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13 de noviembre de 2025 | 06:30Ciruela deshidratada de Chile: crecer 20% sin perder el equilibrio
José Tomás Quezada (Agrícola Siemel) proyecta un aumento de oferta cercano al 20% hacia 2030 y llama a acelerar promoción, diversificación y estandarización para sostener precios y márgenes.
La industria chilena de la ciruela deshidratada vive un punto de inflexión. Para José Tomás Quezada, gerente general de Agrícola Siemel, el escenario es “optimista, pero realista”: la oferta podría crecer alrededor de 20% entre 2025 y 2030, siempre que el sector logre desarrollar mercados y mantener el balance entre oferta y demanda para resguardar precios y rentabilidad.
“El negocio sigue siendo atractivo, pero requiere una mirada de largo plazo: sostenibilidad, búsqueda de nuevos mercados, fortalecimiento de los canales de comercialización, desarrollo de presentaciones innovadoras y estandarización de la calidad”, apunta.
En 2024 Chile exportó 88.897 toneladas de ciruelas deshidratadas por US$ 255 millones, con China como principal destino con 29.798 toneladas, equivalente a un tercio de los envíos. La concentración en el gigante asiático ha sido motor y, a la vez, una señal de alerta para la diversificación. “En la última década, China compensó la menor demanda de otros mercados”, resume el ejecutivo.
El nuevo frente es India
Con apoyo de ProChile y Chileprunes, el gremio desplegó en 2024–2025 una campaña de promoción que va desde redes sociales y trabajo con influenciadores hasta degustaciones y activaciones en retail y e-commerce.
Los primeros reportes muestran alzas de ventas en cadenas intervenidas y una base de audiencias digitales en rápida expansión, lo que valida el potencial del mercado si se sostiene el esfuerzo en el tiempo.
En el lado productivo, Chile consolida un crecimiento ordenado. La Región de O’Higgins concentra casi 10.000 hectáreas de ciruelo europeo —más del 70% del total nacional— y mantiene un dinamismo que empuja la modernización del parque frutal.
Las proyecciones de la cadena sitúan la superficie nacional en el entorno de 16.000 –16.500 hectáreas hacia 2030, desde las 13.500 actuales, con recambios y nuevos proyectos en curso.
El ciclo agronómico acompaña esas expectativas
Un ciruelo europeo tarda 3 a 4 años en entrar en plena producción y puede ser productivo por 20 a 25 años, un horizonte que exige decisiones de inversión con visión de largo plazo y disciplina de manejo.
Para 2025, la producción total se estimó en 112.500 toneladas, de las cuales 98.500 toneladas se destinaron a deshidratado y 14.000 toneladas a fresco (en equivalentes secos).
El mix de competitividad ya no se juega solo en volumen. La adopción de huertos de alta y súper alta densidad, con mayor eficiencia hídrica y menores costos por mecanización, avanza en predios líderes de O’Higgins y la zona central, con reportes de ahorros de agua de hasta 40% sin sacrificar rendimiento ni calidad.
En paralelo, manuales técnicos impulsan parámetros de cosecha específicos para deshidratado —grados Brix, color y condición—, al tiempo que se estandarizan protocolos de secado y se profesionaliza la gestión de LMR para sostener acceso a mercados.
En el frente comercial, Europa ha reforzado compras a Chile en 2025, mientras California enfrenta ajustes productivos; la foto global sugiere un mercado relativamente balanceado —consumo anual en torno a 200–220 mil toneladas— con espacio para capturar valor si la industria diversifica destinos y formatos.
Para Quezada, el foco es claro: “Durante la última década, la demanda internacional se ha mantenido estable, aunque sin un crecimiento relevante. Por eso la tarea es sostener la promoción —como hoy en India—, mejorar productividad y cuidar la estandarización de calidad. Con trabajo coordinado entre productores, exportadores y entidades gremiales, Chile puede seguir creciendo con equilibrio y mantener su liderazgo como mayor productor y exportador de ciruelas deshidratadas del mundo”.
En síntesis, la ecuación para 2025–2030 combina más superficie y tecnología en campo, promoción inteligente en mercados de alto potencial —con China como bastión e India como siguiente ola— y una gobernanza de calidad que proteja retornos.
El desafío no es solo producir más, sino vender mejor y de manera sostenida, para que el salto de 20% en oferta llegue acompañado de precios y márgenes saludables.


