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23 de agosto de 2025 | 07:45Cerezas y kiwis en curva ascendente: la agenda técnica y gremial que salió de Curicó
Con 380 asistentes en el Criadero La Esperanza, en jornada se habló de recambio varietal, excelencia en condición y logística sin sobresaltos para 2025–2028. Se llamó al Estado, se delinearon mercados y estándares, además de recomendar coordinación en inversión y riesgo.
La segunda versión del Cherry & Kiwi Conference 2025 dejó una conclusión transversal: en un mercado cada vez más exigente, Chile solo gana espacio si entrega fruta “rica de comer”, uniforme, con sanidad y postcosecha impecables, y si asegura flujos logísticos y agua predecibles.
A ese núcleo productivo se suman dos pilares: recambio varietal y eficiencia de labores desde el campo hasta que llega al consumidor. La cita — realizada en las dependencias de lujo del Criadero La Esperanza, en Curicó, Chile, ante 380 actores del sector— combinó miradas gremiales, técnicas y comerciales con un hilo conductor: sostenibilidad como estrategia.
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Curicó movió la aguja. La gerente general de Abud & Cía., Isabel Widmer, abrió la jornada con un diagnóstico directo respecto al kiwi y la cereza, “Dos especies estratégicas, dos realidades” e hizo una invitación a la coordinación: “Las cerezas y el kiwi son dos especies estratégicas… se enfrentan a una realidad desafiante de manejos técnicos y comerciales. Estos desafíos nos llaman a trabajar colaborativamente entre todos los actores de la industria… para construir la mejor fruta para las distintas exigencias de los mercados y lograr el mejor resultado sostenible a largo plazo”.
Widmer explicó el trabajo que están realizando en Abud & Cía. con el manejo y apoyo a 420 hectáreas entre cereza y kiwi, servicios de laboratorio, packing específico de kiwi y un fondo de inversiones de 120 hectáreas, con una base de transformación estratégica sostenida en sostenibilidad, bienestar de las personas, comunicaciones y gestión de riesgo:“Estamos en una industria tremendamente riesgosa y tenemos que empezar a hablar en serio del manejo del riesgo y de cómo lo aplicamos”.
Y se refirió al contrapunto productivo que hoy viven ambos cultivos: “La cereza… exige equilibrar productividad, calibre y firmeza; lograr 12.000 kilos con 70–75% sobre 2J–A y fruta de alto calibre es un gran desafío… El kiwi, en cambio, aparece como una joyita con buen precio y multimercados, pero no es simple: hay que construir calidad y fruta rica… Hay huertos antiguos que requieren renovación y espacio para nuevas plantaciones con altos estándares”.
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Iván Marambio: “Estamos en una industria que está creciendo”
El presidente de Frutas de Chile, Iván Marambio, enmarcó el momento: “Estamos en una industria que está creciendo, está creciendo fuerte, está creciendo como nunca antes creció en términos de volumen y en términos de retorno para el país. Una industria que cada vez tiene un impacto económico mayor, que llega a muchos lugares, que viene principalmente de regiones, que está tremendamente desafiada. Hoy día más que nunca tenemos un montón de desafíos. Y para sobrellevarlos, sobrepasarlos, necesitamos al Estado. No podemos hacerlo solos, no somos una minería”.
Con cifras, Marambio sostuvo que la fruticultura rozó los 3 millones de toneladas en la temporada, que 2024 marcó US$ 8.500 millones en retornos FOB solo en fruta fresca y que el impacto económico total del rubro se acerca a US$ 30.000 millones. Subrayó que cada dólar exportado en fruta genera 24 veces más empleo que un dólar exportado en commodities.
En el frente estructural, fijó una prioridad: “Nuestro futuro de agua está en la desalación… a un valor razonable que no debería ir más allá de los US$ 0,40 por m³… En definitiva, aspiramos a mantener y mejorar el riego desde la Región Metropolitana al sur y regar el desierto desde la Metropolitana al norte, tal cual lo han hecho los peruanos”.
También advirtió algunas amenazas que perjudican a la fruticultura chilena, como las ventajas tributarias de competidores (Perú), marejadas que cierran puertos, y aranceles en EEUU aún en revisión. Su mensaje operativo para cerezas y kiwis 2025–2028: frío suficiente, bioseguridad, logística estable y agua a costos previsibles, con inversiones en calidad, trazabilidad y eficiencia como “seguro de margen”.
“El kiwi debe ser rico de comer”
El presidente del Comité del Kiwi de Frutas de Chile, Carlos Cruzat, evitó eufemismos: el kiwi es apenas 1% de la canasta frutícola global, pero su consumo crece impulsado por salud, funcionalidad y vitamina C. Lo clave es que en 20 años los precios han crecido más que los volúmenes, señal de que hay valor capturable si la oferta llega con condición y sabor.
“Hay una oferta mundial en el consumo de frutas, que nosotros somos parte, y el kiwi se inserta en eso… Hay ciertos mercados que están privilegiando frutas más caras por temas de salud… Estamos buscando supermercados en India, EE. UU., Brasil y Egipto, haciendo campañas online, buscando influencers, participando en la modificación del consumo; creemos que ese es el paso para ganar”, explicó.
En ventanas comerciales, Chile complementa al Hemisferio Norte solo si entrega calidad superior; de lo contrario, “no gana espacio”. Y ante el tránsito hacia un mundo multivarietal (amarillo/rojo/verde), el estándar que definió fue tajante: “La fruta chilena, y el kiwi, debe ser ‘rica de comer’… dulce, con acidez equilibrada y uniforme… Se requiere excelencia y pasión”.
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Cruzat agregó aspectos técnicos que los productores deben considerar sí o sí: PSA y otras plagas bajo control, resiliencia a heladas y falta de frío, suelo vivo con prácticas regenerativas, y mejoras en poscosecha, almacenaje y mecanización selectiva para bajar costos y variabilidad. En campo, Brix, acidez y uniformidad deben ser KPI tan vigilados como el rendimiento.
El encuentro regional ordenó prioridades para la industria del kiwi y la cereza: sostenibilidad como criterio de diseño del huerto y de postcosecha; recambio varietal y lectura fina de ventanas para esquivar saturaciones y sostener precio; eficiencia operativa con estandarización de labores y tecnologías que reduzcan costos; y economía de proyectos con inversiones realistas y cumplimiento técnico. Todo, con el mercado al centro: condición y sabor antes que volumen.




