Noticias Frutícolas
14 de enero de 2026 | 06:50

UNAL Colombia: Abejas nativas, la “palanca” silenciosa para mejorar calibre y calidad en berries

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El Laboratorio de Abejas Silvestres de la Universidad Nacional de Colombia lleva más de 40 años estudiando polinizadores nativos y su rol en la producción de alimentos, con énfasis en biodiversidad, comportamiento y servicios de polinización en agroecosistemas.

En un escenario donde el margen se juega en kilos por hectárea, firmeza y condición de fruta, la polinización está dejando de ser un “factor natural” para convertirse en una variable de manejo. Bajo esa premisa, el Laboratorio de Abejas Silvestres de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) está impulsando investigación enfocada en polinizadores nativos y su contribución directa a cultivos de alto valor como arándanos y fresa o frutilla, una línea que conecta biodiversidad con rendimiento y calidad, y que empieza a leerse como estrategia de negocio más que como simple conservación.

El laboratorio, adscrito al Departamento de Biología de la UNAL, ha consolidado décadas de trabajo en diversidad, comportamiento y rol de abejas silvestres y abejas melíferas, aportando conocimiento para entender cómo se sostiene el servicio de polinización en paisajes productivos y qué condiciones lo fortalecen o lo degradan. 

Ese punto es clave porque, en la práctica, una polinización más eficiente se refleja en cuaja, tamaño, uniformidad y valor comercial del fruto, especialmente en especies donde la calidad se paga y el descarte castiga.

La evidencia internacional respalda el mensaje. En arándanos, investigaciones recientes han mostrado que los polinizadores silvestres pueden asociarse a mayores rendimientos y bayas más grandes, y que variables del entorno, como la disponibilidad de hábitat cercano, influyen en la provisión del servicio de polinización. En fresa, estudios comparativos reportan que la polinización por abejas silvestres puede generar mejores resultados productivos que depender únicamente de abejas manejadas, con impacto en rendimiento y calidad de fruta.

Este giro tiene un trasfondo global, la plataforma IPBES ha advertido que una proporción importante de los cultivos alimentarios depende, al menos en parte, de la polinización animal, lo que convierte a los polinizadores en un activo productivo y de seguridad alimentaria.

Para el agro es importante conocer qué polinizadores hay en el predio, cómo varía su presencia según el manejo y el paisaje, y qué prácticas reducen riesgos (por ejemplo, el uso indiscriminado de plaguicidas o la pérdida de hábitat) no es un tema accesorio. 

Es parte de la competitividad, sobre todo en berries y frutales donde el mercado castiga condición deficiente y premia calibre, firmeza y uniformidad. 

En ese contexto, la investigación de la UNAL pone el foco en un punto que suele quedar “oculto” en la planificación productiva: sin polinización efectiva, no hay cosecha de calidad.

 

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