Noticias Frutícolas
29 de julio de 2025 | 07:15

Víctor Catán: “Chile tiene el potencial de duplicar su superficie frutícola, pero necesita seguridad y visión de largo plazo”

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El presidente de Fedefruta de Chile, Víctor Catán, elevó un claro llamado claro durante su visita a La Araucanía: Chile debe dejar de improvisar en política agrícola y enfrentar con urgencia desafíos como infraestructura, sanidad vegetal y seguridad rural.

En el marco del Seminario “Arándanos y Frambuesas: Oportunidades y amenazas, en el nuevo escenario productivo y comercial”, realizado en La Araucanía, el presidente de Fedefruta, Víctor Catán Dabike, compartió una mirada profunda, crítica y propositiva sobre el presente y futuro de la fruticultura chilena. 

 Víctor Catán durante su charla dijo que hay que replantearse el negocio frutícola. "Hay que llevarlo a lo que el consumidor quiere y no lo que queremos producir nosotros. La pregunta entonces es esta:  qué es lo que quieren los consumidores y luego cómo somos capaces de satisfacer esa necesidad.

En esta entrevista Catán con visión país, aborda desde la falta de infraestructura hasta la necesidad de revalorizar al agricultor como actor estratégico para el desarrollo de Chile.

—Usted mencionó que Chile podría duplicar su superficie frutícola. ¿Qué se necesita para lograrlo?

Se requiere voluntad política, visión de largo plazo y condiciones habilitantes. Chile tiene 386 mil hectáreas frutícolas, pero si existieran políticas agrícolas estables, infraestructura hídrica y caminos claros en temas regulatorios, podríamos fácilmente duplicar esa superficie. Lo que falta no es capacidad, sino decisión.

—¿Qué tan grave es hoy el tema de la infraestructura para el agro?

Es gravísimo. Hay embalses diseñados desde 1917 que aún no se construyen, como La Puntilla del Viento en Aconcagua. Un embalse demora 20 años en aprobarse. Pero ahora, gracias al trabajo gremial, estamos por aprobar una ley que permitirá embalses de hasta 150.000 m³ sin toda la permisología. Es un paso, pero necesitamos mucho más. No basta con regar, hay que tecnificar, asegurar conectividad, mejorar canales y proteger el recurso hídrico.

—¿Qué opinión tiene sobre el panorama fitosanitario del país?

Estamos en una situación crítica. Hoy tenemos tres plagas cuarentenarias que están amenazando seriamente nuestra competitividad: Lobesia botrana, Ceratitis capitata (mosca de la fruta) y Drosophila suzukii. Cada foco de mosca cuesta un millón de dólares y compromete exportaciones tan estratégicas como las cerezas. Las fronteras están abiertas, no hay control efectivo. No es culpa del SAG, es responsabilidad estructural del Estado.

—¿La seguridad rural está afectando las decisiones de inversión?

Totalmente. La inseguridad se ha transformado en una variable económica. ¿Quién quiere invertir en un lugar donde no sabe si volverá vivo a casa? No se trata solo del robo de un agroquímico o un transformador. Es la vida de las personas. Estamos hablando de una actividad noble, que produce alimentos. No puede estar bajo amenaza permanente.

—¿Cuál es su visión sobre el recambio varietal y los desafíos del mercado internacional?

El retail y los consumidores están exigiendo fruta homogénea y de calidad constante. No quieren una caja buena, otra regular y otra mala. Chile debe adaptarse. Hay espacio para crecer en arándanos, pero con genética nueva, con consistencia. No podemos permitir que la experiencia del consumidor sea negativa. Un cliente que se decepciona, no vuelve a comprar por semanas, y eso lo paga toda la cadena, no solo un productor.

—¿Cómo evalúa el avance de otros países, como Perú, en esta materia?

Perú apostó fuerte por la agricultura: invirtió en infraestructura, promoción, seguridad jurídica. Hoy invierte 80 millones de dólares anuales solo en marketing agroexportador. Nosotros, muy poco. Y aun así competimos. Pero no podemos seguir dormidos. Si no tomamos decisiones ya, nos van a pasar por encima. Perú ya cumplió en la mitad del tiempo su plan agrícola a 30 años. Nosotros seguimos discutiendo diagnósticos.

—¿Qué mensaje le daría al Estado y a la sociedad respecto al rol del agricultor?

El agricultor chileno no tiene color político, invierte cuando le va bien, genera empleo y produce vida. Pero está estigmatizado. En otros países lo reconocen y lo apoyan. Aquí, le ponen piedras todos los días. Necesitamos cambiar la cultura y volver a valorar la agricultura como motor de desarrollo. No se trata solo de exportar fruta, se trata de país.

—¿Y a los propios agricultores?

Les digo que se involucren, en su comunidad, en gremios, en política local. El cambio parte desde abajo. No podemos seguir esperando que otros hagan lo que nos corresponde. La fruticultura chilena tiene futuro, pero requiere unidad, estrategia y coraje. Y eso empieza en cada productor.

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