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Por Redacción , 10 de junio de 2024 | 07:30

México-Chile: Cultivar uva vinífera ayuda a la diversificación productiva del sector agrícola

Fotografías: Hugo Rangel Guzmán
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Los mexicanos y chilenos han adoptado este compromiso; pequeños productores de los valles y grandes empresas que desean mantener los ecosistemas, conservar su cultura local y dar sostenibilidad a este agronegocio.

Por Hugo Rangel Guzmán, periodista agroalimentario internacional.

Durante el 2019 y principios del 2020 en AgroruraL México se publicaron diversos reportajes en el que destacaba el desarrollo de la Ruta del Lago: turismo rural, agricultura de berries y el cultivo de uva para elaborar vinos en la ribera de Chapala. De entonces a la fecha se ha mantenido una comunicación con los personajes de esas actividades observando su crecimiento y dedicación constante.

Los reportajes atrajeron el interés de productores de Chile, país reconocido por la notable producción y calidad de sus vinos, también de vocación agrícola que ha influido en el desarrollo de las berries en Jalisco (y en otras entidades mexicanas) habida cuenta que desde los años 2005 promovió el establecimiento de agroempresas que a la fecha siguen formando proveedores y comercializando sus frutos (arándano, frambuesa y zarzamora) para mercados de exportación.

Marzo a mayo se realiza la cosecha de uvas, conocida como la vendimia chilena

La uva de vinificación hacen que el consumo de los vinos en México cada día vaya adquiriendo mayor penetración en el gusto de las personas; en los últimos 15 años el vino de mesa ha experimentado un notable crecimiento: en 2010 el consumo per-cápita pasó de 300 ml a cerca de 1 lt en la actualidad, lo que marca un crecimiento que es abastecido por las importaciones provenientes de Chile, España, Francia, Italia y Estados Unidos y de las viñas mexicanas que realizan esfuerzos en su producción nacional para sumarse al abastecimiento de esta bebida generosa.

La producción de uva ha cobrado gran relevancia en el mercado mexicano, donde se han incrementado las tierras que se destinan a este fin. En los últimos cinco años, el consumo de vino en México ha aumentado de 450 a 950 mililitros per cápita. Sin embargo, la producción nacional solo alcanza para satisfacer el 30% de la demanda interna.

Los estados que cosechan uva en más de 30 mil hectáreas son 14 entre los que se incluye a Jalisco. Concentran la mayor superficie, Aguascalientes, Baja California, Coahuila, Sonora y Zacatecas, contribuyendo con una producción anual que supera las 370 mil toneladas en distintas vocaciones: uva de mesa, uva vino, uva pasa, de brandy y para jugos y concentrados.

Hoy vemos como la uva para elaborar vinos en Jalisco sumándose zonas de Jalostotitlán, Valle de Guadalupe y Lagos de Moreno, está creando áreas de oportunidad para el establecimiento de nuevos cultivos y agronegocios para atender los mercados nacionales. 

En el rancho vinícola el Tejón, Serapio Ruiz, Lupita Amezcua y Silvia Penski 

Desde Jocotepec hasta Tuxcueca, agricultores y productores de uva y vinos como Serapio Ruiz, Gerardo Torres, Cristina Castañeda, Silvia Pensky, Lupita Amezcua, ubicados en San Luis Soyatlan, han estudiado y analizado las condiciones de esa microrregión del lago, logrando una estupenda producción de diferentes cepas de uvas para elaborar vinos de buena calidad que ya se ven en mercados locales y regionales.

Ellos sostienen que se cubren las necesidades básicas para su cultivo como son las climáticas, temperatura, iluminación y precipitaciones. “Es cierto que muchas variedades son resistentes a la sequía, otras a las heladas y otras requieren pocas horas de luz para su correcta maduración” menciona Serapio Ruiz, un conocedor de uvas que emigró hace 50 años a Estados Unidos para trabajar en campos agrícolas del conocido Valle del Napa de California donde aprendió todos los trucos y labores de cómo plantar, cómo varetar y cosechar la uva. 

Esta experiencia la aplica ahora en México y con sus conocimientos ha impulsado a personas que realizan inversiones en el establecimiento de pequeñas viñas y además se ha convertido en un referente de estas prácticas.

También Silvia Penski compartió su trayectoria en la vinicultura. Ella ha sido parte de una cofradía de vino y maridaje durante más de 20 años, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento en la elaboración de vinos. Su pasión por el vino y el deseo de producirlo la llevaron a asociarse con Serapio Ruiz para desarrollar viñedos con condiciones especiales en sus predios. Silvia explicó que la vinicultura es un arte donde cada zona de cultivo aporta características únicas al producto final. 

”El mundo es muy estrecho cuando te insertas en esta atractiva actividad; norteamericanos, chilenos, mexicanos, españoles que estamos en el vino compartimos experiencias, conocimientos porque lo que hay en común: trabajamos para mantener y desarrollar las innumerables cepas de uvas que tienen más de 500 años”, dice Serapio.

CONOCIENDO EN TERRENO LAS VIÑAS CHILENAS

Son las relaciones que existen en el mundo con el negocio del vino, un producto de origen rural, agrícola. El caso del país andino del sur de América, Chile, se estuvo en terreno con el fin de visitar y conversar con productores y enólogos en la Séptima Región chilena, la del Maule desde donde reconocen y aprecian el trabajo que se viene haciendo en México. 

Jorge Balduzzi revisa los vinos que producen su bodega en el sur de Chile

En las visitas a los campos chilenos, el destacado productor Jorge Balduzzi de la viña del mismo nombre dijo que el vino hace una contribución significativa a la economía chilena, representando el 5% del producto interno bruto y empleando a más de 100 mil personas en trabajo directo, de las cuales el 53% trabaja en los viñedos, seguido por el 19% en logística, transporte y marketing, el 17% en bodegas, el 9% en embotellado y el 2% en producción. Un gran conocimiento de Balduzzi que con su viña tiene presencia en México donde ha logrado una penetración en algunas regiones del país.

En las charlas en diferentes momentos con los enólogos Claudio Goncalves de la Viña de Aguirre, Cristian Cremacci y con Marcel Bravo, expresaban los avances y el trabajo que han asumido tanto los dueños como la gente que gira alrededor de las actividades del vino donde están convencidos y conscientes de ser parte del cambio por un mundo más sustentable. 

El enólogo Claudio Goncalves en San Javier, Chile.

En esto, los mexicanos y chilenos han adoptado este compromiso; pequeños productores de los valles y grandes empresas desean mantener los ecosistemas y conservar su cultura local. Es lo que sucede con los productores de vinos en la ribera del lago Chapala.

Hoy en Chile la industria del vino es una de las más importantes donde las bodegas, los 11 mil y pico de productores y empresas exportadoras sostienen a pequeñas y medianas empresas. Las regiones con la mayor concentración de viñedos son la de O'Higgins (32%) y la región del Maule (38%) donde se realizó este trabajo.

Sin duda que la complementariedad y el saber aprovechar las ventajas competitivas han permitido que Chile y México conserven su Tratado Comercial que perdura con resultados exitosos basados en la buena voluntad.

En 2000, Jalisco y la Séptima Región de Chile (Región del Maule), en ese marco, sus autoridades gubernamentales y civiles suscribieron un Memorándum de Entendimiento abriendo un espacio de cooperación en temas agropecuarios, forestales, turismo y educación fortaleciendo también una relación de beneficio mutuo que se refleja en lo antes descrito.

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