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Por Andrea Bustos , 22 de septiembre de 2025 | 07:30

Juan Carlos Otivo: riego, nutrición y resiliencia hídrica para frutales de exportación

Juan Carlos Otivo (Perú)
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El ingeniero agrónomo peruano presentará en Huacho un modelo que sincroniza ETo, Kc, humedad del suelo, DPV y sensores de planta para definir láminas en pulsos, reducir estrés y asegurar calibre, firmeza y °Brix en fruta de exportación.

El asesor agrofrutícola peruano Juan Carlos Otivo estará en Huacho con una propuesta concreta: optimizar agua y nutrientes en escenarios de escasez, sostener calidad de fruta y blindar la rentabilidad de cultivos de exportación como capsicum, cítricos y uva. 

Su participación está confirmada en el VI Simposio Internacional de Berries y Cultivos de Exportación, que se realizará a partir de mañana, 25 de septiembre para concluir el viernes 26, en la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión, en Huacho (Lima, Perú), junto a un panel de especialistas latinoamericanos - Chile, Guatemala y México - en fisiología, manejo poscosecha, genética, sanidad y transformación digital. 

La organización del encuentro corresponde a la Asociación Latinoamerica de Asesores en Berries (ALAB) y la empresa peruana CropsQuito. Ver programa del Simposio aquí

Juan Carlos Otivo (Perú) es ingeniero agrónomo con maestría en agricultura sostenible y más de una década de experiencia en riego y nutrición de cultivos de exportación. Su trayectoria lo ha vinculado al diseño y la operación de fertirriego bajo goteo y pívot, al tratamiento físico–químico del agua y al soporte técnico para capsicum, palto, limón y otros frutales en la costa norte del Perú. 

Es un referente en la integración de sensores, balance hídrico y lectura fisiológica para ajustar láminas y dosis en tiempo real, con foco en rendimiento y calidad comercial.

De cara al simposio, conversamos con Otivo sobre cinco temas que concentran el interés del productor exportador: cómo definir la lámina de riego ideal en escasez, qué criterios priorizar al balancear la nutrición para rendimiento y calidad, qué tecnologías de monitoreo adoptan mejor los campos, cómo gestionar la salinización en riegos prolongados y qué lecciones replicables dejó la última sequía en el norte peruano para otras zonas áridas. 

A continuación, la entrevista cuyo énfasis está en las decisiones prácticas de campo y en el impacto en calibre, firmeza, °Brix y vida de postcosecha.

¿Cómo definir la lámina de riego ideal para maximizar eficiencia hídrica en zonas con escasez?

La lámina de riego ideal no es un valor fijo, sino que depende de la demanda atmosférica (condiciones climatológicas) y del estado fenológico del cultivo. En capsicum utilizamos la evapotranspiración de referencia (ETo) ajustada con coeficientes de cultivo (Kc) propios de la zona, complementada con monitoreo de humedad en el suelo (% de Humedad Volumetrica) y del estado hídrico de la planta (tensión foliar, balance hídrico). 

El objetivo es regar en pulsos precisos, que mantengan la zona radicular en condiciones óptimas de humedad y temperatura, brindando confort a las raíces y evitando el estrés fisiológico asociado a anoxia o a suelos sobrecalentados sobre todo en zonas áridas como las del norte del Perú. 

Aquí la consideración del déficit de presión de vapor (DPV) es clave, ya que regula la eficiencia con la que la planta transpira y moviliza nutrientes por flujo masivo, tengamos en cuenta que sincronizar la aplicación de agua con las variables ya expuestas y resaltando el DPV (DEficit de presión de vapor) nos permita no solo reponer lo perdido, sino asegurar que la planta lo absorba y lo use eficientemente, manteniendo un desempeño fisiológico estable y sostenible.

¿Qué criterios utiliza para balancear un plan nutricional que favorezca rendimiento y calidad en capsicum?

