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20 de enero de 2026 | 06:30Del Oasis de Pica a Casablanca: el mapa preliminar de la vendimia 2026
Con información agrometeorológica nacional y respuestas que cubren 10.692 hectáreas, el informe proyecta incrementos relevantes en zonas específicas (como Casablanca y Chiloé), mientras otras muestran señales de ajuste o incertidumbre, caso Rapa Nui e Itata.
La vendimia chilena se empieza a jugar mucho antes de que las bodegas abran sus puertas a la uva. Se define en la brotación, se tensiona en floración y cuaja, y se consolida —o se pierde— en semanas marcadas por temperaturas, agua disponible y sanidad. Con esa lógica, la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) publica cada año su Informe de Previsión de Vendimia: un instrumento de “lectura temprana” del viñedo que permite anticipar tendencias productivas por valle y variedad, y ajustar decisiones técnicas y comerciales en toda la cadena vitivinícola.
En su edición más reciente, el documento corresponde al Primer Informe de Previsión de Vendimia 2026, publicado en diciembre de 2025. El estudio se construye a partir de dos pilares. Por un lado, una caracterización agroclimática elaborada con registros de estaciones automáticas y fuentes oficiales —Boletines de Coyuntura Agroclimática del Ministerio de Agricultura, Dirección Meteorológica de Chile (DMC), Dirección General de Aguas (DGA) y la Red Agrometeorológica de INIA— con cobertura desde Arica y Parinacota hasta Aysén e inclusión de valles fuera del marco del Decreto 464 (Codpa, Oasis de Pica, Chile Chico y Puerto Ibáñez).
Por otro, una encuesta de previsión aplicada en noviembre de 2025, centrada en desarrollo del viñedo, sanidad y estimación productiva: 67 empresas y productores entregaron respuestas completas, representando 10.692 hectáreas, complementadas en zonas sin respuesta con información de profesionales del rubro.
El primer gran titular del informe es el clima de expectativas: predomina una proyección optimista. La distribución de respuestas muestra que 55,23% de los productores anticipa aumentos de 10% a 20% versus la temporada anterior, mientras que alzas mayores —entre 30% y +100%— suman 19,40%.
En el otro extremo, las proyecciones de caída totalizan 12,45%, concentradas en disminuciones moderadas, y 7,46% espera mantenerse sin cambios. Dicho de otra forma, ODEPA resume una señal nítida: “cerca del 80%” prevé aumentos, con una minoría que proyecta retrocesos.
Cuando el informe “baja” al territorio, el detalle se vuelve decisivo para el negocio. En el norte, el detalle por valles muestra incrementos esperados en Codpa (30%), Elqui (13%) y Limarí (10%), con un caso que destaca por magnitud y por su explicación productiva: el Oasis de Pica proyecta +100%, asociado a entrada en producción de nuevas superficies. En la Región de Valparaíso, el reporte marca un contraste: Rapa Nui aparece como la única zona con caída esperada (-10%), mientras que en el continente lidera Casablanca (+35%), seguido por San Antonio (+10%) y Aconcagua (+7,5%).
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En la zona central más estructural para el volumen, ODEPA posiciona a Colchagua como el valle con mayor alza proyectada dentro de su bloque (+12,5%), seguido por Maipo (+9,23%) y Cachapoal (+8,75%), todos con incrementos moderados.
En el Maule, el pulso del viñedo también apunta arriba: Valle del Claro (+20,0%), Loncomilla (+18,57%), Tutuvén (+17,5%) y Lontué (+12,78%). Más al sur, el mapa se abre a una vitivinicultura que crece en diversidad territorial: Chiloé vuelve a destacar con +100%, Chile Chico con +20%, Malleco con +10% y Cautín sin variaciones; en contraste, Itata aparece como la excepción del conjunto con -3,3%.
…. y las variedades?
El análisis por variedad, en tanto, aporta una lectura útil para quienes compran uva, planifican vinificación o anticipan portafolios. En blancas, la encuesta sugiere estabilidad en Pinot Gris, Gewürztraminer y Sauvignon Vert, mientras que Moscatel de Alejandría, Riesling, Sauvignon Blanc y Viognier concentran más respuestas en categorías de mayor producción. Chardonnay —y “especialmente” Semillón— muestran un patrón más repartido entre menor/similar/mayor, lo que el documento interpreta como mayor incertidumbre productiva.
En tintas, la mayoría se concentra en “similar” para Cabernet Franc, Cabernet-Sauvignon, Carignan, Carmenère, Merlot, País, Petit Verdot, Pinot Noir, Syrah y Tintorera; pero Cinsault, y en menor medida Malbec, destacan con una mayor proporción en categorías de incremento.
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“La Niña” y las señales del déficit hídrico
Sin embargo, el reporte no es un parte de celebración sin matices. En su recorrido regional, ODEPA describe una temporada 2025-2026 influenciada por La Niña en varios territorios, con señales de déficit hídrico y presión de demanda evaporativa, especialmente en el norte.
Un ejemplo es Atacama: el documento menciona déficit de precipitaciones, caudales muy por debajo de promedios históricos y descenso de acuíferos, subrayando la necesidad de optimizar el uso del agua y fortalecer el monitoreo ambiental ante estrés hídrico.
En paralelo, aparecen riesgos sanitarios y estructurales: el informe consigna presencias puntuales de polilla del racimo, oídio y otros problemas localizados, además de enfermedades de la madera como un factor que se repite detrás de arranques y decisiones productivas en distintas zonas.
De hecho, una de las conclusiones transversales que asoma hacia el final del documento es que, junto con la variabilidad climática y los extremos de crecimiento en nuevas zonas, el país continúa mostrando disminución de superficie plantada, con arranques asociados principalmente a baja productividad, enfermedades de la madera y cambios de giro productivo. Esa señal es clave: aun cuando la temporada se vea “mayoritariamente optimista” en rendimientos, la estructura del viñedo sigue ajustándose.
En síntesis, el Primer Informe de Previsión de Vendimia 2026 , elaborado por Gastón Gutiérrez Gamboa, enólogo Registro 1033 y editado por Jorge Rojas Díaz, Philippo Pszczolkowski Tomaszewski, Víctor Rivera Morata, Manuel Flores Cabrales, da una mirada anticipada del viñedo chileno: expectativas de alza en la mayoría de los valles, focos de expansión o “rebote” en territorios específicos, estabilidad en muchas variedades tradicionales y un set de alertas técnicas (agua, sanidad, heladas puntuales) que puede reordenar el resultado final a medida que avance la temporada. Por eso, más que un número cerrado, el documento es una guía de dónde mirar, qué cepas podrían sorprender y qué factores —sobre todo hídricos y sanitarios— podrían cambiar el libreto antes de cosecha.


