Exponerla antes a comités relevantes, decisiones complejas y discusiones sectoriales no solo fortalece su trayectoria, sino que mejora la calidad del debate en toda la industria.