El criterio fisiológico central es respetar la demanda nutrimental según la etapa fenológica, lo que definimos a partir de la curva de extracción del cultivo (kg de nutriente/tonelada de fruta producida) y lo contrastamos con análisis de suelo, agua y hoja. Con esa información elaboramos un plan que garantice la disponibilidad de nutrientes en los momentos críticos: desarrollo vegetativo, floración, cuajado y llenado de fruto.

En la nutrición de Capsicum enfocada en “Rendimiento y Calidad) me gusta hablar de la “Trinidad Nutrimental” (enfoque personal): nitrógeno, calcio y potasio.

  • El nitrógeno impulsa el crecimiento vegetativo, que constituye la arquitectura de la planta (altura, ramas, hojas) y define la magnitud de la “fuente” de fotoasimilados que abastecerán a los órganos demandantes (los sumideros: flores y frutos).
  • El calcio asegura la integridad de membranas y paredes celulares, lo que se traduce en mayor firmeza de fruto, menor incidencia de desórdenes fisiológicos y mejor vida poscosecha. Desde la fisiología radicular, además, compite con cationes como el cadmio, reduciendo su absorción y protegiendo la inocuidad del fruto.
  • El potasio regula la apertura estomática y el transporte de azúcares por floema, lo que incide directamente en el llenado de fruto, su contenido de sólidos solubles, coloración y calidad organoléptica.

 

… y que pasa con otros nutrientes?

Por supuesto, otros nutrientes como fósforo, magnesio y micronutrientes cumplen roles estratégicos en momentos específicos (energía y raíces en fósforo, fotosíntesis en magnesio, cuajado con boro, enzimas con zinc o manganeso). 

Sin embargo, la base del rendimiento y calidad está en manejar con precisión esta Trinidad Nutrimental bajo un esquema de fertirriego eficiente, evitando excesos que generen desbalances y pérdidas.

 

¿Qué tecnologías de monitoreo recomienda para ajustar riego y fertilización en tiempo real?

Hoy en día contamos con un conjunto de tecnologías que nos permiten ajustar el riego y la nutrición con gran precisión. La clave no es solo generar datos, sino interpretarlos en función de la fisiología del cultivo.

  • Sensores de suelo (TDR, FDR): miden en tiempo real la humedad en la zona radicular y ayudan a decidir cuánto y cuándo regar, evitando tanto déficit como exceso que podrían causar anoxia radicular o estrés hídrico.
  • Estaciones de monitoreo integradas (Morfo, Phytech, SupPlant): combinan datos de clima, suelo y planta en dashboards que muestran ETo, radiación, temperatura, humedad relativa y permiten definir láminas de riego y dosis de fertilización de manera dinámica.
  • Sensores de planta: como los dendrómetros, que indican confort hídrico mediante el parámetro MDS, y los sensores de fruto, que muestran la tasa de expansión. Esto permite correlacionar la fisiología de la planta con la estrategia de riego.
  • Monitoreo de drenajes: mediante lisímetros o sensores de línea, que entregan datos de CE y pH en el drenaje para prevenir acumulación de sales y garantizar eficiencia nutrimental.
  • Imágenes satelitales y drones: con índices como NDVI o MSAVI que anticipan zonas de estrés hídrico o nutricional, facilitando ajustes sectorizados.

En conjunto, estas herramientas permiten un fertirriego en tiempo real, cuyo objetivo fisiológico es mantener el sistema radicular en condiciones óptimas, sostener un flujo transpiratorio continuo y evitar quiebres en la fotosíntesis, asegurando rendimiento y calidad en capsicum.

¿Cómo manejar el riesgo de salinización en sistemas de riego por goteo prolongados?

Cuando hablamos de salinización en riego por goteo prolongado podemos abordarlo desde dos ángulos: el sistema de riego (propiamente dicho a todos sus componentes) y el campo/cultivo.

En el sistema de riego: El riesgo aparece cuando no se respetan las solubilidades y compatibilidades de los fertilizantes. Una mala dilución o una mezcla inadecuada puede generar precipitados que se acumulan en tuberías y goteros, elevando la salinidad interna del sistema y reduciendo su vida útil. Para prevenirlo:

  • Usamos tablas de compatibilidad y trabajamos siempre bajo los parámetros correctos de solubilidad.
  • Se aplican mantenimientos preventivos con ácidos o peróxidos para purgar líneas y evitar incrustaciones.

