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Por Andrea Bustos , 5 de diciembre de 2025 | 06:10Trabajo conjunto para una llegada perfecta: así se asegura la calidad de la cereza en Copefrut
En su 70° aniversario, Copefrut abrió las puertas de su planta de cerezas en Curicó, donde la combinación de enfriamiento rápido, selección electrónica fruto a fruto y atmósfera modificada permite que la fruta chilena llegue con condición premium a más de 50 países.
Primeramente, tras recorrer los huertos de Romeral, específicamente el Huerto Las Rosas, de propiedad de Carlos Fuenzalida y dirigido por su hijo Sebastián Fuenzalida, se comprueba cómo se puede ser eficiente en un predio familiar de 8 hectáreas y que es parte de Copefrut. De esas 8 hectáreas, 4 están plantadas con cerezas de las variedades Santina, Lapins y Bing.
Para esta temporada 2025-2026, el huerto está alcanzando rendimientos cercanos a 14.000 kilos por hectárea, una cifra muy positiva en un año catalogado por los productores como complejo.
Fuenzalida hijo, dice mientras muchos productores hablan de un 20% menos de fruta respecto al ciclo anterior, reconoce que su caso es “atípico”: en Santina están cerca de un 20% arriba en producción. Sin embargo, remarca que el desafío no es solo producir más kilos, sino mantener calibre y condición: “mientras más uno produce, generalmente la calidad y los calibres tienden a bajar”. Esto es clave considerando que más del 90% de su fruta se destina a China, donde el calibre define el precio.

El manejo agronómico es intenso y prácticamente continuo. Apenas termina la cosecha, parten de inmediato con la poda, buscando abrir el árbol para que entre la luz y se definan bien las yemas para la próxima temporada.
La postcosecha en el huerto incluye poda de verano, programas de nutrición para reponer reservas, uso de bloqueadores solares, bioestimulantes y un manejo fitosanitario cuidadoso.
En lo hídrico, luego de una sequía fuerte hace 4–5 años, reorganizaron completamente el riego: hoy trabajan con turnos de agua compartidos y grandes piscinas, para luego aplicar un riego por microaspersión, aprovechando cada litro.
A diferencia de otros proyectos, Las Rosas no está techado. No es un tema técnico, sino económico y operativo: techar una hectárea puede costar unos 30.000 dólares, a lo que se suma la mano de obra para operar los techos en plena temporada, cuando la disponibilidad de trabajadores es limitada, explica.
En el peack de cosecha este huerto moviliza unas 60 personas entre cosecheros y personal de apoyo, muchos de ellos de nacionalidad boliviana, que como dijo don Carlos Fuenzalida, “estamos muy agradecidos de su aporte, de su entrega y gracias ellos podemos sacar la fruta que va al mundo. Tambien en esto ha sido fundamental el apoyo y acompañamiento de Copefrut para sacar adelante a los productores asociados y que seamos eficientes y vamos incorporando tecnología e innovación”.

La familia Fuenzalida mantiene una relación de más de 40 años con Copefrut. Partieron con cerezos Corazón de Paloma destinados al mercado interno y, de la mano de la empresa, migraron a variedades modernas de exportación como Santina, Lapins y Regina.
Sebastián Fuenzalida destaca que Copefrut los ha apoyado financieramente, comercialmente y técnicamente, lo que les ha permitido renovar el huerto y mantenerlo rentable. Su objetivo ahora es aumentar alrededor de un 30% la productividad en 2–3 años sin ampliar superficie, basándose en mejor manejo agronómico, nuevas herramientas de nutrición y tecnologías de monitoreo.
Una ventaja estratégica de Las Rosas es su proximidad a la planta de Copefrut en Curicó (3 km), lo que permite que la fruta entre muy rápido a la cadena de frío y se conecte con una postcosecha de alta tecnología.
Además, cuentan con el acompañamiento permanente del equipo técnico de Copefrut: visitas mensuales, asesoría en poda, raleo, programas fitosanitarios y nutricionales, con la idea –como explica el ingeniero agrónomo del equipo de productores de Copefrut, José Antonio Vicente, – de no dejar solo al productor de cerezas en ningún momento del año y asegurar que la fruta llegue en excelentes condiciones, especialmente al mercado chino.
Copefrut cosecha de huertos que se localizan entre la Región Metropolitana y la VIII Región de Chile.

