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Por Andrea Bustos , 9 de febrero de 2026 | 06:50“Los pequeños también movemos el negocio colombiano”: la mirada de Diana Vásquez sobre formalidad, calidad y futuro del Hass
Entre ventanas comerciales, exigencias fitosanitarias y presión logística, una productora y gremialista habla sin maquillaje: por qué la confianza — más que el volumen — definirá quién se queda en el juego exportador.
El aguacate Hass colombiano entra a 2026 con la sensación de haber ganado velocidad, pero también con el recordatorio de que crecer no basta si no se sostiene. El sector cerró 2025 con exportaciones por encima de las 201.000 toneladas, frente a las 166.000 del año anterior, y ahora pone el foco en consolidar mercados —con Europa como principal destino— mientras refuerza un discurso cada vez más exigente: calidad verificable y sostenibilidad como condiciones para competir.
Se anticipa un año estimado como “apretado” por dos factores que golpean directo a la caja y a la operación: un dólar más bajo frente al peso —que recorta ingresos a exportadores— y lluvias intensas en zonas productoras, con impactos en rendimientos y logística. Según los gremios la apuesta es mantener el ritmo con disciplina financiera, uso de coberturas cambiarias y el respaldo de la reputación internacional construida en los últimos años.
En un negocio donde la conversación suele girar en torno a volúmenes, calibres y ventanas comerciales, aparece la historia de la productora colombiana Diana Cristina Vásquez, que devuelve el foco a lo esencial: el origen de la fruta… y la confianza.
Desde joven estuvo interesada en trabajar con y por las personas, buscando transformar realidades desde lo social, lo ambiental y lo laboral encontró en el desarrollo del propósito y principios de la salud y la seguridad en el trabajo el camino para hacer realidad su misión, por tanto, y después exitosas experiencias como profesional en grandes compañías colombianas, hoy felizmente dice que se dedica a llevar a pequeñas empresas de diferentes sectores, incluido el agropecuario, a estándares de excelencia, apoyada por su trayectoria y sus especializaciones como Master Excutive en Logística Integral y Especialista en Seguridad en el Trabajo.
Paralelamente, tiene labores gremiales en Corpohass y disfruta del demandante trabajo del cultivo del aguacate Hass, en la finca familiar, “La Puchunguita", ubicada en San Pedro de los Milagros, en el departamento de Antioquia, Colombia, donde tiene 6 hectáreas y saca 15 toneladas por cada una de ellas, en árboles de 5, 8 y 20 años. ”Ahí disfruto del campo, de sembrar y cultivar, de un buen libro y de compartir con Santiago, mi compañero de vida, en las tierras familiares y llenas de historia", señala Diana.

Todo arranca lejos de cualquier plan maestro
El ser productora de agucacate Hass (palta Hass) comenzó como un proyecto familiar, de pareja: Diana conoció a Santiago Salas Tamayo, en unas vacaciones en las que ambos tenían rumbos personales distintos, pero ese cruce fue definitivo —“desde ese día nunca más nos separamos”, dice ella — y terminó convirtiéndose en una decisión productiva: construir juntos un camino en el agro desde la Finca La Puchunguita.
Desde ahí, el relato de Diana Vásquez se vuelve especialmente reflexivo y valioso para productores y exportadores agrofrutícolas latinoamericanos porque ella no habla “desde la teoría”: habla desde el barro, desde las pendientes en su finca, desde la cosecha y desde lo que pasa cuando una temporada se aprieta y el mercado castiga.
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En la entrevista realizada por Diario Frutícola, pone sobre la mesa dos ideas incómodas pero necesarias: que el pequeño productor también sostiene la oferta exportable de Colombia y que, sin planificación, formalización, la finca queda a merced de la próxima “buena racha”. ” Según datos de Corpohass existirían alrededor de 4.900 productores en total y y casi el 80 de ellos son pequeños.
Lo potente es que la voz de Diana no se quedó en el predio. Hoy, ella también empuja cambios desde lo gremial: integra la Junta Directiva de Corpohass, una organización que representa a productores, exportadores y transformadores de aguacate Hass en Colombia (activa desde el 10 de abril de 2013). Su nombre figura en el apartado de “Productores” de esa junta, reflejando ese puente poco común entre la finca y la gobernanza sectorial.
Diana conecta también con la experiencia del consumidor, señalando que “ más que volumen, el crecimiento real se sostiene exportando calidad y sabor en cada fruto, cuidando cada eslabón de la cadena hasta destino. Por eso es importante cómo los pequeños productores trabajamos… pequeños también movemos el negocio colombiano y tenemos responsabilidades en él”.
Diana ¿Cuál es la mirada más práctica de mirar el Hass colombiano hoy?
La invitación es mirar el Hass y cualquier frutal de exportación como un sistema completo, familia, campo, cadena fría, reputación y mercado y entender que la confianza se construye contenedor a contenedor, pero también decisión a decisión, desde el primer día, el caso nuestro por ejemplo desde que decidimos como pareja a atrevernos a convertir un sueño en finca.
¿Cómo describirías a los productores de aguacate de colombia, qué los caracteriza?
En Colombia cerca del 85% de los productores son pequeños (menos de 10 hectáreas), y por primera vez ese mundo tiene un puesto propio de representación en la junta directiva del gremio de Corpohass.
Es una industria exportadora joven pero en aceleración, y una producción distribuida en varias regiones y pisos térmicos, lo que les da una ventaja como la capacidad de oferta en distintas épocas del año, no dependen de una sola “temporada” como otros orígenes.
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¿Quién es Diana Cristina Vásquez, más allá del cargo?
Es una productora que convirtió un proyecto familiar —de pareja— en una finca con visión de futuro. De esa decisión íntima nace una apuesta productiva concreta, con la Finca La Puchunguita, y con ella, una forma de entender el agro como empresa… sin perder el corazón.
Y como gremialista soy una delegada de los pequeños productores, en un espacio históricamente dominado por medianos y grandes. Mi misión es acercar al pequeño a la realidad del negocio, enseñar a costear, planificar y profesionalizarse, para que el cultivo no dependa de “una buena temporada”, sino de decisiones sostenibles.
El “dolor” que atraviesa al productor hoy, ¿cuál sería?
La confianza… confianza comercial… cuando se incumplen programas y los retornos se desploman y confianza técnica, cuando la calidad en destino no es consistente. Existen desafíos en cada territorio: alta pluviosidad, presión de hongos, necesidad de manejo preventivo… y una reputación que, si no se trabaja, pasa factura.