En el campo/cultivo: Aquí la salinización se da por acumulación de sales en la rizósfera, lo que compromete la absorción de agua y nutrientes, afectando procesos fisiológicos clave como la transpiración y el transporte de fotoasimilados. Para manejarlo:

  • Se controla la calidad del agua (CE, pH, sodio, cloruros, RAS) para anticipar riesgos.
  • Se aplican riegos de lavado programados que eviten que acumulación de sales en zonas de actividad radicular
  • Se utilizan correctores químicos: calcio para desplazar sodio (dispersante de sales), nitratos frente a cloruros.
  • Se monitorea la solución suelo con sondas o análisis periódicos para ajustar el plan de fertirriego antes de que el cultivo exprese síntomas.

En resumen, el manejo del riesgo de salinización es integral: mantener un sistema de riego limpio y funcional, y al mismo tiempo proteger la fisiología de la planta en el campo mediante monitoreo y correctivos. Así aseguramos que la raíz opere en un entorno de confort, con suficiente oxigenación y sin bloqueos en la absorción de nutrientes, que es la base para sostener rendimiento y calidad en capsicum.

 

¿Qué lecciones aprendidas en Perú pueden ser replicadas en otros países con condiciones climáticas similares?

La experiencia vivida en la costa norte del Perú durante el 2024 dejó lecciones muy claras sobre cómo enfrentar escenarios de sequía extrema y que pueden replicarse en cualquier región agrícola con condiciones climáticas similares.

Ese año, los principales reservorios de la zona llegaron a niveles críticos debido a la falta de lluvias en la cuenca que los abastece. Esto no solo generó un problema agrícola, sino también social, pues se llegó a considerar priorizar el agua únicamente para consumo poblacional en detrimento de la agricultura.

Frente a esta crisis, la agroindustria, los agricultores tradicionales y las autoridades del agua trabajaron en conjunto para encontrar soluciones. Desde la experiencia vivida en la agroindustria, se aplicaron tres estrategias claves que pueden replicarse:

Organización y cuantificación de la oferta hídrica: se midió con precisión cuántos m³ estaban realmente disponibles y se contrastó con las demandas hídricas de cada cultivo. Esa claridad permitió tomar decisiones basadas en datos, no en percepciones.

Priorización productiva y fisiológica: en cultivos de exportación como limón, uva y capsicum, se redefinieron podas y tiempos de cosecha para distribuir mejor los picos de demanda. En parcelas en desarrollo, se aplicaron riegos mínimos para garantizar la supervivencia radicular y el transporte básico de nutrientes, evitando colapsos fisiológicos.

Gestión eficiente del riego y resiliencia hídrica: se ajustaron láminas de riego y se implementaron riegos por pulsos para mantener humedad en la zona efectiva de raíces, evitar anoxia y sostener la temperatura de confort del suelo. De esta forma, las raíces pudieron seguir absorbiendo nutrientes claves como nitrógeno, calcio y magnesio, asegurando fotosíntesis y flujo de asimilados hacia los órganos sumidero.

La lección más importante es que la resiliencia hídrica se construye en tres niveles:

  • Organización colectiva (empresas, agricultores y autoridades trabajando juntos).
  • Gestión técnica (balance entre oferta y demanda real de agua).
  • Priorización fisiológica del cultivo (dar lo necesario para mantener vivo y funcional al sistema radicular y asegurar la continuidad productiva).

En otras palabras, esta sequía en la zona norte del Perú enseñó que el agua limitada no debe gestionarse con improvisación, sino con organización, criterios fisiológicos y disciplina técnica. Y esa es una experiencia replicable en cualquier región agrícola del mundo que enfrente crisis hídricas.

Evaluación del %Humedad en pie de planta, Turno 14, Piquillo 2.

 

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