En síntesis, Las Rosas se presenta como un huerto familiar, tecnificado y acompañado, que combina tradición, manejo agronómico fino y cercanía a la planta para que lo que nace en Romeral termine, semanas después, en manos de un consumidor en Asia que muerde una cereza firme, dulce y crujiente.

De cooperativa curicana a actor global
Posterior a la visita al Huerto Las Rosas, Diario Frutícola, llegó a la planta de cerezas de Copefrut en Curicó, el corazón industrial de una compañía que comenzó como cooperativa de productores de la zona centro sur de Chile y que hoy es una de las exportadoras más influyentes del país.
Hay que decir que la historia de Copefrut está estrechamente ligada a la evolución de la fruticultura chilena. En 1955, un grupo de productores se reunió en el Club de la Unión de Curicó con la idea de asociarse para ganar escala, profesionalizar procesos y acceder directamente a los mercados internacionales.
Poco después se constituyó la Cooperativa Agrícola y Frutícola de Curicó Ltda., que en la década de 1960 eligió su primera directiva y comenzó a dar forma a un modelo de gestión asociativo pionero para la época.
En 1969 realizaron su primera exportación de manzanas, y en 1992 la organización se transformó en Copefrut S.A., manteniendo la estrecha relación con sus productores pero sumando nuevas capacidades de gestión, tecnología e internacionalización.
Hoy, a 70 años de esa visión inicial, Copefrut llega con fruta fresca a más de 50 países en cinco continentes y se ha consolidado como uno de los principales exportadores de cerezas del hemisferio sur, con volúmenes cercanos a los 22 millones de kilos anuales.
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“La carrera parte aquí”: recepción y enfriamiento rápido
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En la planta nos recibió un equipo multidisciplinario, miembros de los equipos de operaciones, packing, postcosecha, evaluadores de calidad, técnicos que evalúan el proceso y maquinarias.
Ahí entregó las palabras de bienvenida Manuel Ibáñez, gerente de Operaciones de Copefrut, responsable de todo el equipo industrial, él entregó el contexto de la temporada y del proceso de cereza, luego Erik Farías, jefe de postcosecha y calidad a cargo del programa de cereza y kiwi, con más de 30 años en Copefrut fue encargado de guiar el recorrido técnico por las líneas y dar detalle a cada pregunta realizada en este recorrido.
Ibáñez dijo que en la zona de recepción se clasifica, de acuerdo a los distintos atributos y programas comerciales. Luego se pasan las frutas por un proceso en enfriamiento para su hidratación, sanitización y bajar su tasa respiratoria.
Ese primer eslabón se basa en un sistema de hidro-enfriamiento, donde la fruta ingresa a una suerte de “cascada” de agua fría que, además de remover impurezas y aplicar sanitizantes, permite bajar rápidamente la temperatura. El objetivo es llevar la cereza a un “letargo” fisiológico que frene el metabolismo y preserve su condición durante el largo viaje en contenedor.


“Se hace todo esto porque aquí empieza la carrera y tenemos 35 o 40 días hasta que llegue a China. Por tanto, hay que enfriarla lo más rápido posible y hacerla entrar en un letargo para que pueda aguantar todo este camino. Luego la acopiamos en las cámaras de frío, donde se estabiliza la temperatura antes de entrar a las líneas de selección y embalaje y continuar así todo el proceso”, explica el gerente de Operaciones.
En la zona de embalaje, la fruta se dirige a los distintos formatos –bandejas, cajas a granel, bolsas, etc.– según el cliente y el destino, manteniendo la información de trazabilidad en todo momento.

Las líneas de proceso más modernas del hemisferio Sur y atmósfera modificada
La planta de Copefrut opera una de las líneas de proceso de cerezas más modernas del hemisferio sur, equipada con tecnologías de visión artificial tipo Cherry Vision 3.0, que permiten evaluar fruto a fruto en milésimas de segundo.
“Posterior al sistema de enfriamiento, las cerezas pasan por un selector electrónico de alta tecnología que clasifica fruto a fruto, los mide en distintos ángulos y toma 15 o 20 fotos a cada fruto y lo clasifica por tamaño o calibre, por color, firmeza, grado brix y que no tenga defectos. Luego pasa a la caja empalada dependiendo del formato, de acuerdo a las exigencias de cada mercado o al programa comercial. El resultado es una segregación extremadamente precisa, que reduce la variabilidad dentro de cada caja y aumenta la consistencia de la oferta.”, agregó Erik Farías, jefe de postcosecha y calidad a cargo del programa de cereza y kiwi.