Si no estás en regla, simplemente no entras a ciertos canales
Para Diana Cristina Vásquez, formalizarse es la puerta de entrada — o de salida — del negocio exportador del aguacate/palta. La formalidad define quién logra sostenerse cuando el mercado se aprieta, porque hoy las comercializadoras tienden a priorizar productores formalizados y con buenas prácticas, mientras otros terminan relegados al mercado interno con retornos más bajos.
Además, la formalización permite acceder a registros, habilitaciones y al estatus de predio exportador, requisitos que sostienen la trazabilidad y el estándar sanitario que exige la exportación.
¿Por qué es tan importante formalizarse en el negocio del aguacate/palta?
Formalizarse no es “un trámite bonito”, es la diferencia entre estar dentro o fuera del negocio exportador. Sus razones son que te vuelve “comprable” para exportación
Cuando el mercado se apretó y los retornos cayeron, muchas comercializadoras priorizaron a productores formalizados y con buenas prácticas, dejando a otros sin opción de exportar y empujándolos al mercado nacional con retornos más bajos.
Te permite acceder a habilitaciones y al “estatus” para exportar, y en esto hay una necesidad de avanzar en formalidad con registro ante el ICA como predio exportador. En Colombia, eso se asocia a exigencias y habilitaciones sanitarias y de trazabilidad que suelen liderar entidades como el ICA.
¿En esta formalización está el no solo ser productor agrofrutícola sino mirar todo como empresa?
Exacto, te ordena como empresa, no como apuesta a la suerte. El pequeño productor muchas veces sabe producir, pero no siempre maneja el cultivo como negocio: costos, planificación, decisiones. Formalizarse empuja ese salto hacia “empresa” y te ayuda a resistir temporadas malas, no solo a celebrar las buenas.
También ayuda a sostener la reputación del origen en destino, la industria se juega la confianza contenedor a contenedor. Y esa confianza se construye con estándares consistentes (manejo técnico, prevención, cadena de frío, cumplimiento de programas). La formalización es el “piso mínimo” para que esa consistencia sea exigible y verificable.
Todo esto también incluye la formalidad laboral y sostenibilidad social. El agro en Colombia tiene una alta informalidad, y una parte del sueño es que el crecimiento sea con empleo formal e impacto comunitario.
Diana ¿Qué esperas para el agro este año?
Lo esencial es invisible a los ojos", decía el Principito... pero en el agro, lo esencial se nota en la calidad de la fruta, en la seguridad del equipo y en la salud de las fincas. Este 2026 nos pone a prueba con un salario mínimo que sube un 23%, una TRM a la baja y en algunos casos, como en el del aguacate (palta), precios de venta en destino más bajos de los esperados. Sin embargo, creemos que no es momento de retroceder, es momento de profesionalizarnos.
Como productores de aguacate, y sobre todo como personas que amamos el campo, es consolidar un agro colombiano de excelencia, y siempre estar haciéndonos preguntas: ¿Mi finca está operando como una empresa o por inercia?, ¿Si un trabajador se accidenta tengo un plan o es solo suerte?, ¿Cuánto cuesta realmente producir ese kilo de aguacate en mi finca?, etc.
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Contexto de las agroexportaciones de aguacate Hass colombiano 2026
Uno de los anuncios más relevantes para 2026 es el impulso de un Censo Nacional de Productores con soporte satelital y cartográfico, pensado para medir con mayor precisión cuánto hay realmente en producción y cuánto viene en camino.
Esa radiografía es clave porque, aunque el país ya cuenta con más de 40.000 hectáreas certificadas para exportación, el texto advierte que aún existe potencial “invisible” en las estadísticas por plantaciones que no han entrado plenamente en producción o que no están registradas ante el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), especialmente en regiones como Nariño, Tolima y Huila.
Hay que decir que lo comercial en 2025, Europa absorbió el 60% de las toneladas exportadas y Estados Unidos el 30%, consolidándose este último como segundo mercado. La meta para 2026 es “amarrar” esa expansión en EE. UU. —donde la participación saltó de 11% en 2024 a cerca de 30% en 2025— mediante promoción, cumplimiento de estándares y continuidad de suministro.
La otra columna vertebral del plan es reputacional: mejorar la consistencia a través del Avocados From Colombia Quality Program y, en paralelo, empujar los “Encadenamientos Productivos Sostenibles”, un modelo colaborativo que busca alinear a todos los actores de la cadena para asegurar eficiencia de recursos, respeto por el capital natural, desarrollo rural y equidad social.
En ese marco, se señala que la fruta colombiana ya llega a más de 30 mercados, con Latinoamérica, Canadá y Asia como destinos complementarios, donde además crecen derivados como aceite, guacamole y pasta de aguacate.
Imágenes en terreno en la Finca La Puchunguita

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