Una vez que la fruta ya está empalada, pasa por un proceso de sellado. “La tecnología que permite que la cereza dure 5 días en el refrigerador o dure 45 días en el almacenaje es la tecnología de atmósfera modificada. Y esa bolsa que se sella es precisamente la que logra hacer este efecto, cambia la concentración de gases en el interior de la bolsa y el frío, más una proporción reducida de oxígeno, hace que la fruta pueda durar estos 45 días.”
En la práctica, estas bolsas –diseñadas con una permeabilidad específica a los gases– ayudan a mantener la relación entre oxígeno y dióxido de carbono en niveles que ralentizan la respiración del fruto y frenan el desarrollo de desórdenes fisiológicos y pudriciones. Todo ello, sumado a temperaturas cercanas a 0 °C, hace posible que la cereza viaje por más de un mes por mar y llegue firme, crocante y con buena postcosecha.
Una vez sellada la bolsa, se va al proceso de paletizaje que es donde ponemos las cajas en una unidad de venta que es empalada. Luego un proceso de enfriado, en túneles de aire forzado, en temperaturas cercanas a cero grado, para ir a la zona de acopio en cámaras, en espera de ser despachada a través de contenedores.
“Entre medio hay una inspección que hace la autoridad sanitaria, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), de acuerdo a los distintos protocolos fitosanitarios de cada país en el que enviamos”, explica Manuel Ibáñez.
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Construyendo reputación de calidad: El valor está en las personas
Andrés Fuenzalida, gerente de Copefrut, quien también conversó con Diario Frutícola, señaló y agradeció a los equipos de trabajo de la compañía : “el valor está en las personas, no seríamos lo que somos sin ellos”.
Agregó desde lo comercial que la empresa ha enfatizado su trabajo en la calidad, la que cada día está siendo más valorada en China, y es elemento diferenciador, por eso está puesto el foco en consolidar programas según el cliente y el mercado, y competir más calidad que por volumen.
“Tambien queremos lograr los mejores retornos para nuestros productores, y el estar presente con producción en otros mercados nos permite ser una empresa más internacional con una presencia durante todo el año y eso es lo que queremos empujar, no solo en cerezas sino en otras variedades”, señaló.

Fuenzalida ha sido reiterativo en señalar que esta temporada invita a pensar distinto. "No se trata solo de crecer, sino de consolidar lo aprendido: producir mejor, cuidar la calidad y proyectar nuestros mercados con inteligencia”.
Muestra que hay una etapa de “madurez” para la fruticultura chilena: menos carrera por cajas y más foco en valor agregado, consistencia y eficiencia operativa, con una mirada de largo plazo
En su 70° aniversario, Copefrut no solo mira su pasado como cooperativa pionera, sino que refuerza una agenda marcada por la innovación en tecnología de proceso, la sostenibilidad y el trabajo estrecho con sus productores.
El caso de la familia Fuenzalida, donde su patriarca Carlos Fuenzalidad con su hijo Sebastián, es un ejemplo concreto: un huerto de 8 hectáreas, a tres kilómetros de la planta, que se apalanca en el soporte técnico y comercial de la empresa para ajustar manejos agronómicos, proyectar crecimientos de productividad y sostener una calidad que responda a los estándares de los mercados premium.
Desde la recepción en la planta –esa “ducha de agua fría” que marca el inicio de la carrera– hasta el cierre del contenedor, cada persona del equipo entiende que no está procesando solo fruta, sino la reputación de cientos de productores y del origen Chile.
Al final del día, la cereza que un consumidor chino elige en su supermercado es la culminación de miles de decisiones coordinadas: en el huerto, en la planta y en la logística.
La visita a Copefrut demuestra que en esta industria, la calidad no se inspecciona, se diseña y se ejecuta, minuto a minuto, desde el campo hasta la mesa.

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